Del nuevo vecindario, a Teresa Rodríguez Armas le inquietaba enormemente una sola cosa. “Ese vertedero me tenía preocupada. Aquí en El Llenante, como se le conoce a esta zona de Alquízar, basta solo un aguacero, para presenciar un vendaval que arrastra toda la suciedad para el interior de las viviendas”.
Por eso, en los primeros días de febrero, cuando Teresa vio que un grupo de hombres equipados con carretas, palas, escobillones… se disponían a arrasar con aquel enorme montón de basura que marchitaba su esquina de 82 y 101, ella fue la primera en sumarse a las labores de higienización. Incluso, buscó un poco de pintura blanca y sobre una cerca de zinc escribió: “Prohibido echar basura”.
Desde entonces, otros convivientes se han unido a la misión de preservar la limpieza. De ello da fe Yarelys Jorge Hernández, quien junto a su esposo también cuida celosamente el espacio, para que ningún indisciplinado llegue hasta la intersección con desperdicios de todo tipo y procedencia.
“Estamos muy contentos. Gracias a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) José Antonio Echevarría, el pueblo se está saneando. Nosotros también cooperamos. Insistimos a los vecinos que saquen la basura bien temprano para el portal. Hasta ahora los carretoneros nunca han fallado. Pero nos queda una tarea aún más difícil: Que las personas concienticen el riego epidemiológico al que se exponen, cuando arrojan indiscriminadamente la basura en cualquier lugar”.
Los dueños de la limpieza
La CCS alquizareña ya era responsable de la chapea y embellecimiento de las cuatro entradas del pueblo, cuando asumió la recogida de desechos sólidos en el municipio. La propuesta llegó a través del Consejo de la Administración en un momento en que las montañas de basura, como en casi toda la provincia, parecían alcanzar el cielo, y la escasez de combustible puso una pausa a los carros.
“Las primeras acciones se ejecutaron en febrero. Empezamos con seis hombres en sus carretas de caballo, actualmente tenemos siete; aunque prevemos un octavo”, explicó Raúl Valle Viera, administrativo de la cooperativa.
“El pueblo está dividido por zonas: Bellita, Calinga, Las 400, Reparto del Muerto y el centro o zona principal, que suele ser las más compleja.
“Estos hombres son trabajadores por cuenta propia, algunos con experiencia en el trabajo en Comunales. Los hemos dotado, en la medida de nuestras posibilidades, de implementos de trabajo que hacen más llevadera la misión. Tienen un salario que ronda los 30 000 pesos mensuales, además de recibir los beneficios que ofrece la cooperativa a todos sus asociados.
“El acuerdo hasta el momento contempla realizar la recogida de la basura en los barrios los lunes, miércoles, viernes y sábado; porque martes y jueves lo dedicamos a los microvertederos grandes que existen en el pueblo.

En el momento de nuestra entrevista, Raúl asintió que habían entrado, aunque sea una vez, a todos los microvertederos del municipio, pero han trabajado duro.
“Dieciséis carretones de basura recogimos al costado de la secundaria Antón Nilsson. Desgraciadamente nos ha vuelto a ganar la indisciplina”.
No están satisfechos, asegura Raúl. Pero reconocen que la labor gana en espacio y reconocimiento. La gente sabe que se trabaja con soluciones viables en un problema de antaño.
Jorge Luis Oramas Cabrera, es uno de los carretoneros que asumen el saneamiento. “Desde las cinco de la mañana comienzo a recoger en el área de las biplantas y la zona de Las 400 que es bien amplia. A veces son dos o tres viajes al día hasta el vertedero municipal. A pesar de la indisciplina, las personas se han ido adaptando a los horarios, y al menos dos veces a la semana nos reunimos todos para sanear alguno de los lugares donde hay más basura acumulada”.
Comunales y el saneamiento diario
Ya con menos peso en el saneamiento del municipio, Comunales asume en este nuevo escenario la limpieza de calles y la recogida de una zona del pueblo, con un carretonero, más otros cinco en la zona rural. Sin acceso a combustible, sobre todo en lo que va de año, les ha sido imposible emplear sus tractores con carreta, que son los vehículos adecuados para sanear los microvertederos, sobre todo los ubicados a orillas de la línea del tren, donde no es posible sanear con los hombres de la cooperativa.

Lisvet Pérez Cabrera, al frente de Comunales, explica que el último saneamiento grande que realizaron en la zona del Paseo, fue en agosto, cuando hubo un alza preocupante de las arbovirosis. “Ahora se complejiza volver allí por la crisis energética que enfrentamos. Estamos hablando de carros altamente consumidores de diésel”.
Tampoco han podido cumplir sus contratos para la recogida de desechos de unos 20 trabajadores por cuenta propia, una tarea que piensa asumir próximamente también la CCS.
Mientras, la población sigue sumando basura a estos espacios, al punto de que ya sea casi intransitable el paso por la línea en calles como la 84.

Francisco Hernández Fernández, director de Patrimonio y Construcción en la Administración Municipal, argumenta la problemática que arrastra el municipio. “Tras el paso del huracán Rafael no se logró sanear todo el pueblo, y en la periferia cada día se acentúa más el problema de la basura, unido a las indisciplinas de la población, que bota la basura en cualquier lugar y horario.
A eso suma la situación en los 32 asentamientos de la localidad, muy compleja pues muchos no tienen siquiera microlocalizado un lugar para depositar los desechos. Tampoco el vertedero municipal está en un lugar adecuado, de ahí que se haya valorado en múltiples ocasiones la posibilidad de cambiarlo de lugar.
Encima, a diferencia de otros pueblos, que se limpian cuando llueve, en Alquízar suele complejizarse todo en época de precipitaciones, de ahí la urgencia de sanear lo más posible antes de que llegue la época de lluvias, una tarea que, ante el complejo escenario de déficit, implicará la unión entre empresas, actores económicos, instituciones y la población en general, que debe ser consciente de que esta es una tarea imprescindible para preservar la salud.
Por el momento, buscan entre todos sanear lo más posible el casco urbano del pueblo, y aunque de momento no se vea un cambio radical, al transitar por varias calles ya se ve, al menos, un poco de limpieza, gracias a la sistematicidad de los carretoneros de la cooperativa, algunos de los cuales ya han logrado la conexión con los vecinos y establecido horarios para que todo fluya mejor.
Lo que contamos al inicio, no suele repetirse mucho. Llevará tiempo hacer que las personas crean en la efectividad de iniciativas como la que impulsa la José Antonio Echevarría en coordinación con el gobierno local, después de tantos años en que la recogida de desechos sólidos parecía anhelo irrealizable.
Corresponde a los pobladores vestirse con el traje de la disciplina. Solo así tendremos un final feliz para el cuento de la basura.



En el reparto Las 400 se acumula bastante basura / Foto: Otoniel Márquez


En el reparto Las 400 se acumula bastante basura / Foto: Otoniel Márquez
Por Adianez Fernández Izquierdo, Giselle Vichot Castillo y José Alberto Nápoles


