Nuestro granito de arena
1:00 am. - 04/03/2019 0 comentarios | | |

Nuestro granito de arena

Pequeñas decisiones administra­tivas eliminarían enormes colas en el guardabolsos de una céntrica tienda, aglomeraciones para acceder a deter­minada mercancía, que el tiempo te alcance para hacer varias gestiones en el mismo día, o estés varios días para resolver un solo problema.
Osniel Velasco Hernández osnielvelazco10@gmail.com

 

Una sociedad es como la maquinaria de un reloj gigante: si una pieza falla, incluso un diminuto tornillo, el reloj no dará bien la hora; se irá atrasando hasta que simplemente dejará de funcionar.

En la Cuba de hoy quedan algunos tor­nillos flojos y, por mucho que nos afanemos en mantenerla en buena marcha, desafor­tunadamente siempre hay piezas que se empeñan en dar la nota discordante.

Desde un funcionario público que maltrata a sus clientes, una cajera que atiende al celular mientras la fila de quienes esperan se alarga, un jefe que se llevó la llave del almacén de los produc­tos y tiene a decenas de personas —en horario laboral— esperando por que ter­mine “una gestión en el banco”.

La lista puede seguir con una oficina de trámites donde solo los lunes atien­den tal problema… y los jueves trabajan hasta el mediodía, por solo poner un ejemplo. Pero luego vas a otra depen­dencia estatal y te encuentras que solo atienden público dos días a la semana, y en horas de la mañana.

Para colmo, te planificas con sema­nas de antelación para ajustarte a estos requerimientos, pides un día en el tra­bajo, te levantas temprano y la guagua con la que contabas no pasa, o la única persona que hace el preciso trámite no fue a laborar por sabe Dios qué razón.

Esos son problemas cotidianos a los que se enfrenta el cubano casi a diario —por no decir varias veces al día—, proble­mas mucho más subjetivos que objetivos. La mayoría de las ocasiones no tienen nada que ver con la escasez de recursos o el bloqueo económico, casi siempre se deben a la estrechez en las mentes, o a la falta de ganas de cumplir su rol social.

Pequeñas decisiones administra­tivas eliminarían enormes colas en el guardabolsos de una céntrica tienda, aglomeraciones para acceder a deter­minada mercancía, que el tiempo te alcance para hacer varias gestiones en el mismo día, o estés varios días para resolver un solo problema.

Quienes toman decisiones de este tipo, deberían hacerlo pensando en el pueblo, en cómo servirle mejor y de modo más eficaz. Exigir a los subor­dinados que cumplan su función, y aporten —desde su puesto— un granito de arena para que la gran maquinaria funcione mejor, debe ser el primer paso.

¡Pero a todos nos toca apretar un tornillo flojo! Un comienzo simple sería cuidar el ornato público, las obras terminadas, la tranquilidad y, por supuesto, exigir que cada eslabón en la cadena desempeñe su papel, para que esta sociedad siga adelante sin preocu­paciones de tiempo.

4:45 pm. - 09/05/2014 0 comentarios | |

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