El recuento de una década y media atrás, abrazos y sonrisas, las anécdotas de cómo empezó todo, el día que tuvo que hacerse más largo, los esfuerzos de quienes aún no se detienen, algunas cintas cortadas, nuevas obras para disfrute popular, los tonos tenues de un 9 de enero con mucha voluntad… ¡Así fueron los 15 de Artemisa!
Orgullo de muchos decir: yo estuve ahí. En la primera piedra, en quien levantó ese edificio o cimentó el vial, en quienes trazaron el plano del cine o trasladaron arena y cal. Estuve, cuando a la cultura le dio por distinguir y no hubo vecino que no se sintiera parte de la quinceañera que, sin saberlo quizás, celebra su edad de oro.
Unos respiran satisfechos. Limpiaron, pintaron, engalanaron, construyeron; sin embargo, una parte siguió en silencio. Ni el murmullo de los 15 logró moverlos de lugar. Tampoco se extinguió el basurero, ni la hierba en la acera, ni se iluminó el portal.
Y ellos, los más quietos, también son parte de los poco más de 400 000 habitantes de una provincia que, si bien no ha logrado su identidad, ha sido capaz de andar segura, con la certeza de sus baluartes, la mayoría en su propia gente.

Ya pasó la fecha esperada en cualquier familia, la de los 15. Juntamos ideas y saberes para una festividad que no tiene otra oportunidad de celebrarse. Soñamos y el acierto estuvo en ser capaces de hacer realidad los empeños.
¡Que se pudo hacer más! ¡Que faltaron manos y tal vez corazón! Puede ser verdad. Pero esta fiesta fue para Artemisa, porque se la merecía. No la diosa de los mitos paganos ni la tierra roja de Pinar del Río, sino la nacida el 9 de enero de 2011, con un manojo de 11 municipios.
Artemisa andará vestida de quinceañera otros 12 meses más este 2026. En todos está el demostrarle a Cuba que sus fértiles tierras y sus bahías de aguas profundas apuestan por el futuro, por estar habitadas de gente buena que seguirá diciendo con orgullo. ¡Yo soy artemiseño!


