En un complejo escenario, donde la inflación y el cerco económico impuesto por Estados Unidos limitan la capacidad gubernamental, para garantizar los productos de la canasta familiar normada, el escenario local, con sus potencialidades y estrategias, tiene que necesariamente emerger como garante de los alimentos necesarios para la población, sobre todo los más vulnerables.
Aunque desde hace mucho se viene hablando de esto, y Artemisa es una provincia bendecida por fértiles tierras, muy poco se ha avanzado en pos de suplir al menos las demandas de granos, leche, carne y pan que se incluyen en la libreta de abastecimiento, cada vez más deprimida.
Yoan Molina Blanco, coordinador de Programas, al frente de la esfera Agroalimentaria en el gobierno provincial, explica que, “para satisfacer la canasta familiar en la provincia, se deben producir al año 12 millones 300 634 litros de leche, 17 583 toneladas (t) de arroz (cifra que incluye el consumo social), 2 002,7 t de frijoles, 3 000 de carne (también para el consumo social) y más de 5 000 de azúcar”.
Explica que, con lo pactado para 2026, ninguno de esos renglones llega al 75 por ciento (%) de lo necesario. De leche se planificaron unos 7 millones 800 000 litros; de arroz unas 12 500 t y de frijol se estima una cosecha de solo el 29 % , en tanto la carne planificada solo cubriría el 22,6 %. El azúcar es lo que más se asemeja en planes, pero el cumplimiento depende de múltiples factores.
Teniendo en cuenta lo anterior, afirma que se estimula en todos los municipios el movimiento de producción arrocera, renglón donde sobresalen Candelaria, San Cristóbal y Bahía Honda, pero las producciones aún son insuficientes.
Explicó que están destinadas a la canasta familiar, la venta en ferias, la oferta en raciones elaboradas en establecimientos gastronómicos y al consumo de centros priorizados: escuelas, círculos infantiles, hospitales, hogares maternos y de ancianos.
Mientras, señaló a la producción de frijol como otra prioridad que tampoco ha alcanzado las expectativas. Los volúmenes de cosechas y rendimiento no han sido los esperados, en lo fundamental debido al ataque de plagas. Esperamos obtener picos superiores de cosecha en la próxima campaña y poder asumir una parte considerable de la demanda por concepto de canasta familiar».
Sobre la producción de leche resaltó a los municipios de Bahía Honda, Caimito y San Cristóbal, que se autoabastecen casi al 100 %, no así el resto.
Juan Carlos Alcolea Torres, presidente de la ANAP en la provincia, considera que hay compromiso y experiencia de trabajo agrícola en las 6 758 fincas con que cuentan. No obstante, dijo, las posibilidades de aportar a la canasta familiar, dependen también de qué puedan hacer los productores en condiciones tan adversas, marcadas por la crisis energética.
“Tenemos siete fincas con paneles solares, se rescatan cinco biodigestores y en nueve fincas el servicio de agua es a base de molinos de viento, iniciativas que garantizan de forma estable el suministro de agua, el funcionamiento de algunos equipos y la preparación de alimento animal. Se retoma el trabajo con 42 yuntas de bueyes en territorios con menos áreas sembradas.
“A esto se suma la producción permanente de carbón vegetal en tres cooperativas y 47 puntos adonde llega la leche con tracción animal, bicitaxis o triciclos eléctricos. Al tiempo, resaltó el esfuerzo de un grupo de asociados que, antes del cierre de las ventas de combustible, llegaron a comprarlo en divisas, por no incumplir lo comprometido con la canasta familiar”.
Los productores hablan
Los Pimienta son campesinos de Candelaria y pese a las limitaciones con el combustible y la falta de fluido eléctrico, mantienen sus compromisos con la canasta familiar. En el caso de Armando Pimienta Zamora tiene 15 hectáreas (ha.) de tierra sembradas de frijoles; ante los molestos apagones hacen uso del regadío con ajustes de horarios y sus trabajadores producen carbón vegetal para uso familiar y de la comunidad. Su hijo Yoandi Pimienta Martínez tiene sembradas otras 10 ha. del grano.
Reconoce Pimienta Zamora que no renuncian a los planes de cosecha y entrega, sin embargo, peligra el cumplimiento por falta de combustible para darle al frijol el tratamiento que lleva de aplique y de tile. Al no disponer del tractor también se afecta la aplicación de los productos sanitarios, que ya están comprados.
“Siempre hemos recibido apoyo de la Empresa de Granos José Martí, que ahora no está en condiciones de entregarnos combustible. Está finca está lejos de los boyeros y es difícil que traigan sus yuntas para hacernos el trabajo. Y contratar obreros que lo hagan de forma manual genera gastos tan altos que no harían rentable la cosecha. Aún así estamos en la búsqueda de soluciones, queremos tener el mejor resultado posible y aportar a la canasta familiar”.
Su primo, Rigoberto Pimienta Almarales tiene comprometida su cosecha de maíz, frijoles y café, este último a más largo plazo. Es de los campesinos abanderados en el uso de la yunta de bueyes, en sustitución de equipos mecanizados que requieren combustible.
La Cooperativa de Créditos y Servicios Celia Sanchez Manduley, en San Cristóbal, es de referencia en sus producciones y cumplimiento de sus planes de entrega de leche, arroz y carne a la canasta familiar.
Ramón Ferro Rodríguez, su presidente, refiere que de los 163 asociados, 92 son productores de arroz con posibilidades de cultivarlo en alrededor de 2 350 ha.. La falta de combustible y de abasto de agua desde el embalse cercano, con bajos niveles de líquido almacenado, provoca que 1 600 ha. no estén sembradas, de ahí que les sea imposible cumplir lo contratado.
“Queremos aprovechar las bondades de la lluvia en la campaña de primavera, entre inicios de marzo y finales de julio, con el objetivo de cumplir con la entrega de 1 119 t de arroz a cuatro consejos populares de San Cristóbal”. Con respecto a la carne, precisó que en 2025, entregaron 20,1 t, cinco por encima de lo contratado. El mes pasado entregaron 680 kilogramos y al momento de nuestra visita estaban a la espera de combustible para llevar los animales al matadero.
“No estamos de brazos cruzados. Se valora con las autoridades locales la posibilidad de sacrificarlos en el mismo municipio, en losas sanitarias debidamente certificadas, con todos los requisitos para este tipo de actividad y efectuar el traslado en equipos que no dependan del uso de combustible”, precisó.
Ya acumulan experiencias similares con el acarreo de leche, renglón cuyos planes de producción y entrega marchan bien hace mucho tiempo. “Nuestros 67 productores abastecen cuatro bodegas del Consejo Popular José Martí y 12 del casco urbano, beneficiando también al Hogar Materno, la Casa de Abuelos y el Sistema de Atención a la Familia”.
El pan ¿de cada día?
Entre los productos a comprar en nuestras bodegas o panaderías, el pan es uno de los más demandados. Lograr estabilidad en su producción a gran escala se ha convertido en tarea de titanes cuando falta el combustible, la electricidad y el trigo o la harina importada.
“El territorio cuenta con 92 panaderías, de ellas 72 producen el pan normado. Para garantizar esa producción estamos activando todos los hornos de leña disponibles, para asegurar la cocción en horarios sin fluido eléctrico”, informó José Alberto Contreras Hernández, director general de la Empresa Provincial de Producciones Alimentarias y Artículos Varios.
“El horno es imprescindible, porque excepto la cocción, el resto de las operaciones se pueden hacer de forma manual, para producir 700 000 panes diarios, de ellos 465 000 con destino a la venta normada y el resto al consumo social en la gastronomía, escuelas, instituciones de Salud y otras entidades”.
La escasez de harina ha provocado que la distribución se haga en días alternos. “También empleamos extensores de harina de boniato y yuca. Se trata por todos los medios de hacerle el pan a diario a los centros priorizados: hospitales, círculos infantiles, hogares de ancianos, casa de abuelos y hogares de niños sin cuidado parental. En las 20 panaderías de la Cadena Cubana del Pan asumen la producción otros actores económicos”, explicó.
En materia de producción de alimentos para apoyar la canasta familiar, se trabaja todos los días en Artemisa, pero queda bastante por hacer en este empeño. Más allá de la limitación de combustible y electricidad, todavía hay que poner en práctica, entre otros, todos los resortes de la iniciativa estatal y popular. Nos falta mucho camino por andar.



