Ante una crisis energética que amenaza con paralizar los surcos, los productores en Alquízar no han esperado por soluciones milagrosas. Como una extraña paradoja entre lo moderno y lo ancestral, por estos días, los guajiros vuelven la mirada al cielo para capturar los beneficios de la energía solar, a la vez que se aferran a la tierra con la fuerza milenaria de la tracción animal.
Producir sin pausas
Si hace tiempo atrás, cuando aún era un simple estudiante de Agronomía, usted le hubiera alertado a Alberto Blanco Fernández que, siendo un reconocido productor, volvería a necesitar de las antiguas prácticas agrícolas que le criticaba a su padre; de seguro no le creería.
El joven de entonces, ansioso por ejercitar cada técnica novedosa, reiría sin parar. En cambio, hoy tiene más vivos que nunca los consejos «del viejo», y a pesar de su experticia probada, agradece con sinceridad lo aprendido: “porque lo que uno no puede, jamás, es detenerse”.
Hasta su Finca Dos Amigos, llegó un equipo de el artemiseño en busca de información sobre el trabajo de los agricultores de la zona, quienes enfrentan a diario las afectaciones del bloqueo, en estos días más recrudecido.
Ante disímiles carencias, el buey ha vuelto a ser protagonista de los campos. En el momento de nuestra visita, en estas tierras se surcaban con tracción animal, para su posterior siembra, de igual modo, 4 hectáreas(ha.) de yuca y tres de maíz.

Realmente admirable la labor de los trabajadores, quienes látigo en mano guiaban al animal. Mientras mucha gente espera que del cielo le lleguen regalías, aquí nadie detiene el paso. Es un tiempo malo, no quedan dudas, y habrá que prepararse para rendimientos inferiores a los acostumbrados desde este polo productivo; porque, si bien son válidas las alternativas, lo cierto es que resulta verdaderamente engorroso el trabajo con animales en grandes extensiones de tierra, como es el caso de Alquízar.
El sol otro amigo de los alquizareños
También, en las tierras de Alberto, el ruido de las turbinas eléctricas ha sido desplazado en parte, por el silencio eficiente de la tecnología. Él y su yerno, Osniel Guzmán Argüelles, son testigos del cambio. Gracias a una donación de la Programa Mundial de Alimentos (PMA), ambos propietarios de tierras, cuenta cada uno con un kit fotovoltaico de cinco kiloWatts(kW).
«Es un beneficio muy grande», explican. Cada módulo consta de 16 paneles de 500 Watts cada uno. Aunque el sistema no cuenta con baterías —lo que limita su uso a las horas de luz solar—, permite operar turbinas que consumen 4,5 kW. Hoy están bajo este riego 2 ha. de cultivos y pretenden activar además un sistema por aspersión portátil que permitirá extender el área a regar.

Pero su aspiración es mucho más ambiciosa, cuentan. El sueño de estos productores es llevar esta energía limpia a todas las bombas eléctricas de la finca.
“El desarrollo no se puede negar» y la tecnología solar enamora a más de un productor alquizareño.
En la CCS Camilo Cienfuegos, su presidente, Adrián Martínez Martínez, afirma que ellos también apuestan por la transformación de su matriz energética y ven en el sol una solución inmediata a algunos de sus principales frenos.
Para financiar el cambio, el Banco Popular de Ahorro (BPA) ha desempeñado un rol estratégico, asegura Martínez Martínez, al ofrecerle a los productores la posibilidad de acceder a créditos bancarios, para costear la instalación de módulos de energía fotovoltaica.

Jesús Miguel Almenteros y Dayan Cabrera Abrantes, son dos de los usufructuarios favorecidos con tasas de interés más bajas. Entre los beneficios también destacan que el banco evalúa, para la aprobación del préstamo, producciones futuras, en lugar de solo activos presentes. Un detalle notable es también el enfoque de género: las mujeres usufructuarias reciben tasas aún más preferenciales para incentivar su liderazgo en el campo.
Frente a tales dádivas, esperan que otros productores se sumen; mientras tanto, la empresa EleKKtrica S.U.R.L. ha procedido con la instalación de estos kits fotovoltaicos que ya benefician el riego de algunos sembrados, así como, el cuidado del ganado vacuno y caprino.
Pero…
Tales historias muestran que hay voluntades que ya están probadas. Pero no deja de ser preocupante lo que pasará, aún después de tanto empeño. La crisis energética que golpea hoy, sin precedentes jamás vistos, llegó para magullar un sector que ya presentaba cicatrices. Va más allá de garantizar el riego con “la moda de los paneles” o de surcar la tierra con el paso calmado del animal. Quedan reservas en la preparación de tierras, la cosecha y la comercialización, esta última muchas veces criticada. Están también las enormes deudas que se acumulan, la bancarización en pausa y los insumos desaparecidos…
Quizás un único culpable, nos observa desde el norte. Pero mucho queda por cambiar en estas tierras rojas, hechas para renacer.

