Es 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer y le regalamos el testimonio de la primera mujer médico legal en Cuba. Desde San Cristóbal, esta es una síntesis de las vivencias de la doctora Lázara Ínsua Grillo, protagonista también en el mundo del Derecho, la docencia, la literatura; dirigente de la FMC y los CDR y como miembro de la Unión de Historiadores.
Ella también es madre de dos hijos, un médico gastroenterólogo y un artista de la plástica, activos como su progenitora desde sus escenarios, para hacer de la vida un sitio diario de objetivos y anhelos compartidos. Pero hoy la doctora Lázara se nos presenta mujer, de las que buscan su camino a pesar de las dificultades en el camino, y que se vencen a fuerza de voluntad.
– Nací en la ciudad de Matanzas, mis padres ya vivían en La Habana cuando llegó ese momento, pero como eran de allá, mi mamá fue a parir a casa de la familia porque entonces era costumbre, dar a luz en la casa de la familia y enseguida regresaron a La Habana unos meses después de que yo naciera.
En la capital, de niña, estuve en una escuela de monjas durante la primaria. Mi vida de joven fue normal, yo siempre quise ser abogada y quería ser policía, una de las dos, mira eso.
Sonríe a cada rato con picardía, y se contagia su alegría, evidente carisma para seguir contando.
-Mi papá estudió criminalística y entonces yo me eduqué en eso, porque fue mi papá también el que antes de yo empezar en la escuela me enseñó a leer, me enseñaba reglas de lectura, pero usaba los libros de él de criminalística y eso claro que se me inculcó, pero él no estaba de acuerdo en que me resultara atractivo.
Es que yo nací en el año cuarenta y tres del siglo pasado y en esa época imagínate cómo eran las cosas, el papá mandaba y se hacía lo que él decía. Me dijo: Abogado, no, eso es de hombres. ¿Policía? Tú estás mal de la cabeza. Tienes que estudiar medicina, y así lo hice.
Cuando llego a quinto año de la carrera al recibir la asignatura de Medicina Legal, dije: ¡Esto es lo mío! Y estudiando conocí al que era mi esposo que en aquel momento era de Villa Clara. Yo me fui con él para allá.
Fui la primera mujer médico legal, pero quiero que se sepa algo. Me dio la impresión en un momento que había más mujeres en toda la isla, quiero decir, más mujeres médicos legistas que hombres, pero cuando me gradué sí dijeron que yo era la única mujer.
Enseguida me siguieron otras, fue rápido. Recuerdo ahora a Popi (como cariñosamente conocíamos a Jorge González Pérez el que era director del instituto de Medicina Legal, ya fallecido), a él y a la esposa que también fue después médico legal, muchas mujeres eligieron la especialidad. Bueno, puedo decir que fui la primera, es verdad, pero es algo que no tiene gran relevancia.
Además, en esa época pasé un curso de Criminalística que se dio en Santa Clara, pero fue nacional, a los instructores de la policía y yo era la única mujer ahí sentada y civil. Para qué contar las historias de aquel curso.

Vuelve a reír a carcajadas, intenta, pero desiste, con la mente un poco en escape hacía esos días.
-Pasó el tiempo y sin que alguien pudiera predecir antes, desde mi infancia y juventud, llegué a ser ya aquí en San Cristóbal profesora de Criminalística. Es que estudié Derecho después.
Pero es preciso contar lo que sucedió cuando llegué a San Cristóbal. Fue en diciembre del ochenta y uno. Estaba construyéndose el hospital Comandante Penares, iban a inaugurarlo. ¿Por qué vine para acá? El doctor Julián Pérez Peña, muy conocido ahora, cuando aquello era el director de Salud Pública aquí en el municipio y me dijo: «hay un departamento con tres plazas de especialista en medicina legal. Entonces viene para acá y aquí estoy todavía, donde transcurrió la mayor parte de mi carrera».
El médico legista, al que se le llama también forense, justamente porque foro es todo lo que se lleva o discute en tribunales de sociedades en todo el mundo y justamente es así de amplio lo que trata el médico legista; hace más trabajo con personas vivas que con occisos . Muchas veces se percibe al revés en el imaginario popular. Aseguró que un 30 % puede estar relacionado con fallecidos, pero un 70% no.
Pudiera poner muchos ejemplos: los delitos sexuales, lo relacionado con toxicología, la comprobación de las edades, investigaciones en caso de violación y abusos lascivos. Todo lo que hice fue dentro de un campo muy amplio de las ciencias médicas y jurídicas.
También me gusta mucho la docencia, por supuesto. Le di clases a estudiantes de la carrera de Medicina y a estudiantes de Derecho. En el MININT impartí clases en talleres para profesionales del Sistema de Justicia y los combatientes del Ministerio del Interior. Siempre estuve muy ligada al mundo que soñé de joven, el Derecho o lo que era un poco el trabajo de la Policía.
Otra cosa que he hecho es escribir, algo de Literatura, me refiero, y casi siempre hago textos sobre temas policiacos.
Estuve en Etiopía desde el año 86 hasta el 89 como médico legal y después me fui a Venezuela ya en el 2007, pero como Médico General Integral (MGI).
Como dirigente femenina fui secretaria de un bloque que tenía ocho delegaciones. Cuando aquello se reunían varias delegaciones de base de la FMC o el bloque completo y se impartían muchas charlas. Yo lo hacía sobre prevención de cáncer de mama, cáncer de cuello de útero, sobre la lactancia materna, de la crianza saludable y, otras compañeras que tenían otras profesiones, educaban sobre otros temas.

Me jubilé con 44 años de servicio y recuerdo que la última cosa que hice antes de jubilarme fue la investigación de un atropello de un tren a un hombre y me tuve que meter debajo del tren. Todas en esta profesión han hecho cosas parecidas a esa y no reparas en si eres mujer en tales momentos, haces lo necesario en ese instante de acuerdo a la complejidad del caso que se te presente.
Está claro que son cosas que no se planifican, ni los accidentes, ni los homicidios, siempre sorprende un poco que esos sucesos tengan lugar, por mucho que se hayan acumulado experiencias. Somos seres humanos y eso siempre impacta nuestra sensibilidad.
Una vez hice un trabajo de investigación que presenté en un evento de la Unión de Historiadores sobre la mujer en la política antes de 1959, desde el inicio de la etapa que se conoce como La República. Me asombré un poco mientras revisaba los datos, de cómo tanto liberales como conservadores de aquella época decían que las mujeres no podían votar en las elecciones porque eso era una actividad de personas inteligentes, qué casualidad que las mujeres no lo eran.
Las expresiones que encontré eran muy curiosas: si una mujer se pone a diseccionar un cadáver, si una mujer intenta hacer cosas de hombres… y ponían varios ejemplos, ya no sería una mujer.
Vuelve a reír, ahora un tanto desde la indignación, pero burlona.
-Y no eran conceptos y posiciones aisladas porque mi papá mismo, quería que fuera pediatra o ginecóloga, para que no tratara hombres. O yo hubiera querido que fueras monja, decía -mire usted-. Vuelve a reírse disfrutando la contrariedad. Se hubiera acabado el mundo. No sé, no sé qué hubiera sido de mí, si hubiese cumplido sus deseos. Porque es que solo lo pienso, trato de imaginarlo y no puedo. Entonces estoy agradecida, con seguridad afirmo que pude ser y hacer lo que quise.




