Seres del alma
4:45 pm. - 07/04/2017 0 comentarios | | |

Seres del alma

Es que los abuelos son en verdad GIGANTES. Llevan espacio para las cicatrices de la vida, y aun así nos dejan un lugar tan grande, que ni cuando alcancemos su edad nos habrá alcanzado el tiempo para terminar de honrarlos
Myrla Pizarro de la Uz myrla@artemisa.cip.cu

¿Los abuelos? Alguien me diga qué no se puede decir de los abuelos; son los seres del alma, a veces tan o más importantes y queridos que los padres, ellos sí nos malcrían.

Hay quien ya no los tiene pero igual los recuerda: ¿cómo olvidarlos?, ¿será humanamente posible? Los cariñitos, los mimos, los quiero, las canciones que ya casi nadie canta para dormirnos, las malcriadeces, sí, todo viene de ellos.

Tienen más experiencia y se asustan con cualquier bobería, e igual tienen el alma más pura, grande y blanda, como los pellejitos que los adornan, y van a otro tiempo, parece que no vivieran al ritmo de todos, van en cámara lenta.

Me parece cierto eso de que los abuelos quieren más a los nietos que a los propios hijos. El amor a los hijos es tan inmenso que desean que los más chicos reciban lo mismo, tal vez porque salimos de quienes ellos quieren mucho, y entonces nos aman el doble.

Nos dejan legados muy difíciles de olvidar, y además de raíces nos dejan alas, siempre proponiendo ideas, soñando más con nuestro futuro que nosotros mismos, abriendo caminos, expandiendo horizontes. Si los dejan nos hacen presidentes. Yo tuve un abuelo que vivía por mí. Mis primeras buenas notas fueron para él. Cuando ya nadie me traía regalos de los reyes magos —porque estaba “demasiado vieja para eso”—, mi abuelo me los hacía. Así que mi título universitario fue también para él, “lo único que le faltaba para morirse en paz”.

Hay días que lo llevo muy adentro, y sé que desde el cielo me cuida, pero a veces aquí me hace mucha falta.

Hay un libro de Excilia Saldaña que se llama La noche; es uno de mis grandes tesoros, dedicado a las abuelas, esas reinas de la casa, dueñas de las llaves del cofre de la alegría, las únicas que hacen parecer a un huevito frito el mejor faisán de la India. Todos debiéramos leerlo a cada rato, para no olvidar cuanto han hecho los abuelos por nosotros.

El amor a los más viejitos del hogar no debiera irse nunca, por muy malcriaditos que se vayan poniendo, aunque olviden cosas, aunque las repitan mucho. No es su culpa: los años no perdonan; en ocasiones son un castigo.

Cuba no los deja atrás. Me enorgullezco de eso, de los hogares de ancianos, las casas de abuelos, los círculos del adulto mayor, los club de taichí… en Artemisa hay hasta una Universidad Martiana del Adulto Mayor (única en el país), con gente noble que los atiende, los cuida y desborda de amor.

Aprender a quererles debe inculcarse desde edades tempranas en la familia, en las escuelas, en todas partes. Nadie quiere para sí mismo una vejez difícil. Es la etapa donde más nos necesitan; están muy agotados porque pasaron la vida luchando por dárnoslo todo, y debemos estar presentes.

Tengo una compañera de trabajo que, cada lunes, tras preguntar cómo nos fue el fin de semana y tomar el cafecito mañanero, inmediatamente nos cuenta algo del nieto o nos muestra una foto nueva. ¡Qué brillo tan espléndido en los ojos verdes de mi Elena, cuando habla de su nieto!

Es que los abuelos son en verdad GIGANTES. Llevan espacio para las cicatrices de la vida, y aun así nos dejan un lugar tan grande, que ni cuando alcancemos su edad nos habrá alcanzado el tiempo para terminar de honrarlos.

Nos dejan legados muy difíciles de olvidar, y además de raíces nos dejan alas, siempre proponiendo ideas, soñando más con nuestro futuro que nosotros mismos
Nos dejan legados muy difíciles de olvidar, y además de raíces nos dejan alas, siempre proponiendo ideas, soñando más con nuestro futuro que nosotros mismos
4:45 pm. - 09/05/2014 0 comentarios | |

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