Podrá detenerse casi la totalidad de la cadena puerto-transporte-economía interna, paralizarse viajes interprovinciales, cerrar rutas y terminales…; sin embargo, el derecho a la vida, la garantía de acceder a un equipo que sustituye las funciones de uno de tus órganos, jamás se detendrá.
Porque la hemodiálisis asegura la tranquilidad de más de 60 pacientes y sus familias en ocho de los 11 municipios de la provincia. Bien lo sabe Dayron Enrique Issac Rodríguez, uno de los choferes de la agencia Taxis Cuba, encargado del traslado de un ariguanabense y su acompañante cada martes, jueves y sábado hacia el Hospital General Docente Ciro Redondo García.
Cuando se refiere a quienes abordan su carro con fines tan nobles, también los llama “mis pacientes”, al igual que un galeno, y los describe como “buenas personas, con excelentes relaciones humanas”. Dayron destaca el esfuerzo que se realiza al asegurar el combustible para que nadie quede sin su tratamiento.
Gracias a ese altruismo y vocación humanista, el anciano Manuel Rodríguez Pérez desanda tres veces en la semana la distancia entre Playa Baracoa, en Bauta, y la Villa Roja. El chofer Liuber Bermejo Hernández lo recogió bien temprano en la puerta de su casa, y lo condujo de regreso al hogar. Aunque hay carros rotos y algunos compañeros tienen que trabajar todos los días, no nos paramos, asegura. “Hay más enfermos que taxis, por eso aprovechamos la capacidad del transporte. Hoy mismo traje en el mismo viaje a otro paciente y su acompañante”.
El vínculo entre conductores y hemodializados resulta innegable. Manuel asegura que son muy corteses, amables, los ayudan a bajar, y si es preciso, los van a buscar en silla de ruedas hasta la propia sala. Entretanto, Liuber recuerda con nostalgia a dos jóvenes alquizareñas que transportaba con frecuencia y fallecieron producto de complicaciones asociadas a la insuficiencia renal crónica. “Llegas a encariñarte con estas personas que ves casi todos los días, con las que compartes y conversas sobre diversos temas”.
Contagiar de optimismo
A Julio El Negro, como le llaman sus compañeros, debieron sonarle los oídos este martes, mientras la ariguanabense Yamila Quilez Reyes, 62 años, los describía como un hombre alegre y entusiasta. Ella agradece que, a pesar de las dificultades, su rutina continúe inalterable, conforme a la costumbre de estos casi seis años de tratamiento, a cumplirse el próximo 27 de febrero.
Durante tres horas el riñón artificial hace lo suyo, al igual que los otros 12 de los que dispone el servicio, dijo Yurisán Núñez Rodríguez, nefrólogo de primer grado. Ni de él o el resto del personal sanitario existen quejas, confirma Yamila, a quien también le ilusiona la apertura de la sala de hemodiálisis en el hospital Iván Portuondo.
“Podré llegar incluso caminando, porque está cerca de mi casa. E imagínese cuánta satisfacción: yo trabajé allí en el laboratorio”.
Y, cuando casi nos marchábamos, llegó Francisca Yohana Álvarez Suárez, de Alquízar, que con solo 31 años lucha a capa y espada por conservar la fuerza necesaria para criar a sus tres hijos y que la enfermedad no la domine.
El doctor Núñez Rodríguez, explicó que trabajan tres turnos diarios, de lunes a sábado, según la disponibilidad; mientras, el domingo, solo atienden urgencias.
Aunque ya no cuentan con Sala de Nefrología, debido a falta de personal calificado y problemas estructurales, se mantiene ingresada en la institución una artemiseña que reside en la comunidad rural El Calipso, a fin de garantizar su atención constante, sin afectaciones, pues el traslado, en este caso, depende de ambulancia.
Valientes sobre ruedas
Unos 90 profesionales del Hospital Ciro Redondo García viajan desde San Cristóbal, Bahía Honda y Bauta. Los dos primeros, en ómnibus de la Empresa Provincial de Transporte, y los últimos, bajo responsabilidad de la Cooperativa No Agropecuaria, que también se encarga de acercar a internos a la institución para labores de limpieza, informó Niurka Larrionda Valdés, la directora.
Este martes las conocidas “aspirinas” no cumplieron su función por falta de combustible, lo cual afectó el funcionamiento del centro asistencial, y puede volver a ocurrir en cualquier momento.
Ante tan adverso escenario, “se asignó un triciclo eléctrico, con el que movilizamos trabajadores que viven en comunidades rurales de la cabecera provincial, como Pijirigua, El Rancho, Las Cañas…; hemos llegado hasta Guanajay”.
Además, “el Gobierno nos destinó cinco paneles solares. Según su alcance, queremos priorizar los ventiladores pulmonares y el sistema de aspiración central de la terapia intensiva, así como la neonatología, hemodiálisis, máquinas de anestesia y lámparas quirúrgicas en los salones de operaciones, el bombeo de agua y los elevadores”.
Como alternativa, Larrionda Valdés aludió al traslado futuro del equipo de ultrasonido y el de rayos X portátil hacia la zona del hospital protegida con paneles, de modo que tampoco se afecten. A tono con las demandas del momento histórico, prevalece el gesto enaltecedor, la voluntad de salvar sin condiciones, ni chantajes, a los que viajan no por placer, sino en busca de salvación.



