Con pasos cortos y sonrisa grande entró por aquel portón verde. Ni siquiera miró atrás para decir adiós. Ella se contuvo unos segundos. Sentía voces en un coro algo desafinado. Era la certeza de la felicidad, de estar en buenas manos. Entonces reanudó su andar a la Zona Especial de Desarrollo Mariel. Dejó a su hijo en el Círculo Infantil Carrusel de Colores, inaugurado en agosto pasado en la comunidad de Caguairán, que contempla unas 600 viviendas para vecinos y trabajadores del enclave económico.
Nacía así la institución número 50 de la educación prescolar en Artemisa, la única construida en los 15 años que se corresponden con la creación de la provincia, explica Marlenis Machín Sánchez, jefa del Departamento de la Primera Infancia, en la Dirección General de Educación.
“Responde a la demanda de madres y padres de la Zona, con 180 capacidades (125 cubiertas), pues Mariel tenía cuatro círculos y en condiciones cuestionables, uno con matrícula limitada al estar reubicado, por problemas constructivos, en otro local”, ratifica Al frente de la espaciosa y cómoda institución, Ana Ibet Gómez Laza, licenciada en Educación Prescolar, muestra salones espaciosos, con iluminación y ventilación ideales, más áreas exteriores y las de servicios con buenas condiciones.
“Antes los padres pagaban 3 000 pesos en moneda nacional, por el cuidado de sus hijos, ahora promedian 40 pesos; no obstante, nos afectan limitaciones imperdonables al lado de tanto esfuerzo”, dice.
“Nacimos en la Zona, pero somos de Educación. Ha fluctuado mucho el personal debido al salario. No hay mobiliario para las educadoras, enseres, insumos ni personal para limpiar”, afirma.
“La proteína está segura y con variedad, pero de granos solo arroz, y de vianda, hoy, por ejemplo, cala- baza y plátano, este último lo maduramos para hacer jugos y ofertar en meriendas”.
¿Y el presupuesto asignado? ¿Y las gestiones administrativas? Nebulosas respuestas y muy parecidas al resto de las instituciones, como para contrarrestar la armonía inherente a los círculos.
Machín Sánchez, aclara que del nivel central entra un mínimo de los abastecimientos necesarios. “Hay municipios donde no les falta a los pequeños ni el yogurt ni la leche, porque los gobiernos se ocupan. El presupuesto es insuficiente, pero también la autogestión”, asiente.
“Artemisa cuenta con capacidades sin cubrir por falta de demanda, aunque, es contradictorio que existen demandas insatisfechas.
“Más de 400 madres están solicitando círculos infantiles. La mayoría pertenecen a los sectores de Educación, Salud Pública y el Poder Popular. Tenemos salones cerrados por la situación constructiva y la falta de educadoras, a pesar de cubrir años de vida con 238 alternativas”, amplía, Machín Sánchez.
Senderos, en el mismo camino
En Artemisa 1 231 niños son cuidados por asistentes para la atención educativa, una modalidad conocida y aprobada para el Trabajo por Cuenta Propia (TCP). Claro, de los 110 nuevos actores en ese desempeño, hay ilegales, pero la necesidad se impone.
¿Ventajas y desventajas? Raymí Tabares, una madre TCP que opta por esa opción accedió a decirnos: “el cuido está cerca de mi trabajo y de donde vivo. Convenio los horarios de entrada y salida. La alimentación corre a mi cargo. Pago 3 000 pesos, aunque hay más modestos de 1 500. Dos días a la semana llevo al niño a las clases del Programa Educa a tu Hijo. Lo adiestran para su incorporación al grado prescolar, la educadora no va al cuido”, dice.
Casitas, entre demandas y compromisos
Pudiera hasta pensarse como una moda, pero no, la Resolución 58/2021 del Ministerio de Educación “regula la apertura y funcionamiento de casitas infantiles en empresas, unidades presupuestadas, cooperativas agropecuarias y no agropecuarias, empresas mixtas, organizaciones políticas, sociales o de masas”, con sus antecedentes desde 1993.
La Empresa de Cemento Mártires de Artemisa se aventuró con la casita Construyendo Sueños. Tiene 11 niños y capacidad para 20, a quienes proveen de todo lo material. Asumen la alimentación y la plantilla de las educadoras, con beneficios de utilidades y otros estímulos como el resto del colectivo, testificó Yamilé Tabares Esquijarosa, directora de Capital Humano.
Ideliza Sánchez Gómez, licenciada en Educación, después de años desvinculada del sector, asumió como educadora, con tres asistentes, una encargada de los alimentos.
“Hay sublimes experiencias como que el familiar de un obrero de la fábrica, sin tener niño en la casita, dona semanalmente un tanque con leche, campesinos cercanos entregan viandas, frutas, vegetales y actores económicos que tienen relaciones contractuales con la fábrica nos abastecen de jugos, proteínas y demás productos”.
Otras siete casitas infantiles dan cabida a la alegría de los hijos de madres artemiseñas en la fábrica de Cemento René Arcay, de Mariel; la Empresa Eléctrica y el Gobierno provincial, ambos en la ciudad cabecera; Comercio y la Escuela de Cadetes, en Caimito y la Empresa Azucarera Harlem, en Bahía Honda.
Tienen capacidad para 193 niños y 148 plazas cubiertas. Cuentan con las educadoras previstas y las entidades se responsabilizan con la limpieza, mantenimiento y custodia de las casitas.
El dedo en la llaga
Al cuidado de los pequeños en edad preescolar siempre se le ha puesto muchísimo corazón. Todas las alternativas son válidas y no hay familia que así no lo agradezca.
No obstante, mirar más y mejor a los círculos infantiles –creados por Vilma Espín el 10 de abril de 1961– no puede dejar de ser una prioridad. La masividad de esas instituciones no tiene relevo en ninguna de las otras modalidades.
El porqué no se garantizan los alimentos en variedad y cantidad, tiene razones justificadas; pero, ¿a nivel local se hacen todas las gestiones? ¿Se controla? ¿Se apoya?
¿Por qué en unos círculos sí y en otros no, faltan utensilios de limpieza, para la cocción de alimentos, detergente, toallas, iluminación y reconocimientos de toda índole a sus educadoras?
Mirarnos por dentro, mover el pensamiento, activar las pequeñas parcelas y huertos, concretar encadenamientos productivos, sensibilizarnos, encauzar el fortalecimiento de los círculos infantiles, donde están la mayoría de nuestros hijos, tiene que ser el camino. Aunque también se aplaudan las diversidades de otras formas de gestión, incluso, con la objetividad para crearlas.






