La magia de los inicios
2:15 pm. - 08/09/2018 0 comentarios | | |

La magia de los inicios

A pesar de obstáculos empedernidos, todo mejora, más cuando hay amor, eso sí lo sé. Al niño malo del grupo la profe le dio la vuelta, lo encaminó, y hoy es uno de los mejores chapistas de mi pueblo. Yaramí fue a la facultad en las noches. Los otros compañeros de aula son hombres y mujeres trabajadores y de bien. Y yo crecí para escribir la historia de mis inicios, con la esperanza de que mañana la escriban ustedes.
Myrla Pizarro de la Uz myrla@artemisa.cip.cu

Los inicios siempre son más intensos, más “cosquilleantes”, repletos de emociones, tensos, agotadores, raros, qué se yo. Para mí era un gran ajetreo cada inicio de curso escolar, una tragedia agridulce de sentimientos encontrados, muy complicados.
Era ese salto en el estómago constante, como el de las excursiones y el típico conteo regresivo: me faltan tres días, me faltan dos, me queda uno para recogerlo todo… ¡es mañana! Así era siempre. Y la nostalgia de los compañeros de aula, inolvidable, incomparable.
Llegar en la mañana (con olor a merienda), y ver a mis amiguitos todos en los puestos que sé ya iban a estar, con sus uniformes impecables, con cajitas de colores y plumones nuevos para pedir prestados… ¡qué rico!
Cuando pasaba la vista, así a la larga, para contemplar mi aula bella y fresquita, la felicidad me llegaba, sí, hasta que veía al niño malo del grupo y me sacaba siempre, de lo más hondo, una expresión de maldad, pero momentánea.
Luego recordaba a Yaramí: ese puesto sabía que iba a estar vacío, y entonces el sentimiento mutaba en tristeza. Por lo menos el malo estaba ahí. Con Yaramí había que jugar ahora nada más que en el receso; llevaba tres años suspendiendo y brincando de aula en aula, pero la quiero todavía igual.
Cuando eres mayor, la responsabilidad viene a acabar con esa magia loca de los inicios. “¡Alabao, me falta un curso entero de pruebas: hay que estudiar como loca para salir mejor que el año pasado, porque el promedio lo tengo por el piso!” “¡Hay que afilarse para las pruebas de ingreso!” Y “¿qué carrera cojo?”, “¿me irá bien en la Universidad?”
Es el reto y las metas que también llegan con los inicios, de ser mejores, indiscutiblemente.
Y uno ve deudas que no veía antes, con todos: con los padres, que se sacrifican hasta morir para que continúes tus estudios y seas alguien en la vida; con tus profes de paciencia magistral, que explican un millón de veces hasta uno y uno es dos. Vas madurando y conoces más del batallón de gente humilde y desprendidamente abnegada que está detrás de los buenos inicios de cursos.
Agradeces a las costureras por los uniformes, aunque siempre sean gigantes; a quienes se encargan de que libros y libretas nuevas lleguen en tiempo; a los profes por contrato que rellenan los huequitos con el mayor amor del mundo; a los directores de los centros escolares, que los hacen brillar para cuando entremos los veamos majestuosos; y a los directivos del sector, que luchan contra trabas y carencias para que todo salga a pedir de boca.
Terminas agradeciendo a la Patria, a nuestros mártires, a la Revolución que nos ha hecho partícipes de inicios y amaneceres en escuelas en la que todos somos iguales, rodeados de personas de bien que batallan porque así sea y nos engrandecen cada día con su sabiduría acumulada.
A pesar de obstáculos empedernidos, todo mejora, más cuando hay amor, eso sí lo sé. Al niño malo del grupo la profe le dio la vuelta, lo encaminó, y hoy es uno de los mejores chapistas de mi pueblo. Yaramí fue a la facultad en las noches. Los otros compañeros de aula son hombres y mujeres trabajadores y de bien. Y yo crecí para escribir la historia de mis inicios, con la esperanza de que mañana la escriban ustedes.
 

4:45 pm. - 09/05/2014 0 comentarios | |

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