El racismo se ahogó en una Copa
4:30 pm. - 03/08/2018 0 comentarios | | |

El racismo se ahogó en una Copa

Y francia es la Patria de ese mulato inolvidable, nombrado Alejandro Dumas, autor de al menos un par de novelas, Los tres mosqueteros y El Conde de Montecristo
Miguel Terry Valdespino nadiemebusca@yahoo.com

Mucha polémica despertó en las redes sociales el hecho de que el equipo francés de fútbol, a la postre ganador de la Copa Mundial en Rusia 2018, estuviera compuesto por 17 jugadores “de origen africano”, detalle que despertó numerosas declaraciones racistas, a veces en tono descarado y otras de manera más solapada.

Pero, vayamos por partes, como dicen que dijo Jack el Destripador. En verdad, solo dos de los 23 jugadores del equipo francés no nacieron en la Patria de Víctor Hugo: los talentosos Samuel Umtiti y Steve Mandanda, nacidos en Camerún y la República Democrática del Congo, respectivamente. El resto, incluyendo otros 15 de “origen africano”, nacieron en París, Vernon, Toulouse…

Por tanto, si nacieron en Francia y llevan la nacionalidad francesa en el bolsillo, ¿cómo es posible que deban jugar por otra nación? Que los ancestros son claramente africanos, es cierto; pero, a esta altura del partido (y con todos los goles morales a favor de Les Bleus), solo el racismo más chato y ramplón pudo negarles semejante derecho.

Si salimos del marco puramente deportivo (el Mundial terminó y ya es historia), encontraremos una oleada de emigrantes que, huyendo del hambre y la violencia más delirantes, arriban a Europa y Estados Unidos en busca de mejores horizontes para sus maltrechas vidas.

Llegan o pierden la vida en su empeño por arribar a tierras del Primer Mundo, el mismo lugar de donde salieron los verdugos que, a punta de arcabuz y odio, bayoneta y balas, desolaron sus tierras de origen. Llegan o mueren en el intento, porque es en ámbitos del Primer Mundo donde pueden pelear por una oportunidad de vivir un poco mejor, aunque sea bajo condiciones también difíciles.

Pero en esas naciones, donde nacen y crecen sus hijos y nietos, muchas veces los emigrantes han logrado crecerse, aportar, trabajar muy duro en labores de todo tipo que no son, precisamente, del gusto de los nacionales; aunque con eso han logrado mejorar, no solo su propia existencia, sino la existencia cotidiana en esos países.

Recientemente, se hicieron virales en las redes sociales las imágenes que recogían al ilegal emigrante malí Mamoudu Gassama, ahora llamado El Spiderman de París, salvando la vida de un niño colgado en las afueras de un quinto piso.

Por esta extraordinaria hazaña, Mamoudu recibió la nacionalidad francesa, una condecoración, un puesto de trabajo como bombero y hasta la oportunidad de tomarse un té con el presidente Emmanuel Macron.

Opiniones como “miren cuánto debe arriesgar su vida un emigrante si pretende obtener algún derecho”, salieron a relucir de inmediato, y es que el presente y el futuro de cualquier emigrante siempre está marcado por la mayor incertidumbre, y solo un milagro les regala una mejor suerte.

No obstante largar pulmones y vísceras en el empeño, cierta gente de barata alcurnia gusta marcarlos con los epítetos más desmadrados: escoria, holgazanes, ladrones, rufianes, asesinos…

Por desgracia, algunos ven, de manera llamémosle “piadosa”, el hecho de que un emigrante llegue al Primer Mundo y extienda su mano en busca de un pedazo de pan misericordioso; pero ven con muy malos ojos al emigrante negro, árabe, asiático, latino… que llega, se esfuerza, triunfa y estremece con sus aportes los cimientos de la sociedad.

No es de extrañar. Hay gente tan miserable que no perdona el triunfo de los de abajo… ni lo va a perdonar nunca, como tampoco perdona ese mestizaje inevitable y sabroso que con tanto entusiasmo defendió Guillén.

Para nosotros, está bien claro: tenemos cubanos muy sobresalientes que fueron hijos de españoles, norteamericanos, dominicanos, franceses, jamaicanos…, llámense José Martí, Fidel Castro, Camilo Cienfuegos, Julio Antonio Mella, Antonio Guiteras, Máximo Gómez, Flor Crombet, Teófilo Stevenson… y a todos los sentimos cubanos ciento por ciento. Jamás lo vamos a dudar.

Y es que cuando un hombre, sin reservas de ningún tipo, entrega su corazón a un país, su vida se mezcla con la vida de este de una manera profundamente espiritual, y en ese país acaba por estar su Patria… aunque no haya nacido en ella. A fin de cuentas, “la Patria es el lugar donde mejor uno se sienta”, tal como asegura un personaje literario. Y yo estoy de parte de tan lúcida opinión.

¿Quién duda, entonces, que los futbolistas franceses “de origen africano”, que algunos cuestionan tan burdamente, piensen así? Después de todo, si Francia es la Patria del gran Víctor Hugo, también lo es de miles de soldados negros y árabes que, en la Primera y Segunda Guerra Mundial, se batieron a sangre y fuego en las trincheras francesas, y de no pocos campeones olímpicos y mundiales.

Y es la Patria de ese mulato inolvidable, nombrado Alejandro Dumas, autor de al menos un par de novelas, Los tres mosqueteros y El Conde de Montecristo, sin las cuales las letras francesas tendrían una dimensión menos planetaria, como hoy, sin su equipo campeón de todos los colores humanos, la tendría el fútbol de Francia.

Por otra parte, la idea de hablar de “franceses puros” (léase hombres blancos) puede ser muy peligrosa, como en una ocasión le recordó el novelista cubano Lorenzo Lunar a un locutor entretenido en marcar “impurezas raciales” en un equipo europeo de béisbol.

“Cuidado —advertía entonces Lunar—: un día cierto personaje intentó crear alemanes puros y superiores, y acabó empujando a la humanidad a una verdadera catástrofe”.

 

4:45 pm. - 09/05/2014 0 comentarios | |

ESCRIBIR COMENTARIOS

*Los textos que aquí se publiquen representan la opinión de los internautas. No obstante el periódico se reserva el derecho de publicar aquellos comentarios que tengan palabras obscenas, ofensas o emitan criterios en contra de los principios de nuestra Revolución.
SECCIONES