En esta era donde hay tantos conflictos de identidad, y lo digital y lo real se fusionan, emerge una tendencia que en las últimas semanas ha sido protagonista en diferentes plataformas de redes sociales: los therians.
Si aún no los conoces, seguro has visto el video viral del joven que, a cuatro patas en un espacio público, imita el comportamiento de un lobo o de la muchacha que se autopercibe perro y sus días se resumen a vivir ladrando.
Son los therians (del griego ‘therion’, animal salvaje), personas que, sin perder su condición humana, sienten una conexión espiritual o psicológica profunda con una especie animal no humana. No se trata de un disfraz, según explican en videos de Internet, sino de la expresión de una identidad interna.
Para muchos adolescentes, esta comunidad virtual se ha convertido en un refugio. Encuentran en ella un lenguaje para explicar sensaciones de no encajar del todo en el molde social.
La identificación con el animal no es un juego de rol pasajero, afirman sus seguidores, sino una parte intrínseca de su ser, que manifiestan a través de quadrobics (movimientos a cuatro patas), vocalizaciones o comportamientos propios de su especie interior.Sin embargo, este fenómeno, potenciado por algoritmos en TikTok e Instagram, no está exento de controversia.
La línea que separa la autoexpresión juvenil de la búsqueda de atención en redes sociales es muy delgada. Psicólogos del mundo advierten que, si bien explorar identidades es sano en la adolescencia, fijarse en una identidad no humana puede ser, en algunos casos, una vía de escape ante problemas de ansiedad o exclusión social, más que una solución real.
La crítica social no se ha hecho esperar. Para muchos, estos comportamientos, cuando irrumpen en espacios públicos sin el contexto adecuado, rozan lo ridículo o lo preocupante, generando memes y señalamientos.
Nos preguntamos: ¿es esto un síntoma de una juventud que, en su desconexión de la naturaleza real, busca desesperadamente una conexión instintiva perdida? ¿Se convierte esto en una muestra de la defradación de la salud mental en la Tierra? ¿O es simplemente una nueva forma de tribalismo urbano inofensivo, una más en la larga lista de subculturas juveniles?
Lo cierto es que el fenómeno nos obliga a mirar más allá del postureo. Nos habla de una generación que desafía las categorías tradicionales y busca su lugar en el mundo, aunque sea a cuatro patas.
Los primeros videos en redes sociales fueron de joóvenes artentinos, pero en la Cuba de hoy, donde el acceso a información es mayor que alos atrás, estas subculturas globales también tocan a nuestra puerta, y la joven que se autopercibe foca lo confirma.
Considero que, más que llegar a la burla, es necesario entender qué necesidad humana intenta llenar ese aullido en medio del aula o el barrio, y estar conscientes de que esto es un fenómeno más que pone en juego la salud mental de los jóvenes y sus padres.
Y tú, ¿qué opinas? ¿Expresión, desconexión, o salud mental deteriorada? Coméntanos. ¡Tu opinión cuenta!


