En la carretera que conecta a La Habana con San Antonio de los Baños está enclavada Escuela Elemental de Arte Eduardo Abela, prestigiosa institución que nació en 1980, primero como Academia Provincial de Artes Plásticas y desde el curso 2012-2013 como centro de formación de profesionales de la música, el teatro y la danza en Artemisa y Mayabeque.
La imagen del Bobo de Abela, da la bienvenida al visitante. Los hechizos de Raymundo Valenzuela, Enrique Jorrín, Silvio Rodríguez o Pancho Amat, danzan cual mariposas. Tocan la invisible magia de quienes sueñan despiertos en busca de sus propias utopías.
Los acordes de la guitarra y el tres, se unen a las melodías del piano, en tanto clarinetes, saxofones y otros instrumentos llenan de música cada espacio, mientras los estudiantes de danza y teatro andan inmersos siempre en un nuevo espectáculo.
Allí se respira cultura en cada rincón. Albergues, aulas, tabloncillos de ensayo, una biblioteca, el almacén y las áreas deportivas, son testigos de la consagración con que cada uno asume su disciplina y trata siempre de hacerlo lo mejor posible, a la par que los profesores y demás trabajadores se encargan de garantizar el bienestar de los estudiantes.
El administrador coordina la llegada de la guagua para la salida de los profesores. Las compañeras de la cocina elaboran el almuerzo. Los profesores imparten la apreciación musical o las matemáticas. Sin dudas todo un mosaico de vida en bien del arte.
Es la escuela ese paraíso donde convergen amor y talento. Todos miran el futuro de la música, la danza o el teatro. Bajo la sombra de los framboyanes, encuentras niños de quinto y sexto grado, en los ensayos de las diferentes lecciones. Cursan carreras de corto y mediano plazo hasta el noveno grado. Después se someten a rigurosos exámenes para el pase de nivel.
Arianna Herrera Cruz, licenciada en Educación Musical y natural de Guanajay, tierra de Maria Teresa Vera, es la directora de esta institución que mucho ha hecho por perpetuar el legado de los grandes músicos de esta provincia. Ella dirige un claustro comprometido, en el que encontramos rostros como los de las profes Adela, Heidy y Talía, o el profe Leonardo, encargado de las lecciones de saxofón.
Massiel Nieves Aguilera, joven profesora de percusión, natural de San Antonio de los Baños y egresada de la propia escuela, está en la lista de quienes decidieron quedarse y comprometerse con la formación del relevo. Rodeada de niños, educa, orienta, corrige. Entre el sonido del bongó, el timbal, la caja clásica y el platillo de la batería, vive su día a día.
Viejos recuerdos le invitaron a permanecer. Los sonidos le atrapan. Se desdobla en dulzura y paciencia, para alcanzar en los infantes la madurez a la hora de tocar cada instrumento. Entonces es feliz. Brillan las pupilas. Sonríe al disfrutar el triunfo de sus alumnos después de cada lección.
Creatividad, experiencia de los docentes, depurada técnica y muchos deseos, simbolizan el papel protagónico de hermosas historias, todas tejidas con el corazón henchido de placer, para llegar a convertirse en profesionales de las artes.



