Cuentan que era el año 1960; Fidel bajó del helicóptero durante su visita a San Cristóbal y parado frente a un tanque de agua prometió: “Aquí vamos a hacer el primer hidropónico de América Latina, allí soñó también junto a la gente el pueblo de Los Pinos, con escuelas para los niños. Todo se cumplió.
Así nació en 1962, en esas tierras, el primer sistema de hidroponía del país y de Latinoamérica. Desde 1996 se constituyó allí la Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) Hidropónico.
Hoy es el único de su tipo en el territorio y mantiene sus principios de funcionamiento como ningún otro en la nación, paralelo a los rendimientos agrícolas y la calidad de los productos. Se ubica en el kilómetro 174 de la Carretera Central y su nombre también recuerda a los nostálgicos, las excelentes prestaciones de la cafetería homónima. Tanto ha marcado a la comunidad, que al barrio de Arroyo Grande, también le llaman Hidropónico.

Actualmente, la UBPC cuenta con una superficie total de 5,5 hectáreas (ha.) de las ocho con las que se inauguró. La superficie agrícola está destinada a cultivos temporales de hortalizas entre las que destaca el tomate. Además, tienen áreas de cultivos permanentes dedicadas a frutales y un área para viveros.
Carlos Alberto Díaz Pérez, su director, explica con pasión las características esenciales: “Tiene dos unidades destinadas a la producción en hidroponía con riego por subirrigación y suelo artificial de piedra. Aquí influye mucho la ciencia; se pondera el uso de una solución química para regar la planta. Se trata de una mezcla de agua con fertilizantes, que varía según el tipo de cultivo, la variedad y la fenología.
“Para eso es la caja de agua y el sistema que la hace fluir por debajo de los 50 canteros a la vez, se abre una compuerta y corre desde el centro de cada uno de ellos, regresa a la cisterna al encender el motor y se recicla, excepto la que las plantas consumen.
La innovación aquí ha sido clave. “El canal de riego antes era de acero y se deterioraba con frecuencia por la reacción con la solución química, pero nosotros le pusimos ladrillos en sustitución y mejoró la función, porque el barro no perece fácilmente, explicó.
Añadió que “a la solución química se le hacen análisis semanales para compensar la pérdida de propiedades. El método que más ahorra en la agricultura es la hidroponía, con esta combinación del sustrato inerte y la solución química. Al ser el primer hidropónico construido en Latinoamérica, al nuestro se le puso piedra caliza, que aporta cal y tiende a elevar el PH; no es lo ideal, aun así, mantenemos rendimientos muy competitivos”.
Los números lo confirman: entre 90 y 110 toneladas(t) de tomate por ha. y con el pepino un rendimiento de entre 70 y 80 t. Por las características de sus instalaciones, esta cooperativa resulta atípica. La gestión eficiente de su dirección garantiza los recursos y materiales disponibles para la obtención de sus producciones, así como resultados económicos notables.
Un amplio objeto social
Múltiples frentes de producción los ocupan. De allí salen viandas, hortalizas, granos, cítricos, aves rústicas y sus huevos, frutas, vegetales en estado natural o procesados artesanalmente y plantas condimentosas frescas o secas, para comercializar de manera mayorista, con empresas con las que tienen contratos.
De forma minorista también comercializan sus productos en los puntos autorizados por el Consejo de la Administración Municipal y a los trabajadores de la entidad.
También producen y comercializan posturas de frutales, forestales, flores y plantas ornamentales, animales comerciales de ganado mayor, así como animales de trabajo a las entidades del Minag y Azcuba.
Proveen a la Empresa Agropecuaria San Cristóbal de insumos de los que dispone la cooperativa: mate- ria orgánica, humus de lombriz, subproductos de las cosechas para alimento animal, pienso criollo, semillas botánicas y agámicas.
Brindan, además, servicios de alquiler de maquinaria agrícola, de transporte de carga, de tracción
animal, equipos e implementos agrícolas y de fumigación. Prestan servicios de construcción, reparación, y mantenimiento de viviendas a trabajadores de la entidad. Y ofertan otros de jardinería, floristería, arreglos florales y paisajismo.
Por si no bastara, comercializan envases para la producción, conservación y comercialización de pulpas, pasta, jaleas, siropes, etc, procesados artesanalmente.
Un colectivo de excelencia
Para que la calidad siga distinguiendo al Hidropónico, 34 trabajadores se dejan aquí empeño, conocimientos, tiempo y voluntad. De ellos 23 son socios y 11 están contratados, pero a todos los define la motivación por hacer ciencia y por una remuneración que alcanza un salario superior a los 16 000 pesos mensuales y la distribución de ingresos por concepto de utilidades que llegan a los 300 000.
Cuentan además con un campesino asociado, Ángel Manuel Álvarez Álvarez, en la Finca María Elena, para la producción de viandas, hortalizas y frutales, con destino al turismo y la comercialización que transcurre a través de la UBPC.
En el área de vivero, Luis Alberto confiesa que, en 18 años de trabajo en varias etapas del proceso productivo, siempre valió la pena trabajar en el Hidropónico, aunque ahora se siente enamorado de una labor que requiere ciencia, para hacer germinar las plántulas de las semillas, aun cuando para eso, trabajan todos los días, incluso sábados y domingos.

“Ellas son como un niño pequeño, como bebés, que necesitan requerimientos para nacer, las regamos cada dos o tres horas, le controlamos celosamente el agua y las condiciones ambientales”, explica.
Al frente de esta área, el experimentado Jorge Luis Acosta Lemus, quiso contar también por qué el Hidropónico es lo que es: “Te va gustando cada procedimiento a seguir con las plantas; el salario y la atención a los trabajadores influye mucho. Todo está compensado aquí, lo útil se une a lo agradable y, además, me reta a investigar, a estudiar, porque hay que aplicar innovación”
La realidad no es otra que la que todos describen en este lugar, ese sueño tangible que no ha terminado. Recorrer las instalaciones, cantero a cantero, metro a metro, persona a persona, proporciona la dicha de estar frente a lo que marcha bien. Rostros empáticos, saludo sincero, ambiente sano y orgullo de mantener una obra hermosa, histórica y necesaria.

