El astrónomo, matemático, físico e ingeniero italiano Galileo Galilei, a punto de ser quemado por su defensa de la visión heliocéntrica del mundo, abjuró de ella, pero expresó en voz baja: “… y sin embargo, se mueve”. Tomo como referencia la frase del eminente estudioso, para relacionarla con la situación actual que vive la patria. Los del norte revuelto y brutal, intentan ahogarnos con todas las alternativas posibles. Sin embargo, Cuba se mueve, no descansa, se agiganta frente a las adversidades y es ejemplo.
La cultura, paradigma de un país libre y soberano, no se detiene. El arte, patrimonio nacional, no cesa a pesar de poner pausa obligada a la enseñanza en las escuelas especializadas. Alumnos y profesores se adaptan a su tiempo y regalan cultura de la buena. Esa que nace en el barrio, en la comunidad, con los artistas aficionados. La misma que ondea como la bandera en lo alto del asta.
Cuba crece y se mueve con su gente. Esa gente noble, valiente y sincera, que sabe levantarse y triunfar. Nos bloquean con la ausencia de combustibles, pero no pueden bloquear el talento, la esperanza y la unidad del pueblo.
A pesar de todo, Cuba se mueve. Lo hace desde la ciencia, la agricultura, el deporte, la comercialización, con los hermanos que no fallan y la actualización de su sistema electroenergético nacional. Cuba instala paneles solares, moderniza el pago por diferentes vías, con los medios alternativos y palpita al margen del mundo moderno. Todo a pesar del bloqueo y las amenazas.
En el deporte se agiganta. La cuadra, los juegos infantiles, las peñas deportivas, el dominó, la quimbumbia y las charlas con aquellos que nos regalaron glorias en la arena internacional, no faltan en estos tiempos de inventivas.
¡Esta es mi Cuba! La del siglo XXI. La que quieren asfixiar con presiones de quienes incluso, nacieron en el verde caimán.
Le duele al imperio. Les mortifica a sus gobiernos de turno. Cuentas y más cuentas para encontrar la respuesta a tanta resistencia. ¿Cómo es posible seguir en pie de lucha ante la potencia más grande y abusiva del universo? Se preguntan los que sueñan en convertirnos otra vez en colonia imperialista.
Tantos cubanos no pueden estar equivocados. Nos mueve el amor por la Isla, que intentan ahogar pero no pueden. Ella, perenne como la hierba, alta como las lomas de oriente, alegre como el sinsonte, lucha, resiste, se multiplica… ¡Y a pesar de todo, se mueve!


