Fue el 5 de septiembre de 1957. Casi a las 5:20 am comenzó todo. Cienfuegos se lanzaba hacia la epopeya, dispuesta a apoyar la lucha revolucionaria desde la ciudad. Combatientes del Movimiento 26 de Julio (M-26-7) y fuerzas de la Marina de Guerra tomaron la base naval de Cayo Loco.
La toma de la sede del Distrito Naval del Sur inició un levantamiento armado popular, al cual se unió sin vacilar el abnegado pueblo cienfueguero. Ese día hombres, mujeres y adolescentes salieron a las calles pidiendo armas para apoyar la lucha. Con varias fuerzas unidas por un mismo fin, durante 24 horas lograron hacerse de la ciudad.
En medio de los hechos fueron protagonistas dos artemiseños: José Dionisio San Román y Alejandro González Brito, naturales de Bauta y Vereda Nueva, en Caimito, respectivamente.

Ya en 1957, San Román era un exalférez de fragata. Había sido separado hacía un año de la Marina de Guerra, precisamente por estar vinculado a actividades revolucionarias, y se involucró así a las acciones del 5 de septiembre.
Ese día, entró a Cayo Loco como jefe militar del grupo de jóvenes oficiales marinos, junto a Julio Camacho Aguilera, seleccionado por el M-26-7 para dirigir la acción. Ambos ignoraban que el grupo de oficiales de la Marina, incorporado a última hora, había decidido posponer el levantamiento.
Al inicio del alzamiento, San Román se encargó de desarmar oficiales y unir a sus filas a grupos de marinos; así logró tomar posesión de la base naval.
Como a las 10:00 am, sin consultar con Camacho Aguilera, toma la cañonera 101 para hacer contacto con la fragata Máximo Gómez. Desde allí entabla comunicación con La Habana, y comprueba que no había tenido lugar el levantamiento. Entonces ocurre una sublevación y es arrestado, pero no se da por vencido: forcejeó y se lanzó al mar, aunque lo capturan nuevamente y lo encierran en un camarote del barco.
Horas después fue recogido por un hidroavión que lo trasladó hasta La Habana, donde sería sometido a crueles torturas; sin embargo, nunca denunció a uno solo de los compañeros del Movimiento con los que había tenido contacto. De haberlo hecho, Camacho, al ser arrestado en noviembre, hubiese sido asesinado por los esbirros de la tiranía.
Situación similar vivió Alejandro González Brito, un joven capitán del Puerto de Cienfuegos en el momento de los hechos, y que terminó uniéndose a las acciones.
Al fracasar el levantamiento, se encontraba refugiado en el Hotel Roma, pero fue descubierto y hecho prisionero. Llevado a La Habana el 6 de septiembre, esbirros batistianos lo interrogaron y golpearon salvajemente: no consiguieron que dijera una sola palabra.

Después del alzamiento
Las horas y días que vendrían después las marcarían horrendos episodios como los vividos por estos valientes artemiseños. A los combatientes del M-26-7, civiles y miembros de la Marina de Guerra la muerte los acechó. En el campamento militar Columbia, en La Habana, los dos artemiseños fueron torturados atrozmente, y asesinados.
Ambos permanecieron con vida hasta el día 12 de septiembre, cuando sus cuerpos fueron trasladados en un yate hasta una milla de distancia de la desembocadura del río Almendares… y arrojados al mar con lingotes de cemento atados a los pies. Alejandro tenía solo 27 años, y José Dionisio 38; desde ese momento sus nombres están inmortalizados en la historia.
La tiranía de Fulgencio Batista respondió a aquel levantamiento con el ametrallamiento y bombardeo de los barrios, con aviones B-26 que causaron decenas de muertos, heridos y mutilados entre la población.
Como consecuencia de los cambios del plan inicial, el cual tenía previstos alzamientos simultáneos en otras zonas del país, y debido a la inferioridad numérica y de armamentos de los rebeldes, el levantamiento cesó en la medianoche.
En conclusión, el 5 de septiembre de 1957, Cienfuegos demostró el valor de su gente y cuán decididos estaban a darlo todo por la Patria. Enraizaron aun más la conciencia de lucha en nuestro pueblo. Por eso los hombres que dieron sus vidas allí, como José Dionisio y Alejandro, merecen ser recordados con el calificativo de Héroes de la Revolución.