El público, ese que fue flechado por los Cazadores, los felicita por haberle hecho soñar; les reconoce cuánto han reforzado el orgullo artemiseño; no les reprocha, les reverencia por haber dejado la piel en el terreno… y caer con las botas puestas ante los bicampeones tuneros.
Desde el inicio lucharon contra linajes y favoritos, contra estadísticas de toda clase, hasta contra la lluvia. Perder en semifinales, a la altura del sexto juego, contra quienes se han coronado en las dos últimas series nacionales, por un marcador de 3-4 y la posibilidad real de haberse ido arriba en el noveno, dice mucho de estos hombres que dirige Yulieski González.
De hecho, para el pleito de hoy, ni siquiera disponían de ninguno de sus tres abridores principales. Recuperaban de una lesión a Andy Luis Pérez, quien fungió tiempo atrás en ese rol. Y lo relevó Leonardo Ocle.Contra todo pronóstico pesimista, ambos lo hicieron bien.
Pese a que toleraron 11 jits, apenas concedieron tres boletos y solo le fabricaron dos carreras a cada uno. Nunca sufrieron una oleada de anotaciones. Entretanto, sus compañeros batearon diez imparables: dos per cápita de Moré, Cosme y Dayán, quien empujó una carrera.
Y José Antonio Jiménez remolcó las otras dos. Por supuesto, tenía que ser dramático el final, cuando el efectivo emergente Antony Sánchez disparó doble al jardín central, fue sustituido por un corredor más veloz y, con el jit de Moré al derecho, fue puesto out en home, al tratar de anotar.
A continuación, Cosme cedió en elevado al right. La tristeza invade a estos jugadores. La vergüenza deportiva les arrancó lágrimas a Yulieski y a varios compañeros. Pero ellos no perdieron: solo apuntaron con sus flechas hacia la próxima vez. Volverán con más fuerza. Su público los espera.










