De la igualdad de género se debate con frecuencia en nuestro devenir, aunque todavía nos queda mucho por conquistar en ese, uno de los caminos hacia la justicia que asume como consenso una parte de la humanidad.
María Elena Fish Rivero, al frente de un taller principal en La Empresa Mecánica Basilio Caraballo Domínguez, conocida como FAME, en San Cristóbal, ya tiene una impronta en el sector metal mecánico y cuenta su experiencia al frente de una brigada de 20 hombres en la actualidad.
Hace un alto en su rutina dentro de la nave y con la banda sonora habitual en el taller, comienza a hablar a un ritmo rápido que no impide la expresión de sus emociones:
“En esta área, el objeto social es hacer andamios, trabajo aquí hace casi un lustro, pero en FAME, empecé el 19 de septiembre de 1996. Soy graduada de Montaje Eléctrico Industrial. Estuve durante años en el departamento de mantenimiento de la empresa y desde el año 2020 me inserté en esta área”.
No puede evitar describir sus labores diarias y explicar en qué son útiles para la sociedad: “Hemos hecho algunas producciones alternativas, en apoyo a diferentes sectores y tengo trabajadores aportando a la Zona Especial de Desarrollo de Mariel. Colaboramos también con el hospital, sobre todo tuvimos la misión de hacer y reparar camas para la atención a pacientes con Covid 19 en los momentos más complejos de la pandemia. Asimismo, fabricamos varios tipos de andamios como líneas de producción, según las especificaciones de montaje.
“Aquí soy responsable de 21 personas contándome, casi todos jóvenes, muy preparados. Estoy entre los más antiguos en la empresa, el trabajo del taller lo domino bastante bien”.
¿Siempre ha dirigido hombres? Es una pregunta que se impone.
“Siempre he trabajado con hombres. Aquí, mujer, solo ha pasado la técnica de producción, nadie más. Soy solo yo dentro del taller con ellos, sus diferentes carácteres y distintas edades.
Y aunque asegura que la compenetración con hombres a veces es un reto, en su caso confiesa que no ha sido difícil”.
“Predomina la confianza, el respeto, y mucha disciplina y responsabilidad ante el trabajo. Este es un lugar donde hay que cumplir normas de protección. En esta área, dentro de nuestros objetivos, uno es cuidar al trabajador y en eso no se cede, hay que ponerse los medios de seguridad, todos usamos cascos y tomamos las medidas pertinentes con carácter obligatorio”.
Además de velar por la salud y la seguridad en el día a día, María Elena es celosa con el cumplimiento de todas las tareas.
“El nivel de exigencia es permanente y está claro que donde empieza el deber, termina la amistad. Tenemos un buen colectivo, sabemos cómo responder ante el trabajo, hacerlo con calidad, rapidez, para que las producciones queden con todos los requisitos. A veces es difícil, porque no tenemos todos los recursos, o las condiciones parecen ser poco idóneas, pero hay que innovar, crear nosotros los recursos, con amor por lo que hacemos y sobre todo, sentido de pertenencia.
“En este colectivo, el sentido de pertenencia es bastante alto. Mis trabajadores son bastante responsables y sienten amor por lo que hacen, de lo contrario, la empresa no sería lo que es”.
Entre tanta exigencia, se percibe sin embargo un ambiente de cordialidad. Al indagar en cómo le hace para lograrlo, María Elena alude a la disciplina como carta de triunfo. “La disciplina aquí es prioridad, lo que no quiere decir que no tengamos una buena relación y un buen ambiente, pues vivimos y compartimos los mismos objetivos, de ahí que muchas veces hagamos un alto para explicar nuevas decisiones o buscar entre todos como innovar para sortear limitaciones.
Con orgullo sostiene la exquisitez de todo su equipo para mantener la calidad de las producciones. “Aquí me siguen, saben que una mujer va a mirar cada detalle y asumen eso como algo positivo, así lo siento”.