Tu música agrede mi espacio
12:30 pm. - 16/11/2018 0 comentarios | | |

Tu música agrede mi espacio

Cada cual puede disfrutar de sus derechos y libertades, siempre y cuando no menoscabe los de otra persona. Usted tiene derecho a escuchar la música que entienda, la que más le guste o esté de moda, pero todos tenemos derecho a un viaje apacible
Osniel Velasco Hernández osnielvelazco10@gmail.com

El concepto lo dice bien claro: todo sonido indeseado puede ser interpretado como ruido. A unos, la más famosa y cuidada sinfonía de Mozart o Beethoven, a otros –como yo- el reguetón más bullicioso o banal, les provoca un insoportable dolor de cabeza.

Quizás esos detractores de la música clásica no tengan muchos problemas hoy día, pues casi nadie se monta en una guagua con una de esas bocinas portátiles, aturdiendo al resto de los pasajeros con altos decibeles producidos por los violines y el resto de los instrumentos de una orquesta de cámara.

¡Ah, pero mi caso es mucho más recurrente! En casi cualquier transporte que usted aborda, el reguetón está ahí, a todo volumen, y a casi nadie parece molestarle, incluso algunos lo tararean y lo disfrutan; a otros, poco les falta para hacer una fiesta allí mismo.

Pocas veces alguien pide que bajen los decibeles y, cuando lo consigue, casi siempre recibe una mala contesta –y en ocasiones hasta amenazas-. “Métete en lo tuyo”, he escuchado más de una vez, como si lo suyo no fuera viajar tranquilo, soportando el calor o la aglomeración, para también tener que sufrir por el ruido.

Asimismo, está la situación en la que es el chofer quien tiene una carrera frustrada como musicalizador de tres por quilo. Da igual que sea el dueño de un camión o camioneta, o bien se crea el dueño de un ómnibus estatal; todos deben escuchar lo que él quiera, así sea lo más bajo del más bajo de los géneros.

Por último están los celulares, un poco menos bulliciosos pero mucho más expandidos. En ellos viaja una gran cantidad de música, de todo tipo, pero nunca he escuchado a nadie con Buena Fe a todo volumen para que todos lo oigan de su teléfono.

Los audífonos parecen estar reservados a las personas con un poquito de educación formal, para esos amantes de la música –a cualquier género- que comprenden que “tus gustos y los míos” no tienen por qué coincidir, para quienes no les gusta mortificar el viaje de otro con ondas sonoras indeseables.

Cada cual puede disfrutar de sus derechos y libertades, siempre y cuando no menoscabe los de otra persona. Usted tiene derecho a escuchar la música que entienda, la que más le guste o esté de moda, pero todos tenemos derecho a un viaje apacible; ya es suficiente con el calor y la aglomeración: ¿no cree?

Debemos respetar el espacio ajeno, y  no solo el físico, pues las ondas sonoras se cuelan por las rendijas más pequeñas, y molestan a quien menos usted se imagina. La tranquilidad es un derecho que la música a todo volumen nos roba a menudo, y no debemos dejar que eso suceda.

4:45 pm. - 09/05/2014 0 comentarios | |

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