Por más fama que tengan los puros cubanos, no me imagino trabajando en una vega de tabaco a alguien capaz de levantar de su asiento a todo un estadio con un jit de oro. Afortunadamente, Osmel Solano está de vuelta al béisbol, ahora con los Cazadores de Artemisa.
Ya no es el chico que su mamá llevaba al estadio Capitán San Luis, en Pinar del Río, y soñaba ser pelotero. Tiene 37 años. Intervino en unas pocas Series Nacionales con apenas 162 veces al bate, hasta la actual temporada, cuando todo cambió: en 70 veces, disparó 32 jits, impulsó 26 carreras y lidera a los bateadores con fenomenal promedio de 457.
“Gracias a Alfonso Urquiola me abrí paso en la selección de Pinar del Río. ¿Qué sucedió entonces? Lo que pudo ocurrir en cualquier otro equipo. No me dieron la confianza que merece un pelotero, porque no era alguien establecido. Con Urquiola sí jugué: me dio confianza máxima; hasta me dijo que, cuando se fuera, yo nunca volvería a hacer el equipo.
“Mis números me ayudaban a integrar la preselección, bateaba y luego en el equipo no me ponían, o solo cuando se acordaban. Me cerraron. Todos los años tenía que eliminarme, y era el último. Por eso dejé el béisbol.
“Trabajé en zafras de tabaco con unas amistades que me acogieron. Muchos me decían “tú tienes que jugar pelota”, y jugaba los domingos, pero ya no quería.
“Este año, un entrenador de la Liga Azucarera me vio y me llevó al conjunto del 30 de Noviembre. De allí me llamó Osmel Fraga, que fue pelotero de Artemisa, para jugar la Serie Provincial con Candelaria… y se lo agradezco en el alma. Tuve buenos números, me eligieron y aquí estoy, dándolo todo por los Cazadores”.
En largo tiempo, ni matanceros ni artemiseños olvidarán el noveno inning del primer partido entre ambos, en el estadio 26 de Julio. Los anfitriones perdían por una carrera, llenaron las bases y con dos outs compareció Osmel Solano. Llevaba en el juego de 3-3… ¡y disparó su cuarto jit!
“He tenido otros buenos momentos. En Pinar decidí partidos en play off. Quedé campeón en la Serie 50, siendo novato. Pero ese turno al bate para mí ha sido lo más grande”.
Y si su amor al béisbol ha brillado más con la casaca de los de arco y flecha, no ha sido solo por hacerle espacio en el roster de 40 jugadores.
“He estado bajo varias direcciones, y se lo he confesado al propio director Yulieski González; he tenido dos con esa confianza: la de Alfonso Urquiola y la de él.
“Para mí el éxito de Artemisa está en la confianza que nos ha dado el director y los entrenadores, más allá de la forma física. Yulieski habla con cada uno, lo suelta a jugar; si cometes un error te apoya y te dice que pa’lante. Su confianza es lo más grande que tiene este equipo”.
La motivación resulta primordial; sin embargo, todos elogian la preparación que respalda esa fe.
“Mi preparación ha sido muy fuerte. Llevaba casi cinco años sin jugar pelota. Al llegar, lo dije: vengo con falta de entrenamiento; no hacía pesas ni nada. Y él me puso entrenadores aparte, a fildear roletazos, a trabajar lo físico; me apoyó muchísimo.
“Yulieski trabajó conmigo personalmente, para fildear en tercera. Me aconsejó, porque esa no es mi posición sino los jardines, pero hacía falta por la salida de Dayán hacia México. Hablamos y me dijo que iba a jugar.
“Y Balaguer, el entrenador de bateo, no ha sido solo eso sino también mi ídolo, un padre más, un amigo, un hermano. Mi sacrificio se lo dedico a él. Me cambió el sistema de bateo, y todavía trabaja conmigo. No para. Le doy gracias por mi forma física”.
Al parecer, este Fénix renacido de sus cenizas que vive en Herradura, municipio pinareño de Consolación del Sur, se ha convertido en artemiseño de corazón.
“Lo decidí, no ahora porque estoy aquí y las cosas me están saliendo bien: con Pinar del Río no vuelvo a jugar. Le dije a Yulieski que aquí me quedo. A menos que no me quieran más, jugaré con los Cazadores mientras siga rindiendo”.