Dicen que, antes de empezar su concurso, Kohei Uchimura ya partía con puntos de ventaja ante los rivales: la dificultad del ejercicio y, después, una ejecución impecable, le aseguraban en el camino hacia la cima. Para muchos, es el gimnasta más completo de la historia.
Incluso él se confesaba obsesionado con la perfección. No importa si firmaba el mejor ejercicio nunca antes visto, sentía posible mejorarlo. De ahí esa maestría técnica cautivante, que comenzó con sus padres, también gimnastas, al punto de iniciarle en ese deporte a los tres años.
Cuentan que la combinación de una tremenda dificultad, consistencia suprema y extraordinaria elegancia de desempeño, le forjaban su peculiar mundo de belleza a través de la perfección.
Los enamorados de su arte (¿acaso el deporte no lo es?) sostienen que Uchimura pertenece a la estirpe de los últimos románticos de la gimnasia, pues, pese a la necesidad de especialización en busca de la gloria, prefería ejecutar el programa completo: barra fija, paralelas, salto, suelo, anillas y potro con arcos. Y se convirtió en el primer gimnasta (hombre o mujer) en conquistar todos los títulos principales en un solo ciclo olímpico.
Por si no bastara, logró esta hazaña dos veces, al ceñirse la corona general individual en seis mundiales (2009, 2010, 2011 y 2013, 2014, 2015) y dos Juegos Olímpicos (Londres 2012 y Río 2016).
Anteriormente, había ganado las preseas de plata individual y por equipos en los Juegos de 2008 en Beijing.
En una de sus actuaciones más memorables, promedió un puntaje mayor a 9.0 en todos los aparatos, durante el Campeonato del Mundo de 2011 en Tokio.
Cierta vez, afirmó: “No creo en Dios. Nunca tuve amuletos de la suerte. Todo lo que creo es en la práctica”.
Así, con esa mezcla de consagración e intransigencia hacia su propia carrera, sumó siete medallas olímpicas (dos oros en la lid individual y uno por equipos), además de otras 21 en Mundiales (individual completo, por equipos, suelo, barras paralelas y barra fija).
Sus seguidores no olvidan aquella rutina de barra fija en la final de 2021, con un Bretschneider incluido (Kovacs doble con giro tuck). Uchimura es una de las muy pocas personas que lo han realizado en competición.
Califican el ejercicio de suelo de la final de 2014 como un “sombrero de oro”. Y elogian el Yurchenko 2.5 perfecto en el Mundial de 2010.
En Río 2016 capturó los corazones de millones en todo el planeta: no solo compitió en las barras, la pista y el suelo; desafió la gravedad con su gracia y perfección.
Cada movimiento fue un poema en animación. Cada salto, cada giro y cada aterrizaje, emergían de años de sacrificio y compromiso. Su búsqueda de la excelencia era tenaz y su determinación inquebrantable. Competía consigo mismo, por sus sueños, por la excelencia.



