Mil quinientos, más de una milla, según la jerga de un famoso personaje de las calles de la Villa Roja. Que un billetito con la imagen de Julio Antonio Mella te lo encuentras a flor de labios en estos tiempos, tan fresco como lechuga. La cifra, en moneda nacional o CUP, fue la respuesta a través de messenger, cuando indagué por el precio de un saco de carbón.
Esa cifra también anda visible en no pocos carteles, sin demasiadas variaciones. Tampoco resulta despreciable, ya que se acerca peligrosamente al salario mínimo en Cuba, y de lujo no tiene nada ahora mismo. Si falta la energía eléctrica, ¿cómo se cocinan los alimentos?
Muchas familias amanecen “con las manos tiznadas” para hervir o calentar la leche de sus hijos antes de partir hacia la escuela y garantizar, al menos, una parte de esa llamada comida más importante. Al almuerzo toca improvisar otro poco, en la mayoría de los casos, o recalentar lo que sobró de la cena del día anterior.
Ya en la tarde se impone volver a plantar la hornilla, que a estas alturas puede haber mutado de una silla vieja, la careta de algún ventilador, u otras innovaciones. Pero, preocupa la falta de opciones económicas para adquirir ese material de combustión, relegado en apariencia al pasado.
Alguna que otra propuesta en ferias dominicales o de fin de año, organizadas en Artemisa, ni siquiera se acerca a la demanda real, frente a los tropiezos para generar energía eléctrica. Sin contar que no siempre cada porción rinde lo esperado, pues a veces una lata se convierte en cenizas con demasiada rapidez.
Si sobran marabú, tierras, brazos fuertes y expectativas…, ¿qué se espera para abastecer puntos de ventas de cooperativas, mercados agropecuarios estatales, carretillas y cuanto espacio existe abierto a la comercialización de estos productos? De acuerdo con Julio Enrique Milanés Soroa, director general de la Empresa Agroforestal Costa
Sur de la provincia, la producción de la entidad res- ponde, en lo fundamental, al consumo social (hogares maternos y de ancianos, escuelas, casas de abuelos), entre otras instituciones, de modo que queda muy poco para la venta al pueblo.
Unos 200 silvicultores registra la empresa en ese afán, y las carencias de combustible de nuevo juegan una mala pasada, ya que no siempre pueden acopiarlo, y al final se vende en el campo, al mejor postor. “Municipios como Candelaria, Güira de Melena y San Antonio de los Baños, han comercializado carbón en las sedes de las Unidades Empresariales de Base y las ferias, pero en el caso del municipio cabecera, no hemos tenido presencia en ese espacio, a causa de que no existen brigadas nuestras dedicadas a elaborar carbón”.
Tocará, por tanto, perfeccionar también estos mecanismos, incluso, revisar fichas de costo, al vender la empresa el saco a 1 200 pesos.
La balita de gas puede mantenerse en pie, y tal vez usted no viva en uno de los circuitos más hostigados por los apagones; sin embargo, la reserva de carbón no debe faltar, sobre todo por aquello de: hombre precavido, vale por dos, que se ajusta también a las féminas.
Encenderlo se ha tornado un desafío; hay quien presume de su habilidad para lograrlo lo mismo con nailon, migas de pan, plástico o madera, y hasta de su habilidad al intercalar cazuelas, porque una vez en su apogeo, las llamas se han de aprovechar al máximo.
De una variante para cocinar el fin de semana o al aire libre, el carbón pasó a formar parte de nuestra cotidianidad. Entenderlo así implica buscar vías para su acceso y hacerlo más asequible.

