Me volví a enamorar
2:45 pm. - 06/06/2018 0 comentarios | | |

Me volví a enamorar

¡No hay nada tan fascinante! Amor, rebeldía, patriotismo, batallas, pasiones… Y si el aeda es nuestro propio Homero, nuestro narrador de epopeyas, ¿cómo no quedar encantados? Para contar lo ocurrido, no le hizo falta a Martí estar en la finca Demajagua el 10 de octubre de 1868.
Joel Mayor Lorán joeldeartemisa@gmail.com

Puede suceder más de una vez. Tampoco yo seré el primero. Y me enorgullezco de contarlo. Hace poco estaba pasando canales de nuestra televisión, en busca de algo que de verdad consiguiera atraerme, y quedé atrapado donde no creí detenerme: eran relatos de quien viaja en el tiempo y regresa a contarte los detalles más curiosos.
Aquella tarde supe de las artes de Agramonte para casarse con Amalia, aun cuando al padre no le complacía el pretendiente. Entendí cómo le convenció su carácter. Igual les sucedió a los hombres bajo su mando. ¿Cómo no iba a lograrlo quien se ganó el respeto del Padre de todos los cubanos, del Céspedes audaz que dictó la creación de un pueblo libre?
Otro día descubrí una anécdota sorprendente, quizás por medio de Ciro Bianchi (¡vaya memoria torpe cada vez más chica!) Sucede que sus colegas logran salvar a Martí de un intento de asesinato, y capturan al español que trató de envenenarlo. Imagínense cuál habría de ser su suerte. Pero quien unía a pinos nuevos y viejos, a blancos, negros y mulatos, les pidió le dejaran solo con él.
Parecía insensato. Tuvo que insistir. Y la conversación fue larga. Pero dicen que el hombre salió con lágrimas en los ojos y reclamó incorporarse al Ejército Libertador. No recuerdo qué grados alcanzó, ni importa tanto: se convirtió en oficial. Así era de persuasivo el delegado del Partido Revolucionario Cubano. Y creía sinceramente en el mejoramiento humano.
Esos y otros pasajes, como la “locura” de que El Mayor y 35 hombres atacaran a una columna española de casi cuatro soldados por cada uno de ellos, y a fuerza de machete rescataran al brigadier Julio Sanguily, me volvieron a enamorar de la Historia.
¡No hay nada tan fascinante! Amor, rebeldía, patriotismo, batallas, pasiones… Y si el aeda es nuestro propio Homero, nuestro narrador de epopeyas, ¿cómo no quedar encantados? Para contar lo ocurrido, no le hizo falta a Martí estar en la finca Demajagua el 10 de octubre de 1868.
“¡Si no los arrastramos, jamás se determinarán! Y tras unos instantes de silencio, en que los héroes bajaron la cabeza para ocultar sus lágrimas solemnes, aquel pleitista, aquel amo de hombres, aquel negociante revoltoso, se levantó como por increíble claridad transfigurado. Y no fue más grande cuando proclamó a su patria libre, sino cuando reunió a sus siervos, y los llamó a sus brazos como hermanos.”
Por estos días un examen de Historia evaluó la preparación de gran parte de los egresados de preuniversitario, para acceder a la Enseñanza Superior. ¡Ojalá hayan coincidido con profesores que amen y sepan cómo contar la Historia! No como una consecución de hechos, ni de preguntas y respuestas, sino cual la gran aventura de todo un pueblo.
Yo tuve profesores como Rolando del Busto, y como Arnaldo Silva, que disfrutaban, se exasperaban o se les hinchaba el pecho con uno u otro episodio. Muchas veces se sentaron en medio de nosotros como quien va a revelar un secreto, y hablaron entonces con la fascinación que cautiva.
Tantos años después me he vuelto a enamorar de la Historia, y espero no ser el único.

4:45 pm. - 09/05/2014 0 comentarios | |

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