Para nadie son secretos los obstáculos en la producción de cemento, durante muchos años casi la única alternativa válida para fabricar viviendas en Cuba. Sin embargo, técnicas ancestrales reaparecen para brindar otra opción y fomentar construcciones con recursos locales. En ese empeño se desenvuelven por estos días los trabajadores del módulo de Producción Local de Materiales, El Jardín, en el municipio de Artemisa.
Donde antes “florecieron” losas hexagonales, viguetas y plaquetas, pisos…, hoy se elaboran unos 100 bloques de adobe diarios, compuestos por barro, polvo de piedra y hierba molida.
Las civilizaciones mesopotámicas de la antigüedad, comunidades indígenas de América Latina, varios grupos humanos han empleado el adobe como método de edificación, y ciertas construcciones han llegado hasta nuestros días. Y si bien el escepticismo podría atraparnos al conocer del uso de esta alternativa, gracias a su introducción, El Jardín todavía alberga esperanzas de renacer.

Luis Lorenzo Chile Veloz, el administrador, explica también el uso de ladrillo molido y polvo de piedra. “Todos los componentes se mezclan en el trompo y se colocan en moldes. Mientras hay sol fuerte, el secado demora cuatro días”.
Nunca antes se habían dedicado a los adobes; las herramientas para emprender ese camino las obtuvieron con asesoría del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y un equipo multinacional de expertos, pertenecientes a la Red Iberoamericana de Construcción con Tierra, PROTERRA, quienes entrenaron a los criollos en esta técnica.

Además, en el patio del módulo acumulan ladrillos de 5 por 10 centímetros, que van destinados a las cubiertas de varias viviendas en construcción, en áreas de la Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) Rigoberto Corcho López.
Tal procedimiento, del cual tenemos antecedentes en icónicas edificaciones del panorama nacional, como el Instituto Superior de Arte, regresa con paso firme, al tiempo que asegura mayor protección frente a fenómenos naturales, prescinde de acero e incorpora ínfima cantidad de cemento.
Soluciones desde la tierra
Expertos de distintos países y culturas, se unen a los cubanos en la urbanización de 21 viviendas, para trabajadores de la UBPC Rigoberto Corcho.
Varias casas construidas con bloques tradicionales, encuentran solución de cubiertas duraderas de bóvedas, con ladrillos.
Manuel Martell García, propietario de una de las moradas y albañil en la forma productiva, expresó su asombro por la calidad de esta alternativa. “En su montaje solo se utiliza arena, cal y muy poco cemento, pero queda firme”, asegura.

Julio Ledesma Rodríguez, otro obrero veterano, sostiene que nunca antes habían visto este tipo de construcción. “Ojalá se generalice en el país. Además de ser muy económicas, las cubiertas de bóvedas resultan más frescas en verano”.
Y esta comunidad en ciernes tendrá otra singularidad: la primera casa de adobe en Artemisa, construida como parte del proyecto, que pertenecerá a Raúl Hernández Martínez.
Allí lo encontramos a pie de obra, junto a funcionarios gubernamentales, constructores y la ingeniera civil salvadoreña Magda Nohemí Castellanos Ochoa, quien considera factible el empleo de esta técnica en Cuba, que precisa trabajo conjunto.

“El adobe es una técnica milenaria, hay muchas edificaciones patrimoniales construidas con adobe en el mundo, y en El Salvador la utilizamos, al igual que el bajareque, que aquí conocen como cujes”.
La especialista comentó que, luego de los terremotos del 2001, en su patria investigaron cómo fortalecer estas estructuras, hasta lograr un reglamento técnico para construir una vivienda de un nivel, con adobe reforzado, que exige contrafuertes, varas horizontales y verticales, los bloques de 150 libras a compresión, además de un sobrecimiento y viga de amarre en la parte superior.
“Compartimos estos conocimientos con los cubanos, porque a pesar de tratarse de un sistema que demanda bastante esfuerzo físico, permite el uso de elementos locales: tierra arcillosa, áridos, varas, piedras…”

Una de las grandes preocupaciones con el adobe es la humedad, para lo cual se ejecuta la cimentación en piedra viva. De acuerdo con Vivian Domínguez Baeza, directora provincial de la Vivienda, utiliza una mínima parte de cemento, lo más aislado posible del suelo y se recubre con mortero, que se obtiene de la mezcla de tierra, polvo de ladrillo, arena, hierba y cabecilla de arroz.
Los experimentos y combinaciones corren a cargo de Pedro Pizarro Villalobos, arquitecto y artista de la plástica, natural de Oaxaca, México. Asegura que la cal se endurece al mezclarla con arena y agregarle polvo, lo cual resulta en una especie de cemento artesanal.
En aras de lograr mayor impermeabilidad en baños y cocinas, “se le puede añadir a esta preparación la baba de la tuna, aceite de motor usado y ceniza de caña. Hay que saber mezclar nuestros áridos”, sostiene. “En México la producción de cal es prácticamente artesanal. También evitamos el uso de cemento por respeto al Medio Ambiente y a tradiciones constructivas ancestrales como esta”.

¿Quién duda de la modernidad y civilización francesas? Los que aseguran que tales técnicas pertenecen al tercer mundo, deberían conocer a la arquitecta Frédérique Jonnard, gerente de la empresa artesanal Terramano desde 2016.
“Es la tercera vez que visito Cuba. Promovemos este procedimiento, por la independencia de la industria para erigir viviendas sanas. Otra ventaja es la facilidad de los mantenimientos, con la aplicación de morteros, también de fuentes naturales, se puede alargar su vida útil. Las bóvedas son excelentes soluciones para huracanes y fenómenos naturales”.
En esta oportunidad el taller de capacitación incluyó a albañiles de nuevas formas de gestión, que puedan diseminar estos saberes y prácticas. Por lo pronto, se ha comprobado en el terreno la resistencia del adobe. Resta esperar por la durabilidad de este método, casi perdido en el tiempo, que ahora regresa como alternativa al problema de la vivienda.

