En la etapa de franca efervescencia revolucionaria en la que se daban pasos significativos para la preparación de la Guerra Necesaria, José Martí, en carta escrita a Antonio Maceo, el 25 de mayo de 1893, calificó a la Protesta de Baraguá como «…lo más glorioso de nuestra historia».
A 133 años de aquella afirmación, cuando de intransigencia revolucionaria y patriótica se trata, la primera referencia es a ese acontecimiento, ocurrido el 15 de marzo de 1878. Momento cumbre del pensamiento y la acción de Antonio Maceo, negado entonces a aceptar de España la paz sin independencia y abolición de la esclavitud, tras diez años de lucha por la independencia de Cuba.
Su enérgica respuesta lo elevó a la categoría del más virtuoso e intransigente de nuestros jefes insurrectos. Impidió la rendición bochornosa de las armas cubanas pactada en el Zanjón y ayudó a salvar la continuidad de la guerra, dándole al conflicto reconocimiento internacional.
La Protesta de Baraguá es sinónimo de firmeza de ideales y de compromiso con la lucha por la soberanía de Cuba, el ejemplo más ilustrativo de que la libertad y los principios no son negociables ni aún no en las peores condiciones del escenario de combate.
Múltiples ejemplos demuestran cómo aquel acto de rebeldía, cara a cara con Martínez Campos, Capitán general de la Isla de Cuba, marcó para siempre el carácter irredento y la determinación de los cubanos a combatir por su libertad o a morir en el empeño.
La historia de rebeldía de los artemiseños, es heredera de ese legado de resistencia, protesta, acusación y firmeza. En la propia Guerra de los Diez Años, pese a los fracasos, no cejaron los patriotas de esta tierrra en el propósito de formar y fortalecer el movimiento conspirativo y luego el levantamiento armado de las partidas mambisas para hacer frente a las fuerzas españolas. Carlos Baliño, padre e hijo, en Guanajay; Domingo Collazo, en Artemisa; los patriotas de Candelaria y Carlos Idelfonso García Sosa, fueron algunos de los protagonistas.
La contienda del 95 se consolidó en el territorio de esta provincia, a partir de la entrada de las columnas invasoras de Maximo Gómez y Antonio Maceo, por Güira de Melena, el 4 de enero de 1896. Sin embargo, desde meses antes, pequeños grupos de insurrectos de espíritu indomable, no esperaron por los grandes jefes del mambisado y ya se encontraban sobre las armas en el territorio montañoso del Rosario, liderados por Indalecio Sobrado, Pedro Ángel Delgado Carcache y Carlos Socarrás. La hija de este último, Regla Socarrás, capitana mambisa en hospitales de campaña, dio iguales muestras de heroísmo cuando partió a la manigua después de que la obligarán a ver cómo asesinaban a sus familiares.
Tras la caída en combate del Titán de Bronce, en 7 de diciembre de 1896, ante el peligro de que su cuerpo cayera en manos españolas como trofeo de guerra, su ayudante Panchito Gómez Toro, prefirió morir al lado de su jefe antes que abandonarlo en el campo de batalla. Cuando las fuerzas enemigas se apropiaron de ambos cadáveres, fue entonces el coronel Juan Delgado quien arengó a sus hombres y recuperó los cuerpos ensangrentados para darle digna y secreta sepultura. Pocas veces, en tan corto espacio de tiempo, sucedieron en nuestras guerras dos actos heroicos de tal magnitud.
Con la Protesta de los Trece, Rubén Martínez Villena inició a la intelectualidad cubana en la lucha contra los males del país. No tenía precedentes en el proceso revolucionario cubano una proclama de ese tipo, con una acusación directa y frontal a los que pretendían ganar jugosa suma de dinero a costa de la compra fraudulenta del Convento de Santa Clara.
Los artemiseños participaron con Fidel en el asalto al Moncada, lo siguieron también en la adeclaración en la Causa 37. Como él, reconocieron su participación en el asalto, se convirtieron en acusadores de los crímenes de la tiranía sin que le temblara la voz y lo acompañaron sin miedo en el Presidió Modelo de Isla de Pinos.
En la creación y accionar del frente guerrillero abierto en las montañas de la Sierra del Rosario y de los Órganos contra viento y marea, con más coraje que recursos y posibilidades de sobrevivir, marcaron su impronta los rebeldes artemiseños. En esa misma geografía y en el Escambray villareño, los batallones de milicianos de Artemisa derrotaron a las bandas contrarrevolucionarias. Ejemplar fue la actitud de los participantes en la Operación Comando que hizo posible la captura Pedro Sánchez, cabecilla de la más peligrosa y escurridiza banda de alzados que operaba en la Sierra del Rosario. Cuando estuvo a punto de abortar la operación por no contar con un medio de transporte aéreo, tan alto fue tono del reclamo que el propio Fidel puso un helicóptero a su disposición. Y cumplieron con su objetivo. Ajusticiaron a Pedro Sánchez y aniquilaron su banda.
En Girón hicieron historia en el enfrentamiento a los invasores los batallones de milicias de Artemisa y no alcanza una página para ilustrar los ejemplos de intransigencia y heroicidad de Artemisa, como heredera del espíritu intransigente de Maceo en Baraguá.
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