En el Callejón sin nombre, Finca San Leonardo, en Güira de Melena, el gran portón que da la bienvenida al visitante atesora gratos recuerdos de hace apenas unos años, cuando transportes de varias zonas del país llegaban en busca de los medicamentos naturales que allí producían.
Hoy el objeto social de las 13,4 hectáreas que conforman la Finca de Plantas Medicinales, ha quedado reducido solamente a la producción de material vegetal seco, en tanto sus nueve trabajadores emprenden un nuevo camino que quizás pueda retornarlos al esplendor de antaño.
Agrupados hace un año como Colectivo Laboral, ellos son los encargados de proveer de materia prima a varios centros de producción local de medicamentos del territorio, más otros compromisos con Labiofam y el Centro de Investigación y Desarrollo de Medicamentos, al cual pertenecían antes de pasar a la Empresa Agropecuaria Güira de Melena y luego constituirse como Colectivo.
Carlos Alberto Rodríguez Ferradá, su director de antaño y ahora jefe del colectivo, recuerda con nos- talgia la época dorada en la que llegaban a producir más de 6 000 frascos diarios de jarabes de distintos tipos allí mismo, en el laboratorio debidamente certificado, con todas las condiciones y un personal calificado que quedó excedente tras la decisión de que cesara su dependencia del CIDEM y pasaran a la Empresa Agropecuaria de la localidad.
“Insistí mucho con las autoridades de la provincia para que se mantuviera esto aquí, pero finalmente se llevaron el equipamiento y quedaron muchos trabajadores excedentes. Ahora hay un interés marcado de recuperar cuanto hacíamos y el Comandante de la Revolución José Ramón Machado Ventura nos visita sistemáticamente, además de que la Empresa Agropecuaria ha apoyado con la entrega de algunos recursos”, asegura.
Leyanis González Pérez, especialista de la Empresa Agropecuaria local y muy ligada al desarrollo de la finca, explica que conocen de las limitaciones en el riego y buscan alternativas para apoyarlos, dada la importancia de esta actividad en un momento en que la medicina natural bien puede ayudar a minimizar los efectos del déficit de medicamentos.
Igualmente aspiran a reparar el autoclave del laboratorio, pues quieren reactivar la producción y cerrar ciclo. La intención incluso es que puedan constituirse como Mypime, pues esta forma de gestión podría facilitar el acceso a recursos a partir de los ingresos que sean capaces de generar.
Aunque con una capacidad de secado también limitada, allí encontramos plantaciones de mango, copal, majagua, guayaba, romerillo, caléndula, orégano, flor de Jamaica y otras de mayor demanda de agua como el tilo, la hierbabuena o la menta.

A Labiofam le entregan cúrcuma, almácigo, escoba amarga, romerillo y nim, mientras que para el CIDEM envían tallo de plátano y flor de majagua. Destaca como positivo también el que obtengan allí sus propias semillas, lo cual además les aporta garantía en la calidad del producto final.
De manera general, cumplen su plan anual de material vegetal seco, lo cual logran también gracias a contratos con productores que aseguran parte de la materia verde y luego aquí hacen las labores poscosecha.
Isabel Hechevarría López es técnico medio en Agronomía y ha dedicado más de 40 años al campo. De hecho, tras su jubilación, decidió reincorporarse para seguir atendiendo sus plantas. Ella también da fe del esplendor de antaño, cuando cerraban ciclo y producían allí variedad de jarabes, entre ellos el de orégano, muy demandado.

Del campo a la farmacia
Mucha demanda suelen tener los productos naturales, por sus conocidos beneficios; la poca probabilidad de reacciones adversas y el bajo importe en farmacia, pese a la reciente actualización de los precios, de ahí la necesidad de revitalizar este programa que empieza en el campo y continúa en los centros de producción local de medicamentos.
En la Unidad 222, de Güira de Melena, encontramos a varias trabajadoras envasando jarabe de tilo. Marielis León Fernández, especialista en productos farmacéuticos, asegura que no todos los meses es posible cumplir el plan, pues además de la materia seca necesitan de otras materias primas, entre ellas el azúcar, no siempre disponible.

Aunque en su localidad existe la mencionada finca, la mayoría de sus materias primas llegan desde Alquízar. De hecho, Rodríguez Ferradá menciona como principal cliente al municipio de San Cristóbal, con su CPL y el Proyecto de Desarrollo Local La Botica de la Abuela, donde venden medicamentos elaborados y la materia vegetal seca, lista para preparar infusiones.
Entre las proyecciones de la finca está la siembra de stevia, un edulcorante natural de mucha demanda pero del cual aún no han podido sembrar nada porque demanda mucho riego.
Asimismo buscan extender la producción de la menta piperita, de amplio uso en la elaboración de pasta dental, un producto que demanda gran cantidad de ingredientes, muchos de estos importados.
Inquieta a esta reportera, el hecho de que no cuenten con al menos un punto de venta de plantas medicinales o de materia vegetal seca en la propia localidad. Ello, además de generar ingresos, bien podría fomentar la cultura de acudir a los remedios caseros para dolencias menores, sin tener que recurrir a los fármacos. Es una tradición de los abuelos que bien pudiera rescatarse tal como intentan en San Cristóbal con su Botica de la Abuela.
Más allá del perceptible dolor por cuanto se ha perdido, allí se sigue respirando sentido de pertenencia y amor al trabajo, elementales cuando de recuperarse y emprender nuevos proyectos se trata. El país necesita hoy de las plantas medicinales para atenuar el déficit de medicamentos y obtener materias primas para desarrollar nuestros propios fármacos y productos de aseo y belleza. Poner en manos de esos hombres y mujeres más empeño, voluntad y recursos es imprescindible para impulsar tan importante tarea.




