¿Quién quiere llegar a “viejo”?
2:45 pm. - 09/10/2017 1 comentario | | |

¿Quién quiere llegar a “viejo”?

Este respeto al anciano y sus enseñanzas parecen anacrónicas en un mundo pragmático y hecho para el “hoy”. José Martí
Yudaisis Moreno Benítez yudaisismoreno@gmail.com

La esperanza de vida al nacer en Cuba sobrepasa los 80 años, y lo asumimos con tremendo orgullo. Son cimientos de mayor integralidad en la atención al adulto mayor con una calidad de vida superior a décadas precedentes.

Sin embargo, quienes rozan estas edades o conviven con ancianos reconocen la ausencia —parcial o total— de opciones en la mayoría de los sectores sociales, para asumir la longevidad.

Prótesis auditivas y dentales, bastones, sillones de ruedas, espejuelos bifocales, calzados ortopédicos, culeros desechables, camas fowlers, incluso vestuario y zapatos apropiados para abuelas y abuelos no debían ser exclusividades, y sí, parte de la cotidianidad en comercios, comunes para todos los bolsillos; sin embargo, son privilegios de unos pocos que —a decir verdad— viven con una economía más holgada, por razones miles.

Además de los pocos Hogares del Adulto Mayor que funcionan en el país (Artemisa tiene solo tres y con capacidades limitadas), existen Casas de Abuelos, casi en la totalidad de los municipios, para atender en horario diurno a ancianos que no pueden permanecer solos en sus viviendas. Una alternativa viable, pero ya insuficiente.

Andrés tiene 73 años o “42”, me rectifi có en bromas al decirme que es jefe del equipo en la Casa de Abuelos de Bahía Honda, y está allí con su hermano Juan Alberto. Eduardo Edis, Berta Cristina y Lino Alfonso le acompañan, entre otros, gracias a ese proyecto concebido desde 1970 e iniciado en el país por San Antonio de los Baños, Alquízar y Güira de Melena.

Los 20 ancianos que coinciden en esa Casa comparten décimas, el talento para bordar, cantar, bailar; sus habilidades en el dominó, sus mañas, desayunos, meriendas, almuerzos… y los recuerdos para continuar otra etapa, ahora con arrugas o sencillamente en compañía de seres que suman a su familia.

Los cuidados, desvelos y hasta iniciativas de su pequeño colectivo son reveses contra el implacable tiempo, el cual todos quisiéramos vencer, si de vivir más y mejor se trata.

No obstante, solo hay espacio para una veintena de abuelos, y aunque en los planes está ampliar el local o cambiarlo… ¡está en planes!, mientras más de 500 bahiahondenses superan los 85 abriles. ¿Cuántos precisan de este servicio? Una pregunta lanzada al azar en el municipio responsable de esta estadística, pues en los demás es bien parecida.

Pensemos. Quienes hoy somos decisores para incluir en los planes constructivos o de mantenimiento instituciones para atender adultos mayores, o creamos bienes y servicios para satisfacer las necesidades de ellos, mañana podemos necesitarlos.

Envejecer o elevar la esperanza de vida no puede ser una paradoja en este, ni en otro sistema social, en cambio lo es en tanto la vida sea cada vez más agitada, la familia trabaje al unísono, los tiernos viejitos sean una “carga”, las chequeras para jubilados tengan montos irrisorios —a pesar de los esfuerzos del Estado—, las “cuidadoras” constituyan parte del espantoso binomio oferta-demanda…

Nadie lo niega, Cuba tiene un trecho andado, no obstante desde el barrio, la bodega, la cooperativa, el estanquillo, el policlínico, la casa de cultura, el Inder… deben crecer las opciones para los ancianos. Que se convierta en un placer y no en un problema llegar a “viejo”.

4:45 pm. - 09/05/2014 1 comentario | |

COMENTARIOS DE LA NOTICIA

Sheila González...
- 10/14/2017 - 18:56
1
Que triste esa realidad. aquí es peor, ya tuve que llevar a mi madre para un lugar frío, pero trabbajo

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