Ningún sueño es demasiado grande. Eso sí, necesitas pelear para alcanzarlo. Lo demostró Ismary Suárez, pese a su osteogénesis imperfecta, esa enfermedad conocida como Huesos de cristal: armada con impresionante voluntad, silla de ruedas, mamá acompañándola siempre… y un preuniversitario capaz de prepararla con el conocimiento y las habilidades.
Quiso estudiar Filología, en la Facultad de Artes y Letras. ¡Y lo consiguió! Cien puntos en los exámenes de ingreso a la Educación Superior de Matemáticas e Historia, 99.5 en Español y un promedio final de 99.59, apuntalaron su anhelo de obtener una carrera de tan pocas plazas.
¿Acaso no es esa la función de los preuniversitarios? ¿Con qué objetivo sino el de garantizarles acceso a la Universidad acogen alumnos durante tres años? ¡Ojalá todos los planteles lo lograran, como el República de Indonesia, ubicado en Guanajay!
Desde hace varios cursos, a sus estudiantes les sobran motivos para confiar en la preparación que reciben, y soñar muy alto, porque a la hora de la verdad saben estar bien despiertos para vencer cualquier prueba.

Biólogos, arquitectos…
Alejandra García obtuvo la carrera de Arquitectura; Amanda Cruz, Biología; Geydis Mantilla y Loida González, Lengua Inglesa; mientras, a Laura Leyva le llegó Meteorología. Con promedios entre 96.74 y 99.45 no tuvieron problemas para que les llegara la primera opción solicitada en las boletas.
Ellas no fueron las únicas, sino también la mitad de los pupilos que se presentaron a los exámenes de ingreso. Del resto, la mayoría recibió la segunda o la tercera opción. Apenas seis educandos no superaron tales pruebas.
Conversando con los muchachos del actual grado 12 —quienes justo este viernes enfrentarán similar desafío—, comprobamos que no sienten temor: hace rato comenzaron a andar el camino para conquistar aquello que sueñan hacer.
Estos muchachos le dedican horas y más horas a libros y ejercicios, a leer y preguntar, a escribir y responder, a Matemática, Español e Historia. Entienden que el futuro no es un porvenir, es un por hacer.
Naomi Herrera pretende matricular Ingeniería Química. Su promedio asciende a 99. Desde ahora mismo recurre a una fórmula eficaz, un fuerte enlace entre empeño y certeza, entre su dedicación… y la confianza absoluta en el amplio conocimiento y maestría pedagógica de los profesores.
“Siempre me ha gustado la Química, y la preparación aquí en la escuela es excelente: los profesores aclaran dudas, indican ejercicios para el aula y dejan otros para la casa, que revisamos al día siguiente”.
Asimismo, otros desean ser arquitectos, médicos, psicólogos, ingenieros civiles, licenciados en Turismo… Suman 86 sueños. Por supuesto, en las aspiraciones de estos jóvenes hay considerable audacia, que —según el escritor alemán Johann Goethe— tiene genio, poder y magia.
Solo la escuela
Fue Adriana Garrote quien primero llamó mi atención sobre otra de las virtudes del preuniversitario guanajayense. “Mis profesores son superbuenos. Acumulan años de experiencia. Nos atienden en cualquier momento. Amistades de otros pre han querido venir a aprender con ellos. Y el director es quien más exige que se cumpla nuestra preparación. ¿Para qué pagarles a otros profesores?”
Narelys Blanco coincide. “Tenemos a los mejores; con ellos es suficiente. El claustro está completo, y nos imparten clases excelentes. Explican muy bien; su experiencia consolida el conocimiento. Como si fuera poco, el director nos impulsa: escucha, comprende y está presto a ayudar”.
Lo descubrimos tan pronto llegamos. Aquella no es una edificación que atrape; su diseño no enamora, pero en República de Indonesia se respira un ambiente cordial. Los alumnos saludan con cariño a Juan Alberto Martínez, el máximo responsable de la escuela; bromean; conversan… y en ningún momento falta un ápice de respeto.
Pero hay más. Los alumnos perciben el privilegio de que no precisan buscar lección alguna más allá de sus aulas, al menos una mayoría rotunda.
Orlando Rodríguez afirma disponer de un doble arsenal para los exámenes de Matemáticas, Español e Historia: de una parte, su promedio de 99.26 puntos; de la otra, la magnífica preparación que le proporcionan los profes desde décimo grado. “Hasta podemos visitarlos en sus casas, para esclarecer dudas.
“En muchos pre, cuando en esta etapa ya los estudiantes no acuden a las aulas, nosotros seguimos viniendo y tenemos a todos los profesores a nuestra disposición. En la tarde, atienden a los de mayores dificultades. Contamos con las pruebas de otros años, los libros, las teleclases…”

Ofelia Bringas, quien encara la ardua misión de enseñar Matemáticas, asegura que ciertos alumnos tuvieron repasadores en décimo y onceno, hasta tanto los padres se acercaron a conversar con ella, porque los hijos no las consideraban necesarias.
Así debería ocurrir en cada plantel: que basten las clases recibidas en la escuela.
Entrega y trabajo unido
“¿Qué nos define? La entrega. El trabajo unido del claustro. La estrecha relación con la familia y la comunidad. Nos satisface que los jóvenes consigan realizar sus sueños; para eso trazamos una estrategia que evaluamos constantemente, a la par que abordamos la orientación profesional”, expresa Juan Alberto Martínez.
Dileidys Díaz, una de las profes de Matemáticas, advierte que imparten cada contenido como si fuese la primera vez que lo reciben, aun los de décimo grado, e incrementan el grado de dificultad mientras los chicos ganan habilidad para resolverlos. “Por la tarde brindamos atención diferenciada; citamos a quienes salen mal en los operativos”.
Ofelia Bringas, otra profe de esa asignatura, alude a los diez turnos de clase durante la semana, cuatro dedicados exclusivamente a repasar, y menciona las casas de estudio donde solucionan ejercicios que ella orientó. “Trato de llevar la Matemática a la vida práctica. Les doy confianza para que puedan enfrentarla. Eso hacemos todos”.
Lo confirma Danavis Echezábal, la secretaria docente igual encargada de impartir la “temible” ciencia a un grupo de grado 12. “Tenemos un sistema de trabajo bien organizado con vistas a resolver los problemas de los alumnos”.

“Ayudarlos a alcanzar la carrera deseada constituye un gran premio –señala el director. Que reconozcan nuestro papel en alcanzar esa meta, entraña la mayor muestra de gratitud hacia nuestra labor, esa con la que intentamos colocarnos a la altura de sus sueños”.