Heroína sin medallas
7:15 pm. - 24/11/2017 0 comentarios | | |

Heroína sin medallas

Eso me conduce a amar a mi país y la idiosincrasia de su gente humilde y generosa.
Joel Mayor Lorán joeldeartemisa@gmail.com

No tienen medallas ni corceles briosos. No les levantarán estatuas ni serán célebres. Pero los héroes de la vida cotidiana estremecen a los pocos que los conocemos. Sus hazañas nos calan de una manera más cercana. Hoy supe que Olga Lidia Noa tiene esa madera de heroína de la cual quizás ni ella sabía.
Es cosa de segundos, de respuestas, del valor que emerge cuando la circunstancia lo exige. Entonces, la solidaridad y el coraje fluyen juntos a toda velocidad hacia el corazón, sin medir riesgos ni pensar en recompensas.
La cocina del apartamento de Marta se incendió, por accidente, sin que nadie estuviera en casa. Una vecina que vale oro, Noris, lo percibió, y su hermana Olga no necesitó más preguntas, instrucciones ni auxilio para escurrirse bajo una puerta, entrar y tirarle agua al fuego.
Con su apetito voraz, las llamas devoraron pozuelos, platos, vasos, jarros, cucharones y todo cuanto colgaba de la pared. A cambio, quedó tizne por doquier, y las luces de las lámparas no son estrellas que consiguen alumbrar por sobre la negritud circundante.
Quien sí le encendió el pecho a la familia de la perjudicada fue Olga, con su determinación sin titubeos. No tardó ella en ser todo un cuerpo de bomberos, cómo demorarían entonces sus allegados en borrar las huellas del incendio, con escobas, agua, voluntad, detergente y pintura.
En unas pocas horas, la cocina se despojó del traje oscuro y sonrió desde el flamante azul de la pared “nueva”. Por allá y acullá queda tizne dibujado en lo alto, por supuesto, y batallas de techos por blanquear con marmolina, pero la tristeza del percance no está más, ni en el hollín abrazado al cemento, ni en los ojos de Marta.
También un compañero de trabajo le ofreció devolverle el color blanco y la claridad al techo. Eso nos distingue a los cubanos: la solidaridad se torna contagiosa. Para ayudar no hacen falta protocolos ni permisos, ni nos estorban burocracias; hacer el bien es como una llave que puede abrir cualquier puerta, sin siquiera introducirla en la cerradura.
Eso me conduce a amar a mi país y la idiosincrasia de su gente humilde y generosa. Me inspira a honrar las heroicidades que no van a los libros de historia, ni a la memoria colectiva de millones de personas de boca en boca.
Más allá de estas palabras en un periódico que quizás una decena de personas decida guardar (de los 25 000 ejemplares), ningún aeda cantará la valentía de Olga Lidia como hizo Homero con la cólera de Aquiles, ni institución alguna le entregará una medalla.
Tampoco ella quiere nada semejante. Le basta la satisfacción; paradójicamente, algo mucho más valioso. Sin embargo, bien merecen héroes y heroínas sin medallas, como ella, que la prensa alimente sus páginas con tan bellas historias, a manera de recompensa en gratitud y aprecio, a modo de enaltecer tan hermosos valores.

4:45 pm. - 09/05/2014 0 comentarios | |

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