Obreros de fina estampa
4:15 pm. - 01/05/2018 0 comentarios | | |

Obreros de fina estampa

MIENTRAS ESTE PERIÓDICO TOMA POR ASALTO LAS CALLES DE LA PROVINCIA, MILLONES DE OBREROS CUBANOS TAMBIÉN LAS TOMAN, Y RESULTA QUE SON PERFECTAMENTE “TELEVISABLES”, PASO FIRME BAJO EL SOL MAÑANERO DE ARTEMISA, LA HABANA, CIENFUEGOS, SANTIAGO...
Miguel Terry Valdespino nadiemebusca@yahoo.com

“Mi son es para el obrero,
para el hombre que madruga,
que a veces hasta en ayunas
trabaja sin ningún pero”
Juan Formell
Canción Mi son va entero

En la reciente telenovela brasileña que trasmite Cubavisión, Fina estampa, la protagonista de este audiovisual, llamada Griselda, parece ser el vivo rostro de la dignidad humana en un mundo donde los ricos lo deciden y lo pudren todo, y no solo a nivel de telenovelas.
Griselda trabaja duro, muy duro, a cualquier hora, en dondequiera que necesiten sus servicios, no se da ningún lujo (no puede), viste siempre su sudado overall y “saca candela” para criar a tres hijos que no parecen estar a su altura de invencible luchadora (no ladrona) ni empujar junto con ella el durísimo carro de la vida.
Pero, ¡oh!, sucede el milagro –Internet y el Paquete siempre se adelanta, así que no revelo nada-, y un golpe de suerte hace que Griselda gane la lotería y, en un abrir y cerrar de ojos, la abnegada cenicienta se trocará en reina dorada y contrincante amorosa de una ricachona tan pedante como letal.
La obrera digna que, al menos durante unos quince capítulos, admiramos por su diáfana autoridad moral, se deshace de sus humildes orígenes, su casa modesta, su barrio sencillo y de su overall de peleadora, para entrar de golpe en los “mágicos” predios de Christian Dior y Victoria Secreet, del Audi, la Limosina y el Mercedes Benz, del Shalimar y el Chanel 5. Entonces se borra de cuajo la obrera y ya, por desgracia, no vuelve más.
Si bien decía el cineasta italiano Elio Petri que “la clase obrera va al Paraíso”, lo cierto es esta clase social ha resultado ser una gran ausente terrenal de casi todos los filmes y telenovelas realizados en el mundo, sobre todo los que patrocinan trasnacionales tan poderosas como Hollywood y la cadena O´Globo.

Bajo el chato criterio de que “nadie quiere sentarse a ver en su televisor los problemas que cada día ve en la vida real”, lo cierto es que la existencia dura y -¿por qué no?- hermosa de la clase obrera, no parece tentar demasiado a los grandes productores planetarios del audiovisual.
De ahí que autos lujosos, casas imponentes, hoteles de lujo, paraísos terrenales, playas y mamíferos de ensueño... desfilen, una y otra vez, por la pantalla grande o por la casera para intentar embutirnos la idea de que, entre la historia de un obrero o una obrera sudados por la gloria de su trabajo, y la historia de un millonario o una arpía impecablemente vestidos y perfumados, lo segundo es mucho más saludable para la vista y la digestión.
No hay dudas de que muchos espacios televisivos de este planeta no parecen tener demasiadas simpatías por esos que el poeta argentino Juan Gelman llamó “trabajadores del amor” Y es una lástima en verdad. Y, sobre todo, una injusticia absoluta.
No importa que las ciudades y pueblos mejoren cada día su rostro arquitectónico y sostengan su funcionamiento gracias a ellos, no importa si los mercados se llenan de alimentos a costa de sus larguísimas jornadas de labor, no importa cuánto aporten desde oficios durísimos capaces de sumirlos en el estrés más violento y muchas veces en la miseria más dura.
No importa. No son “televisables” en los “culebrones” y pintan muy poco en los guiones de las películas sabatinas y domingueras hechas en Hollywood, donde no parecen haber leído jamás la máxima innegable de José Martí: “Los trabajadores no son ya un rebaño turbulento y sudoroso, sino un ejército de caballeros”.
Y sin embargo ahora, mientras este periódico toma por asalto las calles de la provincia, millones de obreros cubanos también las toman, y resulta que son perfectamente “televisables”, paso firme bajo el Sol mañanero de Artemisa, La Habana, Cienfuegos, Santiago...y noticia de primera mano en cada espacio informativo del día.
Vale entonces la pena preguntarse: ¿qué sería de este mundo sin lo que Marx llamó “su clase más revolucionaria”? Nada. Absolutamente nada. ¿Qué sería de este mundo si echáramos en saco roto las palabras del escritor Nikos Kazantzakis en su célebre novela Zorba, el griego: “El sentido de las palabras arte, amor, belleza, pureza, pasión, me lo estaba aclarando este obrero con las voces humanas más sencillas”? No sería nada tampoco.
Es cierto. No habrá para nuestros obreros ningún milagro de lotería. Pero tienen ya en sus manos el milagro de vivir sin mirar con vergüenza su overall, su machete, su martillo, su máquina de coser, su cuchara de albañil…, ese diáfano universo humano al que a los vendedores de falacias dulzonas jamás les ha gustado mostrar.

4:45 pm. - 09/05/2014 0 comentarios | |

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