¿Y los cestos dónde están?
5:45 pm. - 10/10/2017 0 comentarios | | |

¿Y los cestos dónde están?

Respirar aire limpio, sin fetidez ni con­taminación, constituye un lujo al que todos tenemos derecho, pero con el cual también asumimos deberes.
Sailys Uria López sai.uria0322@gmail.com

La carretera central de Artemisa presu­me de ser una viva muestra del municipio cabecera. Las nuevas vistas de tiendas, ins­tituciones, centros de trabajo, empresas y viviendas engalanan la ciudad capital. Cuan­do caminas de una punta a otra te queda el buen sabor de un municipio en desarrollo.

Y cuando más va una distraída admirando el entorno, cambiante desde hace unos años, una pregunta te invade el pensamiento: ¿Qué extraño no contemplar, en la arquitectura tan diversa de Artemisa, cestos de basura?

Hace unos días acompañé a mi madre al otrora Rápido La Central, ahora convertido en un mercadito y una tienda de rebajas de la cadena CIMEX. Al salir, comimos chocola­tes; la envoltura la mantuvimos en la mano a la espera de un cesto.

Después de un largo camino me sorprendí aún con el papel en la mano. ¿Cómo es posi­ble que no haya cestos de basura por toda la Calle 33? Quien come algo o toma un refresco, ¿debe mantener los restos en la mano o el bolso hasta que llegue a su destino?

“Curiosamente” donde único se pue­den ver cestos de basura es en las zonas del Boulevar, el Parque de la Asociación Herma­nos Saíz y alguno en el Parque Libertad. Y no me refiero a los tanques de basura que en los últimos días han colocado en algunas entre­calles, ni a los cuatro cestos que todavía están delante del Hospital Provincial y la Delega­ción del Minint. ¿Y el resto del municipio… no necesita estar limpio también?

Hace bastante tiempo, colocaron cestos de basura en casi todas las cuadras de la Calle 33 o Central y algunos en la Calzada 27, conocida como Céspedes. De uno en uno, todos des­aparecieron “misteriosamente”.

Claro está, los mismos pobladores, esos que aún no se identifican ni perciben el com­promiso de vivir en una ciudad capital, son quienes los arrancan de sus lugares.

A esas mismas personas debe dolerles ver un vertedero de basura al lado de las esculturas de Don Quijote y Sancho Panza en la Central, y son las mismas que admiran en sus terrazas, jardines o paladares los cestos de basura que estuvieron en la Avenida 40 o 28 de Enero.

Sin embargo, ante las indisciplinas socia­les y el hurto de tan valiosos objetos… ¿La solución es no ponerlos de nuevo?

Según Mario Sierra, económico de la UEB Comunales Artemisa, “adquirir un cesto de basura le cuesta a la empresa $500 MN. Poner al menos uno cada dos cuadras, solo en la Calle 33, es caro. Eso sin pagar la mano de obra que se emplea porque corresponde a la misma empresa”.

El costo de situar cestos como los que hubo en la Avenida 28 de Enero resulta alto. Sin embargo, es posible pensar en alternati­vas más económicas y seguras.

¿Es el costo monetario mayor que el costo visual? No solo las muchas tiendas ni el color de sus casas hablan bien de las ciudades. Lo que verdaderamente queda grabado en quienes nos visitan es la higiene que no hay en la capital.

La ausencia de cestos se convierte en la excusa perfecta para que las personas boten su papel en cualquier lugar, para engendrar basureros y tener una ciudad donde la propia gente sea juez y parte de la suciedad.

Respirar aire limpio, sin fetidez ni con­taminación, constituye un lujo al que todos tenemos derecho, pero con el cual también asumimos deberes.

Tan solo observar el cierre de una jor­nada de las recientes fiestas populares basta para darse cuenta de la falta de cul­tura y responsabilidad sobre el cuidado de la higiene de “algunos” moradores y visi­tantes de la urbe.

Aunque no existe el lugar para arrojar el papel o la lata, todos debemos entender, como ciudadanos conscientes, que Artemisa nos pertenece y nadie más que los artemise­ños debemos sensibilizarnos con mantenerla reluciente.

4:45 pm. - 09/05/2014 0 comentarios | |

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