Tranquilidad y silencio pudieran ser las características principales de este hogar. Pero hay muchísimo más para resaltar en la casa de renta Don Agapito, ubicada a pocos metros del Orquideario de Soroa. Hasta allí llegó el artemiseño, sin avisar, y no hubo titubeo en atendernos.
Juan Carlos y Yamilín eran maestros. Un buen día, el esposo tuvo que regresar a la casa de los padres. Dos razones: había conseguido trabajo nuevo, y quería cuidarlos mejor. Ella, sin dudas y como buena esposa, fue con él.
Años después nace Don Agapito. “Es un negocio familiar, abierto desde 2006. Ahora solo somos mi esposo y yo; antes mis suegros estaban vivos y también asumían tareas en la casa”, comenta Yamilín, quien está al frente de la empresa.
Con el nuevo milenio, el trabajo no estatal ha proliferado en la zona. Hacia 2006 apenas existían unas pocas opciones; en la actualidad suman 38 casas de renta en desarrollo, según datos de la Delegación artemiseña del Turismo.
Honor a Agapito
Esta villa lleva el nombre del papá de Juan Carlos, muy célebre en la zona por sus conocimientos sobre el cultivo de orquídeas, pues dedicó toda su vida al Orquideario.
No es casualidad que en el enorme jardín se encuentren estas magníficas flores, quizás plantadas en su honor.
Disponen de dos habitaciones, y las reservas pueden ser en puerta o por Internet, explica Yamilín. “Las agencias de alojamiento y viajes, ubicadas en Cuba o no, ponen nuestra casa en sus sitios, lo cual permite a los extranjeros verla y reservar; por supuesto, cobran una comisión por la renta.
“Aquí suelen hospedarse turistas que viajan solos y quienes desean conocer cómo se vive en Cuba y cómo funcionan las familias cubanas”. Entre tanta desinformación, ese enigma encuentra respuesta con Yamilín y Juan Carlos.
“También vienen cubanos, sobre todo de Matanzas y La Habana, porque el precio por noche es flexible y económico, pero usualmente no llegan a hacer turismo, sino a descansar de una vida agitada y con muchas responsabilidades”.
Soroa constituye un destino turístico ecológico. Los viajeros acuden a hacer senderismo, a observar aves y plantas.
“Casi siempre tengo más alquileres de paso; no suelen durar más de dos días: como no hay publicidad total sobre el entorno, ni las comunidades, ni los campesinos…, el extranjero viene con su guía de viaje hacia lo más conocido, pero aquí hay mucho más por explorar”.

Trabajo no estatal, ¿competencia?
En 2016, hubo un boom en el turismo cubano; de no haber sido por las casas de renta, a muchos extranjeros les hubiese sido difícil conocer un pedacito de Cuba.
“Recibimos sobre todo turistas europeos. Este año ha venido un buen número de franceses, principalmente. La casa les ofrece un precio de acuerdo con sus necesidades y lo que tenga en ese minuto”, manifiesta Yamilín.
“El turista decide irse al hotel porque viene en familia; eso lo distingue. Así, no existe competencia ni rivalidad entre un tipo de alojamiento y otro, pues ofrecemos propuestas diferentes”.
Desde noviembre hasta abril es temporada alta; entonces el impuesto aumenta, a la par de las ganancias. “Pagamos la patente fija más el 10 por ciento de los ingresos; tampoco se puede considerar un fisco que ahorque”, señala Juan Carlos, quien recién llegaba de su trabajo en la Estación Sismológica de Soroa.
“Lo ideal sería el trabajo en equipo y, en primer lugar, hacer publicidad de contexto, no vender una parte de Soroa sino todo en conjunto: lo estatal y lo privado fusionados como uno solo, pues así se potenciaría el turismo en la zona”, afirma Yamilín.
Si se le hace tarde en Soroa, y hay habitaciones disponibles allí, no pierda la oportunidad de quedarse en uno de los sitios recomendados por Lonely Planet, la guía más famosa de turismo. Una terraza enorme, delicada vegetación y sillones para relajar del estrés citadino, es la propuesta de Don Agapito.