Sin cultivar ni fabricar tabacos en las mismas cantidades que otrora hicieron prósperas a estas tierras, es Artemisa un territorio que desde ese rubro hoy hace aportes considerables a la economía del país.
Alto y claro hablan al respecto la Empresa Tabacalera Lázaro Peña y la Empresa de Tabaco Torcido Artemisa. Subordinada a esta última, la UEB Carlos Rodríguez Careaga (conocida como Villamil), ubicada en el municipio de Artemisa, es muestra del trabajo diario de un colectivo disciplinado, estable, consciente del alcance de su labor y comprometido con la calidad de sus producciones de tabaco torcido para el consumo nacional e internacional.
Villamil en el tiempo
El libro inédito Historia de Artemisa, obra de un colectivo de autores, señala que la fábrica de tabacos Villamil llegó desde Güira de Melena a la Villa Roja en 1944, cuando este pueblo estaba marcado por el buen oficio en las escogidas de Santibáñez, de Bastón, de Luis y Vicente Díaz. Eran reconocidos entonces los despalillos de Javier Fernández, el de Las Cañas y el de Smith y Co. (Hoy fábrica de tabaco Villamil). Asimismo, eran notables por sus buenas hojas varias tabaquerías y pequeños establecimientos en los que se torcían tabacos, que por su calidad también presumían de tener muy buena demanda.
Según el libro de referencia, a fuerza de tiempo, laboriosidad, destreza en el torcido manual y empleo de la mejor hoja de la región de Vueltabajo y del centro del país; los puros de Villamil se fueron imponiendo en el escenario competitivo nacional, en España y Estados Unidos, con varias marcas patentadas: Washington, Puros Habanos, Villamil, Monte Rosa, Elena, Milton y Villiken.
Nuevas generaciones y el mismo compromiso
De entonces a hoy ha llovido bastante, pero Villamil no deja de fabricar tabacos de excelente calidad. Después de pasar por un necesario proceso de reconstrucción que obligó a la reubicación de la mayoría de su personal en otro establecimiento fuera del municipio, en la fábrica se labora para en el futuro no lejano poder lucir sus mejores galas.
Alberto Sarasola Hernández es su Director desde hace poco tiempo, pero trabaja en la tabaquería desde hace años. Informó que no tienen cubierta la plantilla, pero han llegado a conformar un verdadero colectivo, que no solo se preocupa por cumplir normas y ganar altos salarios, sino que piensa también en el plan general de la UEB y que cuando ha sido necesario para cumplir los compromisos de producción, han habilitado horarios diferenciados, medida que ha dado excelentes resultados.
“Gracias a eso nuestras producciones de la marca Romeo y Julieta, H Upman, Fonseca, Juan López, Partagás, Montecristo y Cohíba; han alcanzado reconocimiento de calidad dentro y fuera de Cuba”.
Añadió Sarasola que en el área de almacenes no están al 100 por ciento de su explotación, pues falta una parte del piso, la pintura y otros detalles de la terminación, lo que hace que aún no sean óptimas las condiciones de trabajo.
No obstante, cuando el equipo del periódico llegó a la tabaquería, advirtió de inmediato el orden, la disciplina, el buen trato y, sobre todo, personas muy laboriosas y centradas en sus respectivas áreas.
Quienes trabajan en los servicios, en Materia prima, Rezago de capa, Taller de torcido y en Terminado; conversan como en familia, atienden a sus jefes de brigada, hacen preguntas, escuchan por altoparlante la voz de la lectora que los deleita con textos inteligentemente escogidos o con llamados de atención de sobre los temas más diversos.
El personal puede incluso salir del área por determinada necesidad; sin embargo nadie se aleja más allá del espacio ni del tiempo prudencial. Cumplir su norma con calidad y dentro del horario establecido es su divisa y demanda de voluntad, empeño y cultura del detalle.
José Córdova Díaz es tabaquero hace más de 20 años. Su salario es de los más elevados entre quienes tuercen la hoja. “Es una tarea difícil, porque mantener la asistencia y el rendimiento diario, depende del apoyo de la familia, de la buena salud del tabaquero y hasta de las variables meteorológicas”.
Eso hace que se preocupe por asistir a la tabaquería bajo viento y marea, asumiendo el torcido del tabaco como una tarea constante, con la misma pulcritud, minuciosidad y cuidado con las que hacen su obra los relojeros o labradores de joyas.
Y es lógico que así sea, nos explicó Dudeivys Herrera Echeverría, con 30 años de experiencia en el oficio y que ahora se desempeña como Jefa de brigada. “Cumplir o sobrepasar la norma, pasa también por el hecho de que sus tabacos reciban el mejor criterio de la pruebas en el área de Calidad, muy exigentes, tanto para las producciones nacionales como las que tienen destino internacional”.
Alega Duleivys que los controles son rigurosos en la selección de la hoja, en el taller de torcido y en las posteriores valoraciones de calidad, debido a que los destinatarios son exigentes y debemos mantener el alto prestigio ganado por nuestros tabacos en todos los mercados.
El amor en Villamil
Una máxima acompaña a los trabajadores de Villamil “Nuestra fortaleza es la herencia”. Les sobran razones para hacerla suya. Este lugar se distingue por contar históricamente en su plantilla con no pocas personas que llegan a sobrepasar allí los 40 años de trabajo, lo que muy bien habla de las tantas experiencias acumuladas y de su compromiso y entrega al centro.
A esto se suma que a lo largo del tiempo laboran juntos en la tabaquería varios grupos compuestos por integrantes de una misma familia. Y como si no fuera suficiente, se ha perdido la cuenta de la cantidad de personas que encuentran el amor en Villamil.
Siendo imposible mencionar todos los casos, refiero solo algunos. De sus 55 años de edad, Roberto Pérez Herrera lleva laborando 33 en Villamil como tabaquero, pesador acondicionador y agente de seguridad y protección, pero desde antes de la edad escolar ya correteaba por el lugar tras los pasos de su abuela Irene Díaz Álvarez, trabajadora de la tabaquería hasta su jubilación. Dos hermanas de Roberto laboran allí, una como Jefa de brigada y otra como auxiliar de limpieza.
Regla Cintas Jaime es tabaquera y comparte escenario laboral con sus hijos Yusisleydis y Jorge, mientras que Lorenzo Díaz Rodríguez tuerce orgulloso la hoja bien cerca de su hijo Yassel, igualmente tabaquero.
Daylenis Mojarena Lorenzo es muy joven y se desempeña como jefa de producción. Heredó en la niñez el apego por la fábrica, gracias a sus padres tabaqueros: Gerardo y Alejandra.
El octogenario Rolando Duarte Álvarez va por 65 años y más en el sector tabacalero. Labora en el área de Rezago y según sus compañeros le sabe al tabaco como a su propia casa. A pesar de su vasta experiencia, no deja nada al empirismo, no separa su vista de la hoja y cada selección es para él tan importante como el mejor producto final.
Muy cerca de Rolando, trabajan Esteban Felipe Hernández, con 28 años laborando en Villamil y su sobrina Dayanis Díaz Felipe, quien no rebasa los 20 años de edad e inspirada en el tío ya tiene en su haber cuatro meses en el centro.
Con el apoyo de Hilda Valdés Martínez, especialista principal de Recursos Humanos y de la lectora Maribel Pilar Sierra Collazo, pudo el periodista confeccionar un amplio listado de actuales trabajadores que han encontrado su media naranja en Villamil.
Suman 15 las parejas conformadas. Aun cuando todas lo merecen, razones de espacio obligan a comentar solo sobre una de ellas. Gissell Massip Villena trabaja en Recursos Humanos. Norkis Santana Díaz es Jefe de brigada de Materias Primas. Durante muchos años fueron vecinos y según ella nunca se vieron con otros ojos. Pero la llegada de ambos a Villamil los unió en feliz matrimonio.
Más historias del tabaco
Un poco más lejos de la cabecera provincial, en el candelariense taller El Vizcaíno, devenido brigada de la UEB Carlos Rodríguez Careaga, debido a la disminución de trabajadores en su plantilla, mantienen el rigor en la producción y el cumplimiento de los planes e indicadores como parte de la Empresa de Tabaco Torcido Artemisa.
De un plan de 20 070 unidades de tabaco para el consumo interno del país, ya tienen listas 26 000 para vender este año, asegura el director del centro Elieser Fernández González.
“Nosotros tenemos torcedores dedicados a la producción para el consumo nacional, con una norma de 225 tabacos diarios, pero hacen unos 900 y hasta 1 000 en el día, buscando el sobrecumplimiento; eso nos impulsa a lograr cifras muy superiores al plan”.
El joven director refiere no quedar de brazos cruzados ante la disminución de la fuerza de trabajo, agradece la eficiencia de su colectivo, pero sabe la importancia de atraer más personal.
“Pese a tener incompleta la plantilla de torcedores y a la acumulación de certificados médicos por problemas de salud, logramos cumplir; sin embargo necesitamos sumar a más personas, por eso tenemos el curso activado, hay cinco muchachos preparándose y ya en el mes de marzo habíamos graduado dos.
Asegura que el sistema salarial es atractivo. “Tenemos salario por destajo, los torcedores tienen su sueldo básico que depende de una norma, después buscan un rango que es por sobrecumplimiento, algunos han llegado a cobrar de 20 000 y hasta 37 000 pesos”.
La disponibilidad de materia prima no es un problema para esta brigada; el suministro es estable en el área de despacho desde la UEB, se procesa rápido para que los torcedores trabajen con las diferentes capas en cada surtido, en estos momentos hacen tabaco figurado y tabaco de exportación.
Rostros jóvenes como el de Yariel Ramírez Gavilán hablan de la perpetuidad de la tradición tabacalera. Él ha sido ganador de competencias de la marca Habano y ahora mismo realiza una de las más rigurosas vitolas que se hacen en la fábrica. No para de torcer mientras conversa con nosotros.
“Las habilidades las he ido adquiriendo durante mis 8 años de trabajo en la empresa de tabaco Habano S.A. Tengo 34 años y en el 2016 exactamente me interesó el arte de confeccionar tabaco, tenía amigos que eran torcedores y dije: vamos a aprender y echarle ganas. Este es un arte, he ido a diferentes competencias y ganado varios premios. En estos momentos estoy haciendo el robusto de Cohiba, el rango más alto de la octava categoría.
“He hecho séptima, novena; un torcedor se gradúa con séptima, la vitola Mareva y de ahí vas ascendiendo según tu rango, según las decisiones de los técnicos que evalúan tu calidad”, explica.
El área de terminado tiene un equipo pequeño de trabajadores, es allí donde dan el acabado al tabaco, lo escogen, filetean, anillan y embalan; ya después sale a la venta y a la exportación.
Aquí también pasea la eficiencia; se hace tangible en la destreza de personas como Idamys Calderón Alonso, la anilladora, quien procesa ella sola todo el tabaco a anillar diariamente en el Vizcaíno.
¿Cómo es posible cumplir usted sola todo el plan del día, de la semana, del mes?, le pregunto.
“Con normas, cumpliendo y sobrecumpliendo; son unas 3 000 y hasta 4 000 unidades diarias, claro, he tenido alumnas para enseñar y ahora pienso preparar a otra más, para cuando yo no esté pueden hacer este trabajo. Pero mientras tenga salud y fuerza lo seguiré haciendo; también soy catadora. A mí me gusta lo que hacemos aquí, es una herencia además, porque mi mamá era despalilladora.
Otro motivo para permanecer, según me cuenta, es el salario. “Mi básico es de 2 660, pero llego a cobrar hasta 14 000, por los resultados”.
Por el propósito de ser eficientes y eficaces, también se trazan estrategias de acuerdo a las situaciones que se presentan, pues aunque el suministro de la materia prima es estable, en ocasiones se retrasa el abastecimiento de los elementos de etiquetado y embalaje o hay afectaciones por la situación energética. Ante este tipo de percances u otras circunstancias poco favorables, toman alternativas.
“El horario está establecido de 7:30 a.m. a 5:00 p.m., pero tomamos la decisión de abrir la fábrica a las 6 de la mañana, hasta las 6 de la tarde; los trabajadores están de acuerdo porque el sobrecumplimiento se paga bien. Así vemos más productividad y le mejoramos el sistema de trabajo a ellos respecto a los apagones y se ve la calidad en el tabaco”, apuntó Elieser Fernández González, director de la entidad.
Entre desafíos, planes, sobrecumplimientos y alternativas se mueven los tabaqueros de Artemisa, consientes de sostener una herencia que prestigia a Cuba en el mundo y con cuyos ingresos se mantienen programas sensibles como la Salud y la Educación para beneficio de todos los cubanos.
Por: Daniel Súarez y Yemmi Valdés