“Somatón” musical: ¿la solución?
12:30 am. - 06/08/2017 0 comentarios | | |

“Somatón” musical: ¿la solución?

¿“Somatón” musical? ¡Vaya comparación! Aunque bien mirado el asunto —y para empezar, solo para empezar— no sería desatinado que cierta gente, capaz de expeler gases contaminantes por la boca en lugar de voz, reciba una justa evaluación, se aparte del escenario para darse una reparación total y, si no hay mejoría, pues entonces que ni intente volver.
Miguel Terry Valdespino nadiemebusca@yahoo.com

En un comentario publicado en esta misma página, bajo el título Desafinando en Cuba, me referí a la falta de exigencia en las evaluaciones, promoción y pago desmedido  a un grupo de músicos y vocalistas del patio con muy bajo perfil creativo, incapaces de salir airosos en una evaluación elemental.
También me referí al rigor (a veces excesivo) con que eran evaluados, hace ya muchos años, todos nuestros músicos, sin excepción, y las sorpresas que solían revelar esta clase de procesos evaluativos en el país, capaces de echar por el suelo a tirios y troyanos con la misma facilidad.
Ahora, por intermedio de dos músicos artemiseños, el laudista Erdwin Vichot y el director musical ariguanabense Rolando Méndez, he conocido que, con el Instituto Cubano de la Música al frente, estas evaluaciones regresan, aunque nadie sabe si con el mismo rigor de hace 30 años.
El “somatón musical” han decidido algunos llamarle a este proceso, en alusión a la semejanza con el “proceso” que deben enfrentar autos, camiones, tractores, guaguas, motocicletas, jeeps… para revisar su estado y así obtener el permiso para circular libremente por las calles o, en caso contrario, recogerse en una casa o un taller hasta tanto se encuentren en buen estado técnico para rodar nuevamente por nuestras calles y avenidas.
Sin embargo, como aseveran ya algunos creadores y otros en nada emparentados con la creación artística, resulta que equipos automotores con muy dudosa calidad técnica circulan tranquilamente por nuestros pavimentos, con una evaluación satisfactoria de su estado, no importa cuánto humo contaminante lancen a la atmósfera o cuánto se “contoneen” peligrosamente de un lado al otro del pavimento.
No quiero poner el parche antes de que salga el grano. Prefiero mirar con buenos ojos el hecho de que estas evaluaciones pretendan poner las cosas en su justo sitio y a muchos imprescindibles en el “claro memorial que les toca”, como aseguró un poeta.
Sin embargo, me pregunto: ¿será posible ponerlas? ¿Darán al virtuoso el reconocimiento y las posibilidades que ha merecido desde siempre y no le han dejado merecer? ¿Nos limpiarán el camino de artistas inflados como globos y de esa “agua de albañal musical” que tanto contamina el riquísimo pentagrama criollo?
¿Servirán para poner en claro que el dinero no es precisamente símbolo de calidad, que puedes reventar de público la taquilla y los estadios y no por eso dejas de ser un fiambre musical por los cuatro costados?
¿Servirán para hacer más visibles determinadas expresiones de la música del patio, como el canto lírico y la música coral? ¿Servirán para saber que en las llamadas “provincias” —sean Artemisa, Mayabeque, Matanzas o Camagüey— pueden vivir creadores musicales tan buenos o mejores que los de la capital?
¿Servirán para reconocer y legitimar a los músicos talentosos, aunque no sean graduados en escuelas de arte? ¿Servirán para echar luces reales sobre la actual situación de las Empresas Musicales y el pago de impuestos por parte de los músicos a estas?
Son, sin lugar a dudas, varias interrogantes para responder con detenimiento. Pero creo que ya es hora, para bien de nuestro pentagrama y de nuestra nacionalidad, que comencemos a obrar. Mientras más nos demoremos en ejecutar con claridad y letra firme las respuestas de este cuestionario, más nos pesará a la postre.
¿“Somatón” musical? ¡Vaya comparación! Aunque bien mirado el asunto —y para empezar, solo para empezar— no sería desatinado que cierta gente, capaz de expeler gases contaminantes por la boca en lugar de voz, reciba una justa evaluación, se aparte del escenario para darse una reparación total y, si no hay mejoría, pues entonces que ni intente volver.
Ese sería el principio. Después, seguramente, tendría este “somatón” que revelar otros padecimientos no menos deplorables de nuestra salud musical…, la cual —dicho sea de paso— siempre fue tan fuerte como un roble.
 

4:45 pm. - 09/05/2014 0 comentarios | |

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