Un Tritón de siempre camina las calles de mi Ariguanabo. Gregorio Fiallo Salazar te saluda, conversa, disfruta el placer de sentirse acompañado de la gente del pueblo. Se sabe campeón. Le sobra modestia y calla sus triunfos.
Una vez más estreché su diestra. Fue una de las tantas veces que coincidimos en la calle. Tamaño orgullo el de este cronista. ¡Cómo no detenerse a saludar al campeón! Después del saludo le felicité con la misma claridad del agua que le vio nadar, en la piscina de los Juegos Olímpicos de México 1968.
Sonriente aceptó la felicitación y con la sencillez de su nobleza, contestó “Pero en México no fui campeón”. No importa, su imagen en esos Juegos llevó al Ariguanabo, por vez primera a una cita olímpica. Así lo recoge la historia, porque ubicó a San Antonio de los Baños, en una cita estival. Era apenas un muchacho.
Tenía calidad y aspiraciones. Sobradas potencialidades para una posible medalla. Se lanzó al agua en busca de la gloria. Entonces las preseas le fueron esquivas. Alto el nivel, fuertes los rivales, casi absoluto el dominio de Estados Unidos y la Unión Soviética. No pudo ser. El joven quizás sintió rabia, desconsuelo, desilusión. La medalla no brilló en su pecho en esa ocasión. No hubo metal para sus vitrinas, pero sí alcanzó la presea de la voluntad y honor de ser cubano. De nadar junto a los grandes como el norteño Mark Spitz.
¡No importa campeón! Estar en unos Juegos Olímpicos lleva una carga de emoción tan grande que no permite omisiones. Eres el Tritón de siempre. El de nuestras piscinas. El que enseñó a los niños cada brazada, con técnica esmerada y confianza en la victoria. Lo saben sus discípulos y el podio es testigo.
Más de 50 años de aquella gesta deportiva y aún siente como si nadara en la piscina olímpica. Habla de ese momento y crece la emoción. Se humedecen las pupilas y la voz se entrecorta. Era muy joven, tenía deseos, pero faltaba experiencia. Esa llegó después, con ella las medallas. ¡Gracias, Tritón de siempre! Cuando se hable de natación en San Antonio de los Baños, hay que mencionarle



