El artemiseño Daykel Molinet Moreno se consagró tanto al estudio hasta convertirse en el único estudiante de la Villa Roja que cursa el noveno grado en el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas (IPVCE) Mártires de Humboldt 7. La falta de combustible le impidió incorporarse a su nueva escuela, en el Ariguanabo, y fue reubicado en su centro de origen: la Secundaria Básica Rigoberto Corcho López.
Allí se desenvuelve por estos días en el mismo grupo de antes, con la misma profesora guía; sin embargo, el adolescente desea regresar lo antes posible al plantel. “Extraño a mis compañeros, que eran unos 50, sobre todo de Caimito y San Antonio de los Baños. Además, me preocupa atrasarme en los contenidos y que se acumulen exámenes pendientes, que debo realizar allá”, comenta.
Su mamá y el resto de la familia comparten la misma incertidumbre, de acuerdo con Zuleika Santana Sosa, directora de la Rigoberto Corcho. “Todos estamos al tanto de su evolución. Daykel tiene hábitos de estudio diarios. Había ganado concursos municipales y provinciales, y gracias a su promedio sobresaliente, pudo acceder a la vocacional”.
Pero no solo él y sus profesores experimentan cambios ante las complejidades para el traslado. Santana Sosa apuntó a varias adaptaciones curriculares. En el caso de este nivel educativo, “se eliminaron frecuencias en Matemáticas, Literatura e Historia, a fin de ajustar el horario a cinco turnos diarios en una sola sesión.
“De ese modo, octavo y noveno reciben sus contenidos en el horario de la mañana; mientras séptimo grado lo hace en la tarde, también a causa de la capacidad del plantel y de la ausencia de merienda escolar.
“En cuanto a los 42 estudiantes que viven en comunidades rurales, nos reunimos con sus padres y se comprometieron a que seguirían asistiendo, lo cual no ha fallado. Solo reubicamos a una niña del asentamiento conocido como Pluma en el centro mixto Abel Santamaría, de El Calipso”.
La directora agregó que antes de la contingencia, noveno grado sí tenía doble sesión. No obstante, después de las dos de la tarde se mantienen los repasos para las pruebas de ingreso al IPVCE, con estudiantes del área urbana que regresan después de almorzar en el hogar. Asimismo, se están realizando adecuaciones para vincularlos a tareas de impacto en el horario contrario de la docencia”.
Reordenar, para aprender Yarobys Álvarez Contreras, director general de Educación en la provincia, destacó el reordenamiento de la red escolar, espacios y docentes, con el objetivo de atender a todos los educandos. “Una de las primeras decisiones generales, recuperadas de la pandemia del nuevo coronavirus, consistió en descentralizar matrículas en los centros internos.
“Los más de 300 estudiantes del IPVCE se incorporaron a los preuniversitarios de sus localidades, y en el caso de los del proyecto de noveno, a sus secundarias. Del mismo modo, se reubicaron los maestros en otras instituciones. En el caso de los de La Habana, se mantienen en comunicación con sus estudiantes mediante grupos de WhatsApp”.
“Para tranquilidad de la familia artemiseña, ya contamos con las adecuaciones curriculares en secundarias y preuniversitarios, y estrategias para los exámenes de ingreso a la Educación Superior. Tan pronto mejoren las condiciones, la prioridad es regresarlos a la Humboldt.
En cuanto a la escuela pedagógica, “sus más de 300 estudiantes en 16 especialidades, se encuentran de prácticas. Y las indicaciones en la Enseñanza Técnica Profesional es que sus más de 4 000 alumnos estén vinculados a tareas de impacto, lo cual contribuirá a incrementar los vínculos con los organismos formadores, aulas anexas y el desarrollo de habilidades profesionales.
En Alquízar los del IPVCE se han sumado al preuniversitario, según Luis Enrique Fernández Pérez, director municipal de Educación, aunque valoran la posibilidad de que los alumnos que optan por su bachillerato den clases en las tardes en LA secundaria Antoon Nilson, pues en Revolución de Octubre existen problemas con el abasto de agua.

También “la Escuela Especial Pedro Rodríguez Santana adoptó doble sesión y mantiene el almuerzo. Para aquellos niños que están en el círculo o en la enseñanza especial, y viven en la zona rural del municipio, se buscaron alternativas de atención en sus lugares de residencia”.
Fernández Pérez precisó que, en el caso de los de la Escuela Pedagógica, otro de los centros internos de la provincia, se incorporaron a las aulas de la localidad para realizar prácticas docentes.
Y los de la Enseñanza Técnico Profesional, algunos se vinculan a prácticas en centros o aulas anexas cercanas a sus comunidades; entretanto, primer y segundo año asisten dos veces a la semana a los concentrados por especialidades.
Escuelas rurales grandes como el caso de la Antonio Núñez Jiménez, se mantienen funcionando hasta el mediodía con los estudiantes de primaria de las comunidades cercanas (Concordia, Pulido, Cuatro Caminos). Mientras, el resto se ha ubicado en lugares cercanos, en aulas multígrado, con un maestro de la propia escuela o algún miembro del Consejo de Dirección.
En la escuela del Dagame también se aplicaron variantes similares, manteniendo un grupo de alumnos en el centro y otros cerca de su casa.
En la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Frank País García constatamos estas alternativas. Varias maestras atendían a alumnos de las comunidades de La Paz, Cucaracha, El Punto y La Europa. Yaimelis Wilson Gaínza se familiarizaba con sus nuevos estudiantes de cuarto y quinto grados, segura de que en próximos días pueden sumarse otros que hasta el momento recibían clases en el pueblo pero que ahora, por cercanía, deben incorporarse a la CCS.
Primera infancia, siempre primero
Al igual que en Alquízar y el resto de las localidades, el círculo infantil Esperanza del Futuro, en Artemisa, continúa con sus puertas abiertas a más de 130 niños. Eneris Valdés Domínguez, la directora, afirmó que disponen de gas licuado para la cocción de alimentos. Solo cuatro niños pertenecen a las comunidades Mangas, Lincoln y Eduardo García Lavandero. De igual forma, los trabajadores más distantes no fallan en su deber de velar por estos pequeños.
Alexis Otero Vigoa, administrador del círculo, sostiene que tampoco ha faltado la proteína, arroz, granos, viandas, mermeladas, aún con escasez de azúcar. “Recibimos el pan con bastante frecuencia, mermelada de guayaba y sirope. Y siguen asistiendo nuestros infantes con necesidades educativas especiales, cuyas educadoras viven en el pueblo”.
Además, Yarobys Alvarez subrayó que más de 90 escuelas primarias han mantenido la doble sesión, a partir de diversas iniciativas. “Cada escuela debe hacer un diagnóstico del número de almuerzos que se necesitan, de modo que podamos concentrar recursos.
Por ejemplo, la mayoría de los educandos de secundaria básica demandaban merienda escolar, lo cual exige un gasto considerable de combustible para transportar pan, líquidos, embutidos, lácteos… Por tanto, decidimos reducir a una sola sesión esa enseñanza”.
Asimismo, una ojeada a San Cristóbal, el más extenso del territorio, pone sobre la mesa varios caminos. Anabel Durán Reyes, directora municipal de Educación, refirió que los alumnos del Instituto Preuniversitario Urbano José Licourt Domínguez están ubicados en las secundarias básicas o primarias de cada asentamiento.
“Diagnosticamos todos los maestros de estas enseñanzas licenciados en determinadas especialidades que están en los consejos populares. De esa forma pudimos organizar la continuidad del proceso”. Exhiben buenos ejemplos en Ramón López Peña y el asentamiento del Plan Turquino Niceto Pérez, donde se impone aprovechar de la mejor manera posible las capacidades de la institución de la cual disponen.
“Los profesores envían orientaciones por hojas de trabajo, o cuadernos de ejercicios, y en el caso de los maestros que imparten sus clases frontales, ponen énfasis en el ritmo individual de aprendizaje”.
Durán Reyes precisó que los niños de la educación especial siguen asistiendo a la escuela 8 de Octubre, excepto los internos, ubicados en la enseñanza general. Y el Hogar de niñas, niños y adolescentes sin cuidado parental Mi casita, también se suma a las medidas para que sus 15 infantes no pierdan “el compás”.
Los cambios implican a tres de ellos, matriculados en la 8 de Octubre, que si bien todavía se trasladan hasta allí, “ya no cuentan con transporte y la escuela está distante del hogar”, aclaró Diarey Aguilar Alfonso, la directora.
Otro de los miembros de Mi casita asistía al politécnico Batalla del Rubí; en cambio, “hasta la fecha no está reubicado en la escuela de oficios”. Otro inconveniente alude a la alimentación, pues se redujo la porción de arroz en el menú, de 90 a 52 gramos, hasta tanto las condiciones permitan asegurar con normalidad la transportación de los productos habituales.
No son pocas las decisiones en función de continuar la docencia y llegar con la luz del saber hasta el último rincón de nuestra geografía. Entre ellas, Álvarez Contreras detalló que se eliminaron las actividades metodológicas y estos funcionarios ya se desempeñan en cada lugar, con el propósito de acompañar y buscar soluciones.
Este contexto crítico reclama de procedimientos adecuados según los rasgos de cada localidad, en tanto “fortalece nuestro sistema y nos permite demostrar todas las potencialidades y variantes en las cuales se pueden mantener los procesos educativos”, recalcó Álvarez Contreras. Su efectividad depende del apoyo de la familia, la autopreparación de los maestros y el empeño de quienes ansían concluir sus estudios con el conocimiento y los valores cívicos necesarios.




(Por Yemmi Valdés Ramos, Adianez Fernández Izquierdo y Maria C. Guindo Gutiérrez)

