Lo que para algunos podría haber destruido su futuro, en el caso de Jeyson Andrés Matos García se convirtió en oportunidad para aprender. Era muy pequeño cuando lo trasladaron del centro mixto Sitón Komadán, en la comunidad rural de Chafarinas, en Güira de Melena, a la escuela especial Faro de América.
Hoy recuerda aquel cambio en su diagnóstico como una transformación total. “No sabía siquiera escribir mi nombre, ni sumar, restar o multiplicar. Allá me facilitaban mucho las cosas, y en esta escuela he aprendido lo que nunca antes. También quiero a mi maestra y a la auxiliar. Ellas son sagradas, al igual que mi mamá”.
El adolescente, que cursa el sexto grado, sueña con ser albañil y se defiende en esa labor, pues aprendió a hacer mezcla y ayuda en cualquier tarea relacionada. Además, ya sabe cocinar frijoles, carnes, entre otros alimentos.
Preparar a sus alumnos para la vida constituye el principal objetivo de la Enseñanza Especial, un nivel educativo donde se funden ternura, firmeza y pasión por la pedagogía.

Más de 200 estudiantes, la mayoría varones, culminan noveno grado en esta institución. Luego pasan a la escuela de oficio, y de no cumplir los requisitos, se insertan en un ciclo complementario de tres niveles, que pueden llevar a cabo en panaderías, talleres, cooperativas y nuevas formas de gestión no estatal, siempre con previo convenio entre la escuela y el centro.
“En esa modalidad se encuentran hasta el momento 36 estudiantes”, explica Mabel Mederos Calero, secretaria docente.
Durante ese período se mantienen bajo la supervisión de la subdirectora de preparación laboral. Reciben un estipendio de 300 pesos mensuales y cada año se revisa su permanencia en cada sitio, hasta que cumplen la mayoría de edad”.
El 75 por ciento de los matriculados reside en la zona rural del municipio, en comunidades como Junco, Chafarinas y El Gabriel. Los ómnibus se encargan de llevarlos todos los días, y en el caso de los del Junco vienen en un medio de transporte alternativo. Cuando existen problemas de combustible se incorporan a la escuela primaria de ese asentamiento poblacional.
Haz de luz inclusivo
Unos cinco niños con trastornos del espectro autista desarrollan habilidades cognitivas en Faro de América. Kevin Morales García es uno de ellos, y aunque a veces se torna difícil lograr que se siente o no interrumpa la clase, “obedece las orientaciones y le hemos inculcado hábitos, como los de vestirse solo”, asegura Yuleidys Pérez González, subdirectora de la institución.
Cursa el séptimo grado, con ajuste curricular de quinto, pero en realidad “sería ideal que los niños como él tuvieran un aula para ellos solos, con baño y objetos apropiados a su discapacidad intelectual, aunque aquí poseen damas, parchís, entre otros juegos de mesa”, opina Caridad María Pérez Quesada, asistente educativa de más de tres décadas de experiencia en esta enseñanza.
La figura de la asistente educativa tiene un valor primordial en la atención personalizada al niño autista, asegura Yuliet Dueñas Dueñas, maestra de sexto grado, que también tiene en su aula un infante con esta condición.
“Ella lo orienta, le toma la mano para hacer los trazos, ya que él no escribe bien, tiene problemas de control muscular; en cambio, rellena figuras y cumple órdenes. En la enseñanza especial se trabaja la actividad diferenciada, pues hay alumnos aventajados y otros que se encuentran en la media”.
Pérez Quesada reconoce los estragos del duro panorama económico del país y el impacto del cerco de Estados Unidos en el desenvolvimiento de estos pequeños. “Muchos requieren medicamentos que la solvencia de sus padres no les permite adquirir. Asimismo, necesitan juguetes y medios de enseñanza desarrolladores, a fin de despertar su curiosidad y potencialidades”.
Crecer, a su ritmo
Yandiel Lozano Laffita anda bien despierto para su corta edad de tres años. Le encanta jugar a la pelota con sus amiguitos en el aula destinada a niños con Síndrome de Down. Tania Rojas Martínez acumula más de dos décadas de servicio en la primera infancia y este curso se incorporó a la institución. En diálogo con el equipo destacó el apoyo de los padres, quienes facilitan ilustraciones, títeres y juguetes que les ayudan a interactuar, y a la vez divertirse.

“A veces faltan con frecuencia debido a enfermedades, de modo que sus progresos dependen de la sistematicidad de la familia y el empeño que le pongan en el hogar al trabajo que hacemos”, sostiene.
Entretanto, a la profesora Yuliet le unen lazos cercanos con este nivel educativo. “Mi hija mayor pasó por aquí y decidí entonces abandonar la enseñanza primaria para dedicarme a ellos, de lo cual no me arrepiento. A casi todos los conozco desde segundo grado. Son muy cariñosos, nos cuentan sus problemas, estamos siempre en constante interacción, nos sentimos parte de sus familias”.
Por supuesto que desde la casa se nota la inspiración. Por ejemplo, a Kevin Batista Borrel le interesaría ser mecánico, como su tío, y Luis Alberto Sánchez Castillo aspira a incorporarse a una panadería, al igual que sus hermanos. “Aprendemos multiplicación, división, sustracción…, las maestras nos tratan de lo mejor, y cuando falta la electricidad no paramos las clases”.
La escasez de maestros igual hace sus estragos en la Educación Especial, afirma Dayamí Hernández Méndez, coordinadora general en Faro de América; mas, esa sombra siempre se suple con alternativas y fidelidad de los educadores.
Resulta imposible no despojarse de cualquier desesperanza una vez en contacto con este colectivo, donde higiene, entrega y sensibilidad distinguen cada rincón de un templo a la esencia de los seres humanos.


