En la penumbra serena de la Iglesia Parroquial, dos imágenes marianas custodian la fe de un pueblo. A la derecha de la entrada, recibiendo la primera luz de la mañana, se alza una talla morena, donación histórica de las Islas Canarias. Al fondo, en el altar mayor, reside para los candelarienses la que para ellos es la verdadera Virgen de la Candelaria, centro de una devoción que teje siglos de historia, leyenda e identidad.
Un Legado que cruzó el Océano
El vínculo entre Candelaria y su patrona es inseparable, un legado traído por inmigrantes canarios que fundaron el pueblo.
María Josefa Zamora Martin, directora del Museo Municipal de Candelaria hace 43 años y conocedora de la tradición local, explica sus orígenes: «El culto de la Virgen de la Candelaria en el municipio comenzó, según la historia, aproximadamente en 1816. La población fue creada por inmigrantes de origen canario que tenían como patrona a esta Virgen».

Esta devoción se institucionalizó el 2 de febrero de 1838, fecha desde la cual comenzaron a celebrarse las festividades patronales de manera continuada hasta 1959.
¨Tras un período de interrupción, la tradición fue rescatada en 1994, integrándose como pilar de las actividades socioculturales del municipio. Actualmente, se mantienen las fiestas, misas, bautizos, la procesión…», detalla la historiadora.
Un testimonio de que, más allá de los cambios administrativos, la tradición permanece como el corazón histórico de Candelaria.
El milagro del agua que nunca se agota
La historia de la Virgen está indisolublemente ligada a un lugar sagrado: el Pocito de la Virgen. Según la leyenda, fue el sitio de su primera aparición y el origen de un manantial milagroso.
Pablo Piñeiro Suárez, cuidador del Pocito por más de 60 años, narra su historia y su prodigio: «Se habla de una vez que hubo una gran sequía en este pueblo e hicieron ahí el pocito, que abastecía a toda la población. Aunque muchos comentan que su construcción data en 1840, conversaciones con ancianos del pueblo sugieren un origen mucho más remoto¨, afirma.
El verdadero misterio, según Pablo, reside en sus aguas inagotables. «Yo he secado ese pozo muchas veces y en menos de 2 horas ya está casi lleno nuevamente. En la actualidad, cuando enfrentamos problemas con el agua, muchos pobladores vienen aquí a buscarla. Lo pueden dejar vacío, que cuando regresan al otro día ya está lleno de nuevo».

Este pozo, inicialmente simple, fue embellecido con un brocal por el alcalde Melesio Santos González, un caballero católico que consolidó este espacio como símbolo de fe y sustento.
La novena y la procesión: un pueblo en movimiento de fe
La preparación para la fiesta mayor es un ritual comunitario. Gladys Benítez Capetillo, cuidadora del templo candelariense, describe el camino espiritual: «Cada año hacemos la novena; son nueve días consecutivos dedicados a realizar misas en honor a la virgen. Este año, las misas diarias comenzaron el 24 de enero, a las 5:00 de la tarde.
¨El clímax llega el 2 de febrero. Saldremos desde el Pocito a las 4:30 de la tarde. La procesión se realizará hasta la Iglesia y, a partir de las 6:00, se hará la misa con la presencia del Obispo», explica Gladys.
Este recorrido ha evolucionado. María Josefa Zamora aclara: «Lo que ha cambiado con relación a años anteriores es que ya no se hace por todo el pueblo hasta el Pocito, sino en sentido contrario. Antiguamente, la procesión iniciaba en el templo y recorría el pueblo para finalizar en el manantial; hoy, el trayecto se invierte¨.
Más que una fiesta religiosa: Patrimonio e Integración
La Virgen de la Candelaria trasciende lo estrictamente religioso para convertirse en un fenómeno cultural que unifica a la comunidad.
Yaima Cano Amor, pobladora del territorio, lo expresa así: «Es una tradición bonita, algo que nos pertenece, que nos identifica, nuestro patrimonio; una fecha para unir al pueblo».
Esta integración es palpable. La actual directora del museo municipal observa: «Más allá de la fe, se integra todo el pueblo. Por contradictorio que parezca, la Iglesia se llena con los creyentes y los no creyentes».
Las celebraciones incluyen una velada cultural la noche del 1ro de febrero y fiestas populares después de la procesión. Loraine Sánchez Pérez, joven estudiante de preuniversitario, comenta que después reproducen música en el parque y tienen espacio para el disfrute juvenil.
El apoyo de las instituciones es clave. «El gobierno y el partido apoyan estas celebraciones populares, y las familias se integran en honor a la virgen que nos ampara», afirma la historiadora.
El cuadro que capturó los orígenes
La memoria visual del pueblo y su tradición se preserva en objetos cargados de historia. Una doctora y vecina atesora un cuadro invaluable que retrata los orígenes.
«Aquí en casa guardo un cuadro que es la entrada de Barrancones, concluyendo en el pocito. La obra, una de las primeras fotografías a color llevadas al arte en Cuba, muestra el Pocito de la Virgen entre el palmar y data de principios del siglo XX¨, afirma Rosa Larrea González, doctora retirada y devota.
La historia del cuadro es igual de notable. Fue creado por un médico artemiseño que ganó un premio por su obra. «Estas son las primeras casas de los canarios que vinieron. Fueron los fundadores del pueblo. Por esta razón siempre digo que están entretejidas la historia de la Virgen de la Candelaria con la del Pocito. Somos historia. El mundo está hecho de historias. Esta es parte de la nuestra¨, señala la doctora.
La esencia persiste. La doctora y vecina resume el sentimiento colectivo al hablar del cuadro histórico, que atrae incluso a visitantes foráneos que vienen a hacerle fotos como parte de la historia del pueblo.
Transmisión generacional y retos futuros
El camino no está exento de obstáculos. María Josefa Zamora Martin menciona uno tangible: «Las festividades religiosas también enfrentan retos. En ocasiones no contamos con el presupuesto necesario para llevar todas las actividades a cabo».
Sin embargo, la vitalidad de la tradición se mide por su capacidad de pasar de una generación a otra. Edilin Rivas Hernández, estudiante del nivel Medio Superior, recuerda su infancia: «Cuando estaba en la primaria asistía más al pocito de la Virgen. Íbamos muchas personas y hacían actividades en honor a ella».
Hoy, Yuridanis Lezcano Alcántara, metodólogo municipal de la cátedra de Música, confirma la continuidad: «Es una celebración que se hace tradicionalmente en Candelaria. Cada año, el 2 de febrero se hacen actividades en su honor».
Desde el milagroso pocito que nunca se seca hasta el cuadro que congela en el tiempo el paisaje fundacional; desde la novena rezada en comunidad hasta la procesión que renueva el pacto entre el pueblo y su patrona, la Virgen de la Candelaria sigue siendo el faro identitario del municipio que lleva igual nombre.
Más que una imagen religiosa, es el símbolo vivo de una historia compartida, un patrimonio que se renueva cada 2 de febrero con fe, música y la certeza de que, como sus aguas, esta tradición está destinada a no agotarse.



