Apenas un mes después de celebrar de manera oficial los 15 de Artemisa, nos llegará una nueva edición de la Feria Internacional del Libro, con sus correspondientes versiones en todas las provincias del país.
No son los marcos de este evento, al menos fuera de la capital, tierra fértil para surtir nuestras redes de bibliotecas y librerías. Hay que esperar siempre a que se agoten los ejemplares en venta para enviar entonces parte de los volúmenes sobrantes a estas instituciones.
A lo anterior se suma el hecho de que la era digital coincide con la desaparición casi total, de las posibilidades de publicación de libros impresos, por parte de nuestro sistema editorial, haciendo de paso una notable contribución al aspecto desolador de las estanterías. Y digan lo que digan, todavía la mayoría del público lector de este país, prefiere el libro impreso.
Con independencia de lo anterior, hay temáticas más deprimidas que otras, en cuanto a frecuencia de publicación. Una de ellas es la historiográfica. Y desde mi experiencia muy particular, más que publicar nuevas obras, estamos necesitados de volver sobre algunas ya publicadas hace años, con tiradas que se agotaron de inmediato y que a tono con la necesidad actual de reforzar el conocimiento de la Historia local y nacional, desde las aulas y fuera de ellas, resultan imprescindibles.
Valga solo el siguiente ejemplo, uno de los tantos que por experiencia propia como historiador y docente, puedo citar. ¿Cuántos estudiantes de diferentes grados andan en ocasiones por todo el barrio, buscando un libro sobre el asalto al Moncada, la epopeya del Granma, la lucha guerrillera, clandestina, o sobre cualquier otro tema del período de lucha insurreccional?
La no existencia de materiales que puedan darle respuesta en librerías y bibliotecas, o el mal estado en que ya se encuentran en estas últimas, deja a los interesados sin opciones. Se acude pues, al espacio digital, donde sabemos hay de todo y si no se escoge bien, se hacen víctimas los estudiantes y padres de interpretaciones incorrectas que solo conducen al desmontaje de la Historia.
En el caso particular de Artemisa, en frecuencia con los 15 años de la provincia y de la amplia participación de sus hijos en la etapa de lucha insurreccional, vendría muy bien que se publiquen y tengamos acceso a títulos que a veces solo se encuentran en colecciones particulares.
Tenemos acá el Mausoleo a los Mártires de Artemisa. Mejor si como complemento contáramos con una nueva edición del libro Rescate de honor, de la autoría de Jorge Renato Ibarra Guitart, publicado por la Editorial Oriente, en el año 2002. No hay un material bibliográfico que mejor explique cómo fue el proceso heroico de rescate de los cadáveres de nuestros moncadistas en Santiago de Cuba, Bayamo y Siboney; evitando que la tiranía los desapareciera luego de exhumarlos a los dos años de su despótico entierro.
Provechoso sería también que en algún momento se reedite El artemiseño que rescató a Fidel, de la autoría de Enrique Garcés Montero, que trata sobre la vida del moncadista artemiseño Ricardo Santana, quien ayudó a Fidel a escapar de la muerte tras el asalto al Moncada.
Fuera de sus municipios de nacimiento, son desconocidos todavía en la provincia los tres mártires que tuvo Artemisa en el levantamiento del 5 de septiembre, en Cienfuegos: Dionisio San Román y Julio Constantino Pérez Gómez, ambos de Bauta y Alejandro González Brito, de Caimito. Un compendio con las biografías de todos los caídos en aquella acción, publicó la Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado en 2017, el mismo sello por donde vio la luz otro material con las biografías de los dos artemiseños que murieron en el asalto al cuartel Goicuría: Julio García Rodríguez, de Artemisa y José Ramón Tosca Ávila, de San Cristóbal; menos conocidos que los héroes de la gesta de Cienfuegos.
Más conocidos son los artemiseños moncadistas y expedicionarios del Granma, lo que resulta directamente proporcional con las varias veces que se han publicado volúmenes con sus biografías, sin que esto quiera decir que no sean necesarias nuevas reediciones.
De la gesta del 26 de Julio de 1953, Mario Mencía Cobas escribió El grito del Moncada y El Moncada. La respuesta necesaria. En ellos habla de nuestros moncadistas (Son 42, de 7 de nuestros 11 municipios y 28 de ellos salieron del pueblo de Artemisa). En su libro La prisión fecunda, el propio Mencía se refiere a los 7 artemiseños moncadistas que estuvieron en prisión en Isla de Pinos. En otro libro suyo: Tiempos precursores, aborda el tema de los preparativos del Granma y su desembarco. Incluye por supuesto a los 11 expedicionarios de esta tierra.
Igual de imprescindible es el libro de Marta Rojas El juicio del Moncada, donde aparecen referencias a los coterráneos llevados a tribunales por la causa 37.
Otras obras publicadas por esta autora abordan los sucesos del Moncada: El que debe vivir, galardonada con el Premio Casa de las Américas, en 1978, en el género de testimonio.
En este, narra el combate desde la posición del Hospital Civil en Santiago de Cuba, defendida por Abel Santamaría y sus compañeros, como apoyo a quienes combatieron en los muros del Moncada.
Fue el primer libro por el que se pudo conocer de los dos artemiseños que estuvieron junto a Abel: Tomás Álvarez Breto y Ramón Pez Ferro.
En La cueva del muerto, novela histórica aparecida en 1983, versionada en el cine por Santiago Álvarez con el título Los refugiados de la cueva del muerto, Marta Rojas describe lo sucedido con tres artemiseños que se refugiaron tras el asalto, en la cueva del muerto: Ciro Redondo, Julito Díaz y Marcos Martí, este último, asesinado.
Ramón Pez Ferro, a su vez, escribió el libro El único sobreviviente, en el que narra las peripecias que vivió después de su participación en el asalto, a las órdenes de Abel, en el Hospital Civil Saturnino Lora. De aquella acción sobrevivieron las dos mujeres: Melba y Haidée. Y un solo hombre, Pez Ferro. Ese libro lo publicó la Editorial José Martí, en el año 2014.
Mario Lazo Pérez, artemiseño y moncadista, escribió el libro Recuerdos de Moncada, y junto con su hijo Mario Lazo Atala, escribió la biografía del Patriota Insigne de la provincia Ciro Redondo, Capitán del pueblo. Otro hijo de la Villa Roja, José Trujillo, escribió el libro Julio Díaz González, una biografía de ese moncadista nuestro que cayó en el combate de El Uvero.
De los combatientes clandestinos de Artemisa se ha publicado un solo libro: Dolor y Clarinada, biografía de Orlando Nodarse Verde, de la autoría de Humberto Trujillo Hernández y publicada por Ediciones Donde hay agua (Un sello editorial del municipio de Guanajay).
¿Cuándo podrán tener su reedición estos materiales tan valiosos y necesarios para el conocimiento de nuestra historia local y nacional?
El último de los títulos publicados sobre los sucesos del 26 de Julio, a cargo del sello editorial Verde Olivo, en soporte digital, fue Del Moncada. Los muchachos de Artemisa, escrito por las periodistas Felipa Suárez Ramos y la artemiseña María de las Nieves Galá. La excelente acogida que ha tenido entre el público lector es una muestra de que, a pesar de los tiempos difíciles que vivimos, hay temas y libros que serán siempre esperados, necesarios y bien recibidos.



