Las raíces de la tradición automovilística cubana tienen su génesis en el municipio artemiseño de Guanajay. En este pueblo concluyó la primera carrera de autos en el país (1905), y nació María Constancia Caraza Valdés (1892–1977), conocida como La Macorina, pionera en el manejo de autos.
“Ha pasado a la historia como la primera mujer poseedora de licencia para manejar automóviles en Cuba, un privilegio reservado, en la década de los años ’20, solamente a los hombres. Ella consiguió ese privilegio en virtud de que se movía en la alta sociedad de la Cuba republicana”, afirmó Rebeca Figueredo Valdés, historiadora de Guanajay.
“Yo poseía los mejores automóviles de la época, y todos me fueron obsequiados por aquellos amigos cuyos nombres me niego a revelar»
» En 1917, ¿quién que llevara faldas se atrevería a manejar? Pero a mí me daba igual que me elogiaran o vituperaran; por cierto, sufrí solo un accidente de 1917 a 1934”, confesó La Macorina a Bohemia, en octubre de 1958.
Según el estudio realizado por el Centro de Experimentación y Seguridad Vial (CESVI), de Argentina, “las mujeres solo se ven involucradas en el 24.3% de los accidentes, frente al 75.7% de los hombres. Aunque estos resultaron con una mayor habilidad técnica en brazos y piernas, las féminas invierten más tiempo en cada maniobra, lo que genera una mayor precaución y resulta en menos accidentes”.
Tal parece que, no muy alejada de la realidad cubana, “durante 2018 las mujeres transportistas guanajayenses no incurrieron en ninguna infracción de tránsito, mientras los hombres son responsables de los 24 accidentes automovilísticos ocurridos en el municipio”, resalta Marta Leonor González, oficial de Información y Análisis de la PNR en Guanajay.
Y del batey del central Abraham Lincoln, muy cerca del poblado Pijirigua, en Artemisa, es Idania Perea León, la primera y única mujer que maneja una guagua de gran porte, como las Yutong. Entretanto, Leonor López Zayas, quien vive en Guanajay, luego de 35 años de labor ininterrumpida en el sector del transporte, reconoce que “manejar automóviles durante mucho tiempo, me permitió romper las barreras del machismo presentes en Cuba después del triunfo de la Revolución, de las cuales quedan vestigios, aún en pleno siglo XXI”.