Orestes Rodríguez Castellano disfruta fabricar bloques. Sin sus innovaciones no funcionaría la máquina. Sabe que está construyendo su propia prosperidad. Si no bastara la misión social de esa obra, ahora lo motivan mucho mejores ingresos. La Unidad Empresarial de Base (UEB) Tomás Álvarez Breto edifica un cambio muy positivo.
Allí, en la instalación que los artemiseños conocen como Fábrica de baldosas, la tenacidad derrotó al silencio: una vez más ha vuelto a distinguirles el ruido de sus máquinas. Tomás Parapás Ferro, el director, alude al renacimiento construido sobre la base de alianzas.
“Sucedió a partir de la visita del Presidente Miguel Díaz-Canel, en 2024. Al ver el deterioro en la empresa y el momento económico que atravesaba, sugirió buscar mecanismos para dar un vuelco a esta situación.
“Lo que producimos actualmente es a partir de alianzas. Con un Trabajador por Cuenta Propia (TCP) llamado Martín Ariel Acosta Martínez, logramos de 10 000 a 11 000 bloques mensuales, lo cual nos deja un porciento para la Vivienda y otras necesidades del Gobierno y la construcción.
“Nosotros le alquilamos la máquina, y él los fabrica. Además, nos permite un ingreso de unos 600 000 pesos casi todos los meses.
“La otra alianza es la que da vida al molino, mediante la Mipyme de Raúl Silvera González. Con esta otra se puede remoler y hacer fracciones: gravilla, arena, granito y polvo, también necesarios para la población y para el proceso productivo.
“Igualmente nos proporcionan ingresos el alquiler de equipos de transporte y de locales de oficinas, talleres y naves”, señala Parapás.
Recuperación y utilidades
Camilo Alonso Morales, especialista en mantenimiento, advierte que el salario promedio pasó de poco más de 1 800 a 6 360 pesos. Hay quien ha ganado 14 000.
“Mejoraron el salario, las condiciones de vida de los trabajadores, el comportamiento económico de la UEB y su aporte a la empresa.
“El año pasado teníamos 1,1 a 1,5 millones y sobrecumplimos hasta 1,7 y 1,8 millones. Las utilidades se revierten en el bienestar de nuestros trabajadores.
“Por tanto, no tuvimos que mandar a nadie para la casa; el proceso de disponibilidad que existe en todas las empresas, aquí se frenó. Es otra consecuencia de estas alianzas. Así salimos del bache económico”.
El director asegura que, además de bloques huecos de hormigón con el TCP y áridos con la Mipyme, la UEB dispone de un taller de terrazo, que se dedica a hacer elementos de hormigón. “También fabricamos losas hexagonales y ciertas cantidades de polipaneles (núcleo de poliestireno expandido, revestido con una carpeta de hormigón, que le da resistencia para construir edificios).
“Y entregamos algunos volúmenes de mortero, otra variante que satisface parte de la demanda de la población en Artemisa: mortero fino, de albañilería, para colocación de bloques, de piso y repello (fino, grueso y de salpicado); y mortero grueso, para columnas y arquitrabes, muy definido en fichas técnicas.
“Hasta diciembre de 2025 estuvimos produciendo mosaicos. No pudimos continuar por el déficit de cemento, pero quedaron para cubrir algunas necesidades.
“Solo se mantienen paralizadas, hasta ahora, las dos plantas de mosaicos y la de baldosas, por problemas de rotura de un autómata”.
Con la unión de todos
“La idea me la dio él, afirma el emprendedor. El director me dijo: «Ariel, tienes posibilidades. Con los contactos para buscar los materiales, en la fábrica de cemento, en Cantera Habana…, ponte a producir bloques. Está parada la máquina». Así comencé.
“¿Qué pensaban al principio? Que yo iba a producir una semana y me iba a parar al mes y no fue así, se mantuvo, hasta que logramos producir el año entero.
Todo va bien; vaya, con los problemas que sabemos para acceder al petróleo y al mortero de la fábrica. Es un poco engorroso. Pero tenemos contrato y lo compramos”.
Por cada bloque que genera este TCP, le queda un ingreso a la fábrica, en tanto el 10% va a parar al Mincín y la población. La estrategia ha deparado la reparación de los tableros (muy deteriorados hasta entonces) y el mantenimiento conjunto a la máquina.
“Ellos lo ponen todo, insiste Parapás. Y la fábrica, la maquinaria, difícil de usar para nosotros, porque el cemento escasea. Ellos lo compran en divisa. Y nosotros le pusimos nuestro especialista: uno de los logros, pues quienes laboraban allí, haciendo bloques, se quedaron trabajando en su propio puesto, donde el salario mínimo asciende a 42 000 pesos mensuales.
“En el molino sucede de manera similar. Nos daba trabajo traer la macadam, por el combustible. A veces, costaba dar el mantenimiento. Se nos iba la corriente. Con la Mipyme, ellos compran el combustible en divisa, les pagan a los trabajadores hasta 19 000 pesos y mantienen la fabricación de bloques, con los áridos que producen.
“Entre el molino y los bloques, basta para cumplir. Y queda libre, para sobrecumplir, el arrendamiento de locales, la transportación y nuestra producción propia. El salario de un custodio estaba en 1 300 a 2 100 pesos. Hoy un custodio puede ganar hasta 12 000. Esto ha sido posible con la unión de todos, al entender cuanto teníamos que hacer”.




