Conversar con alguien amante de los trazos, las líneas exactas en el dibujo y las medidas correctas para un proyecto, es un privilegio. Por esa razón salí en busca del arquitecto de la comunidad en San Antonio de los Baños. ¿Cuál no sería la sorpresa de este cronista al encontrar a una joven capacitada, afable y conversadora?
Ella es Dayana Bandera Guerra. Sin pensarlo dos veces aceptó la entrevista. Solo puso una condición. Te respondo por WhatsApp porque ahora estoy aprovechando el fluido eléctrico para terminar un proyecto. En una hora y media tenía las respuestas del cuestionario. Con solo un vistazo comprobé que es Dayana una joven que asume la vida con trazos que salen de su talento y corazón.
-¿Por qué escoges esta profesión?
«Escogí la arquitectura porque es el punto exacto donde convergen el arte y la utilidad. Siempre me fascinó cómo un dibujo en papel tiene el poder de transformar la realidad física y mejorar la vida de las personas. Ser arquitecta me permite ser una «traductora»: tomo las necesidades, los sueños y hasta las limitaciones de un entorno, y los convierto en espacios habitables, seguros y con alma. Es una profesión que te permite dejar una huella tangible en el tiempo».
-¿Principales cualidades para ser un buen arquitecto?
«Más allá del dominio técnico, creo que un buen arquitecto necesita tres pilares. Empatía, para entender realmente qué necesita el usuario, más allá de lo que dice. Capacidad de síntesis, para encontrar soluciones creativas y estéticas incluso cuando los recursos o el presupuesto son limitados; y por último resiliencia. En nuestra profesión, el camino entre el plano y la obra terminada es complejo; hay que tener la tenacidad de defender la calidad y la seguridad en cada etapa».
-¿Cuáles son las funciones del arquitecto de la comunidad?
«Nuestra labor es integral y cercana. Brindamos asesoría técnica para acciones constructivas de todo tipo, elaboramos proyectos ejecutivos tanto para obras nuevas como para demoliciones, y nos encargamos del diseño de interiores y áreas exteriores, incluyendo el mobiliario y el paisajismo. También proyectamos obras auxiliares esenciales (cercas, cisternas, tanques elevados, sistemas de saneamiento como fosas y pozos), asegurando que cada intervención cumpla con las normas técnicas y urbanísticas».
-¿Acciones realizadas por usted en su labor como arquitecta desde la comunidad?
«Desde 2019, mi trabajo en el territorio ha sido muy diverso. He tenido el privilegio de ser proyectista en obras con funciones sociales muy variadas: desde el Centro de Cuidado Canino y la Casa de los Abuelos, hasta infraestructuras económicas como la Escogida de Tabaco, farmacias y la cátedra de deportes.
«También he explorado soluciones alternativas como viviendas en contenedores marítimos.
Si bien la escasez de materiales y los altos costos actuales han estancado proyectos de subsidios o particulares —siendo la construcción un renglón débil hoy día—, me satisface que los proyectos estatales para ciudadanos en situaciones de vulnerabilidad son los que más se han logrado ejecutar, cumpliendo con el fin último de nuestra labor: mejorar la habitabilidad de quien más lo necesita».
-¿Experiencias significativas en su labor como arquitecta?
«Cada proyecto es un universo y un aprendizaje constante. Lo más significativo es el proceso de consenso: estudiar las condiciones preexistentes, navegar el ámbito de deseos del cliente y alinearlos con las regulaciones vigentes para lograr el mejor resultado posible. Entender el papel social de la arquitectura me ha enseñado que no diseñamos paredes, sino escenarios donde la gente desarrolla su vida. Ver un proyecto estatal terminado que cambia la realidad de una familia es, sin duda, la experiencia más gratificante».
-¿Qué mensaje le envías a los arquitectos y a estudiantes en plena formación?
«Mi mensaje es que nunca dejen de sentir curiosidad. La arquitectura exige estudiar y documentarse constantemente; no podemos parar de crecer profesionalmente porque el mundo y las necesidades sociales cambian a diario. Los exhorto a mantener siempre el compromiso con la ética y la calidad, pues lo que construimos hoy es el patrimonio del mañana».


