Cuando se habla del final de un partido de béisbol, de duelos cerrados, presión máxima y de poner frente a los rivales al lanzador más confiable, no se menciona otro nombre, sino el de José Ángel García Sánchez, el que comenzó a pichar con los Vaqueros de La Habana y hoy continúa brillando con los Cazadores de Artemisa.
Antes dominaba con envíos sobre las 90 millas por hora. Hace rato, su velocidad ya no es la misma; sin embargo, sigue achicando bateadores sobre el home plate. ¿Cómo lo logra? Con una mentalidad inquebrantable.
De esa manera ha llevado el récord de juegos salvados a donde nadie puede alcanzarlo (331), y cada campaña agiganta esos números con más de una decena de nuevos salvamentos. Como si no tuviera ya 45 años, sube al montículo y apaga fuegos una y otra vez.
Esta temporada, el cerrador por excelencia de la tropa comandada por Yulieski González, resultó un baluarte para su equipo, con 16 rescates.
-Comienzas a lanzar a los 15 años, y te has convertido en leyenda. Si a estas alturas descubrieras que aún puedes ser un buen bateador, como lo es con más de 40 Frederich Cepeda, ¿abandonarías el box?
“No, solo trataría de ejercer ambas funciones”.
-¿Crees que los roles de relevista y cerrador siguen siendo subestimados?
“En algunos casos, sí. Y la edad está siendo muy subestimada también en estos tiempos”.
-¿Te consideras un defensor de la especialización en los roles de lanzador?
“Por supuesto que sí. Es lo que le da organización al picheo y al juego”.
-¿Qué lugar ocupa entre tus recuerdos aquel juego que ganaste como abridor, cuando el otrora equipo Habana quedó campeón?
“Fue un una subserie muy importante contra Matanzas. Estábamos perdiendo 0-2 y no había lanzador para abrir el próximo día. Hablaron conmigo para saber si estaba dispuesto; dije que sí y logré ganar: lo recuerdo bien; ese partido nos ayudó a conseguir la clasificación”.
-A pesar de los años, se mantiene alta tu tasa de ponches. Pero tus armas han cambiado. ¿A qué recurres ahora?
“Trato de combinar más mis lanzamientos y acercarme más a la zona baja”.
-¿Qué piensas tiene mayor importancia: un amplio repertorio, una ejecución efectiva… o concentración y sangre fría?
“Pienso que la clave es concentración, buen control y un lanzamiento indescifrable, con buena localización en la recta. Si tus lanzamientos no son efectivos ni tienen localización, no te alcanzará solo con un buen repertorio”.
-Es sabido que la mejor forma de que el rival no anote es ponchar. ¿Cómo es tu preparación para evitar que el bateador haga contacto con la bola?
“Primeramente, usar un lanzamiento capaz de confundir al bateador… y tener control, para lanzarlo en bola y que parezca strike, o viceversa”.
-Ya José Ángel es un cerrador conocido. ¿Cómo te es posible dominar, pese a que muchas veces el bateador espera tu lanzamiento?
“Afinando la localización y con un lanzamiento difícil de descifrar; así, aunque lo espere, no lo puede conectar”.
-¿Crees que, actualmente, nuestros pícheres prestan atención durante el juego para analizar qué lanzamientos están bateando mejor los rivales?
“Claro, incluso se analiza el contrario antes del juego”.
-¿Qué opinas sobre la relación pícher-receptor? ¿Cómo se ha comportado a través de los años, para ti?
“En lo personal, he tenido muy buenas relaciones con cuantos receptores he trabajado. Debe existir muy buena comunicación entre ambos, y no haber contradicción, porque en ocasiones conlleva a un lanzamiento mal localizado”.
-Sueles decir que uno de tus rivales más difíciles era Javier Méndez. ¿Cómo lo enfrentabas?
“No tenía forma de lanzarle. Siempre me bateaba con facilidad. Solo pude poncharlo una vez”.
-Y entre los bateadores de hoy, ¿cuál te cuesta más?
“Está entre Samón y Cepeda, aunque todos son difíciles”.
-¿Algún gran bateador que, contradictoriamente, te haya resultado más fácil?
“A ninguno lo he encontrado fácil”.
-¿Quiénes integrarían tu equipo Cuba de todos los tiempos?
“Receptor Ariel Pestano, primera base Antonio Muñoz, en segunda Antonio Pacheco, torpedero Germán Mesa, tercera base Omar Linares, jardinero central Víctor Mesa, en el derecho Luis Giraldo Casanova y en el izquierdo Lourdes Gourriel, con Orestes Kindelán como bateador designado. El lanzador diestro sería Braudilio Vinent y el zurdo Jorge Luis Valdés”.
-¿Cómo lograste aquellos tres ponches con diez lanzamientos?
“Ese día me encontraba muy bien. Fue contra Camagüey. Me habían sacado del Servicio Militar directo a la serie, sin entrenar, cuando ya había comenzado. Era mi primera salida esa temporada de 2000-2001, en el noveno inning con hombre en segunda sin out. Ponché a Nelson González, Marino Luis y a Laidel Chapelli, a este último con cuatro lanzamientos”.
-¿Qué sensación te dejó la victoria en el Premier 12 ante Holanda?
“Fue una tremenda victoria contra un gran equipo al que hacía años no le ganábamos, y me sentí muy contento de lograrlo”.
-¿Por qué te llaman El Barbero de Guanajay? ¿Y por qué El Chincha?
“Barbero porque ese es mi otro oficio, y El Chincha por mi abuelo; a él también le decían así”.
-Al parecer, perseguir los 300 salvados te presionó. Pero luego de conseguirlo le has impreso una nueva velocidad a tus números.
“Sí, resultó algo difícil llegar a los 300. Sentí presión cuando se acercó esa marca. También tuve una mala preparación, debido a varias lesiones de rodilla, e incluso un accidente automovilístico un poco antes de empezar la Liga Élite”.
–Verdaderamente, Artemisa perdió a varios peloteros de cierto peso en el equipo la serie anterior. Pero igualmente propició la irrupción de otros de calidad.
“Siempre he tenido el criterio de que nadie es imprescindible en un equipo de béisbol, porque todos somos importantes: mañana me iré yo, y alguien puede hacer mi trabajo, igual o mejor”.
–A pesar de que todos queríamos mucho más, los Cazadores han tenido un gran año. ¿Cómo aprecias esta actuación?
“Estoy muy contento con el equipo y con lo que se logró. El béisbol es un deporte difícil pero llegamos hasta donde muchos no esperaban”.
Y cada vez los Cazadores pelearán por llegar más lejos. Entre sus armas está este Ángel de la guarda, que custodia y asegura los triunfos de Artemisa, y a sus 45 está como el buen vino.



