Cuando apenas andan seguros, paso a paso y las lágrimas asoman al soltarles la mano. Cuando aún las palabras no forman ni una oración completa y cuesta entenderles entre sílabas y gestos, hay quienes abren los brazos y convierten en ternura los instantes: educadores de la primera infancia, convertidos enmadre o “abue” de muchos niños, en las dos manos y el corazón de cientos de familias.
No es casual que los círculos infantiles, nacieran a solo dos años de la Revolución, el 10 de abril de 1961, tampoco que una heroína como Vilma Espín, estuviera tras la colo- sal idea de su fundación.
Durante más de 23 400 días desde aquel abril, ¿qué no habrá sucedido en las más de 50 instituciones de este tipo que funcionan en Artemisa? ¿Cuántas historias –contadas y no contadas en el sofá de la casa– en el portón de la institución escolar; habrán traído recuerdos, risas, anécdotas únicas, nostalgias y orgullos?
Lo cierto es que hay nombres eternos, la mayoría de mujeres, que son parte de la formación de los más pequeños, de la emancipación femenina y la tranquilidad familiar.
Sabemos cómo han transitado entre dificultades que parecen montañas rusas, pero el retorno regocija, y sabemos que, por ser la constancia de la educación, hoy se amplían desde la modalidad de casitas infantiles y también cuidos, como trabajo por cuenta propia, para seguir endeudándose con los primeros cariños.
Nunca habrá cómo reconocer tantísima paciencia. Esas y otras palabras de gratitud llegan en
las voces de muchísimos padres, pero esta vez las escuchamos en una de las casitas infantiles de Artemisa, en Bahía Honda, Pequeños azucareros, en el central Harlem.
Ante la quietud del basculador, son los niños quienes más alegras aquella comunidad que el bloqueo abofetea al limitarlo de combustible para seguir produciendo el dulce grano.
¿Pero limitar la educación, la enseñanza de los niños de la primera infancia, el apoyo a las familias, la sonrisa de las seños que serena y contagia? Eso jamás, porque para ello nació en abril del 61, el programa de los círculos infantiles, y junto a cientos de flashazos, sobre todo de entereza, lo hemos traído hasta acá, 65 años después con la misma ternura del primer día.

