Donde la Sierra del Rosario se inclina para mirar al norte de Artemisa, Bahía Honda respira con un ritmo propio. Este fotorreportaje captura la esencia de un pueblo que ha hecho de la pendiente su camino y del verde su refugio.
Las imágenes revelan el pulso de una cotidianidad marcada por la geografía: el ir y venir de sus pobladores sobre la tierra fértil, el paso pausado que impone la altura y esa naturaleza campestre que lo inunda todo.
Entre la neblina de la mañana y el sol que corona sus montañas, la vida en Bahía Honda transcurre con la sencillez de lo auténtico. Es el retrato de una comunidad que no solo habita la montaña, sino que forma parte indisoluble de su paisaje.













