Tres horas y 45 minutos dura la rutina que cada martes, jueves y sábados, durante cinco años, brinda un soplo de vida a Yoel Montesinos Macías. Este ariguanabense es uno de los 66 pacientes que recibe tratamiento de hemodiálisis en el Hospital General Docente Ciro Redondo, de la cabecera provincial.
«Empezó con un cuadro diarreico, febril, pérdida de peso, con esa sintomatología se buscó alguna patología o algo descompensado. Se le realizan los exámenes complementarios y estos dan cifras alarmantes y el diagnóstico clínico de una insuficiencia renal crónica, que por los resultados ya era un estadio 5 en fase terminal», relata sin poder ocultar sus lágrimas, Ruselyn Morales Moreno, licenciada en enfermería y esposa de Yoel.
«No nos quedamos conformes con los complementarios, se les repiten y arrojan los mismos resultados, la nefróloga valora e indica que es necesario someterlo a hemodiálisis. Fue un golpe muy duro para todos» agrega quien por más de veinte años ha compartido la custodia y enseñanza de dos hijos varones.
Nacido el 7 de junio de 1975, Yoel se desempeñaba como cartero de la Unidad Empresarial de Base de Correos en la Villa del Humor.
«Nos cogió de sorpresa, no hubo preámbulos. Por mi labor recorría mucha distancia en bicicleta. Un día me sentí fatigado, no pude llegar montado a la casa. Pensé que era el cansancio, pero no imaginé que mis riñones me iban a jugar una mala pasada», nos cuenta Yoel mientras recuerda con tristeza aquella etapa antes de la aceptación. Primero negó estar enfermo, después ignoró su condición, incluso siguió trabajando varios días, hasta se negó a recibir el tratamiento.
«Fueron días difíciles, mis hijos y mi esposa conversaron conmigo, me hicieron entender que era imprescindible el proceso para mantenerme vivo, para disfrutar de su compañía, para verlos crecer y cumplir sus metas», visiblemente emocionado, agrega «lo hice por ellos, les juré que, aunque tuvieran que llevarme en pedazos y pegarme con goma loca, yo me iba a someter a la hemodiálisis».
«Los primeros tres meses fueron muy difíciles, la voluntad se pierde en ocasiones y no deseas continuar, pero recuerdas que hay seres queridos que se preocupan por ti y sacas fuerzas para seguir. La hemodiálisis es un tipo de tratamiento que tiene como objetivo sustituir el trabajo de los riñones cuando no funcionan correctamente. Esas máquinas filtran la sangre y remueven el exceso de toxinas, sales minerales y líquidos», me explica.
Tres veces por semana el estado cubano, en medio de una compleja situación con el combustible, garantiza el transporte de los pacientes que como Yoel, necesitan de estas complejas máquinas para vivir.
«Te voy a decir una cosa, a veces escasean los recursos necesarios. En ocasiones no tienen una dipirona para ponernos, ni benadrilina, ni bicarbonato, tristemente, no la hay. Pero nos ayudamos, ves a alguien sintiéndose mal y si tenemos, la brindamos sin dudar. Carencias tenemos, lo que sí puedo asegurar es que del trato no se puede quejar nadie. Las enfermeras son como parte de mi familia», me cuenta quien este año cumplirá 51 años de edad.
«Todos los días de este mundo agradezco a las personas que he conocido, en especial a un señor, este tristemente falleció, pero me dio mucho ánimo, diariamente me decía, esta enfermedad es de guapos, al principio no entendía pues en mi condición no podía ni hablar, sin embargo, me lo aclaró, se refería a hacer lo que haya que hacer, a levantarse, ponerle deseos a la vida».
Y así con esos anhelos continúa su lucha el hijo, hermano, padre y esposo que junto a muchos como él, disfrutan de un servicio de salud que no es perfecto, que sufre de carencias, de factores objetivos y subjetivos; pero, cuya continuidad resulta imprescindible a todos los niveles. Yoel y todos los necesitados, lo merecen.




