Plazos traicioneros
1:00 pm. - 17/06/2018 0 comentarios | | |

Plazos traicioneros

En definitiva, considero sano desterrar la premura por complacer a alguien o cumplir, a toda costa con una fecha, sin la calidad y seguridad requerida. Sabemos el costo de esos desatinos, no solo económico- nada despreciable, por cierto-, sino social y hasta político
María Caridad Guindo Gutiérrez mguindogutierrez@gmail.com

Artemisa prospera por día y se ha convertido en una digna capital de la provincia, me comentaban hace algunos días varios alquizareños, admirados de las dimensiones de cuanto se hace en esta localidad por cambiar la imagen de antaño y brindar opciones y satisfacciones a sus habitantes y vecinos.

Pero a no pocos artemiseños, si bien nos complacen el nuevo bulevar, las tiendas enclavadas en él, los trabajos en el Teatro Juárez, y tantas y tantas obras, nos queda inconclusa la historia al transitar por la Avenida 40 y ver un parque de diversiones en el cual no se detiene el ajetreo, pero tampoco abren sus puertas de una buena vez.

Las propias páginas de este semanario se hicieron eco en varias ocasiones, del propósito de inaugurar el parque Elpidio Valdés- sencillamente Los Caballitos, conocido así por la fuerza de la costumbre-, y hacerlo en saludo a significativas fechas de gran importancia para los cubanos, pues en torno a ellas se encaminan esfuerzos al concluir la construcción o remodelación de cualquier lugar; sin embargo, las fechas además se convierten en promesas que terminan incumplidas, aunque existan disímiles razones.

En muchas ocasiones el acceso a determinados productos, equipos, materias primas o materiales, ni siquiera depende de la voluntad y la gestión de las autoridades implicadas, de los reclamos del pueblo en asambleas de rendición de cuenta, de los estados de opinión o de la intensidad de las labores, en especial si se trata de obras como esta, no incluidas en el plan de la economía, y que por tanto no gozan de respaldo financiero ni material.

Rodolfo Betancourt, director general del Grupo Empresarial Artemisa (GEA), explicó que el parque recibió dinero procedente del Uno por ciento del municipio ( 64 000 pesos), y la Administración Provincial le asignó 600 000 pesos, cifras insuficientes, ya que se estima debe costar alrededor de 1 250 000 pesos en su primera etapa.

Al momento de nuestra visita al parque junto a Noel Reyes, director de Técnica y Desarrollo del GEA, al frente de la obra, trabajaban en la construcción de una pizzería- cremería, en la acera principal de acceso, quedaban por realizar algunas conexiones eléctricas, pero el peso está en el proceso de reparación de Los Caballitos (el cual no ha terminado); allí deben reparar también los carros locos y recibir la certificación de todos los equipos por parte de especialistas competentes. Estas acciones han retrasado la culminación de la obra, así como la falta de un cronograma de ejecución bien definido, lo cual incide en el incumplimiento de las fechas anunciadas.

Otros factores económicos y humanos inciden en la demora de la obra, en la posibilidad de culminarla con todo lo previsto, que, valga la aclaración, en este lugar es bien ambicioso y se vislumbra sumamente atractivo para grandes y chicos (baste mencionar restaurante, cafeterías, estanque para pescar, una piscina destinada a los pequeños…)

Entre estos estarán dos contenedores en los que podrán conectarse a Internet. Ya cuentan con electricidad y los cables requeridos; sin embargo faltan las máquinas, puntualizó Reyes.

Me cuento entre los artemiseños criados en Los Caballitos, para quienes los domingos se convertían en una fiesta rodando por la canal, montando el cachumbambé, las sillitas “voladoras”, los “carros locos”, el columpio, o unas cómodas banquetas ondulantes desde las cuales me observaban mis padres.

Ellos disfrutaban el paseo tanto como yo, el algodón de azúcar a peso, el helado también barato y delicioso, entre otras opciones que las formas estatales eran capaces de garantizar.

A la vuelta de los años es muy difícil hablar de diversión infantil sin mencionar videojuegos, concebir actividades y propuestas gastronómicas variadas ignorando el impacto de los cuentapropistas, o creer- ¡vaya iluso!-, que Elpidio Valdés renunciará a la imprescindible modernidad.

En definitiva, considero sano desterrar la premura por complacer a alguien o cumplir, a toda costa con una fecha, sin la calidad y seguridad requerida. Sabemos el costo de esos desatinos, no solo económico- nada despreciable, por cierto-, sino social y hasta político.

Las conmemoraciones históricas nos motivan y confieren sentido a una nación de sólidos lazos con el pasado y el futuro, mas quienes edifican para el pueblo deben aspirar a brindarle lo mejor. Sería muy triste cerrar al poco tiempo por imprevistos, chapucerías y errores evitables. Bienvenidos los compromisos, sin perder de vista la objetividad que tanto agradeceremos siempre.

4:45 pm. - 09/05/2014 0 comentarios | |

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