El fiñe que fuimos
1:30 pm. - 19/07/2017 2 comentarios | | |

El fiñe que fuimos

A veces cierro los ojos y retransmito mentalmente episodios de mi infancia: las tardes de aprender a “fildear” con mi papá; la lectura frenética de historietas; las libretas con fotos de béisbol, de cuando el fútbol aún era una excentricidad; dibujar tirado en el piso; echarme las Aventuras en la tele; ir a la escuela, esa cantera de amigos…
Charly Morales Valido charly@artemisadiario.cu

Me estoy poniendo viejo. Es una certeza que no sale de las canas incipientes o de esta panza que llegó para quedarse, sino del resabio que me provocan las nuevas generaciones con esas cosas que a veces juzgo, como si nunca hubiera sido fiñe, como si nunca hubiera escandalizado a mis mayores con travesuras que ahora se antojan inocentes.
Yo fui eso que llaman un bitongo, niño de mi casa, con botas ortopédicas, espejuelos de miope y juguetes socialistas. Que en las noches salía a la calle a jugar a los escondidos, la casita de Martí, el viejito pega-pega, el burrito 21 o los agarrados. Que jugaba pelota a la mano en el parque del pueblo, perdía canicas jugando a la verdad y enceraba pitas para bailar aquellos trompos de madera que tiraba de costalazo, como un pitcher japonés.
A veces cierro los ojos y retransmito mentalmente episodios de mi infancia: las tardes de aprender a “fildear” con mi papá; la lectura frenética de historietas; las libretas con fotos de béisbol, de cuando el fútbol aún era una excentricidad; dibujar tirado en el piso; echarme las Aventuras en la tele; ir a la escuela, esa cantera de amigos…   
Vivíamos con las rodillas eternamente raspadas, de tanto corretear, trepar y caer. Para mi generación jugar no era embobarse delante de una pantalla, si no “mataperrear” con los socios del barrio, esa fraternidad que no caduca, porque nos criamos y crecimos juntos en aquellos tiempos en que todos éramos iguales.
La rutina era sencilla: del aula a la casa, merendar alguito e irnos a la calle, hasta que nos llamaban a comer, que en realidad era a bañarnos, porque uno volvía sudado y con el cuello y los sobacos surcados por tabacos de churre. También se jugaba por temporadas. De pronto era tiempo de chinatas, pero luego nos daba por bailar trompo, montar carriolas, jugar al taco, machacar almendras, cazar cocuyos, fajarnos y hacer las paces, escaparnos al río… La vida era tan divertida, sana y despreocupada, que el Día de los Niños era, si acaso, otro pretexto para recibir un regalo o irnos de paseo.
Pero el tiempo no perdona, y la dialéctica menos. A algunos les falla la memoria, y solo se acuerdan de las cosas materiales que no tuvimos, olvidando que con poco hacíamos mucho. Fuimos, simple y llanamente, niños. Por eso hay que perdonarme que, como padre, quiera para mi hijo una infancia como la mía, y que cada tercer domingo de julio me ponga nostálgico, y se me alborote ese fiñe que llevamos dentro, y que nunca dejamos  de   ser…
 

Ilustración: Martirena
Ilustración: Martirena
4:45 pm. - 09/05/2014 2 comentarios | |

COMENTARIOS DE LA NOTICIA

Fidel Benitez
- 07/21/2017 - 16:54
1
Este es uno de los mejores articulos que he leido en los ultimos 5 años
pedro lemus
- 08/09/2017 - 13:06
2
MAGNIFICO. ME HE VISTO RETRATADO EN EL,TAMBIEN MIS PENSAMIENTOS. NO ESTOY EN CONTRA DE LA NUEVA TECNOLOGIA NI DE LOS JUEGOS ELECTRONICO QUE SE UTILIZAN POR LOS NIÑOS DE AHORA PERO ESOS JUEGOS Y MUCHOS MS QUE HACIAMOS YA HAN DESAPARECIDO DE LA MENTE DE LOS NIÑOS Y JOVENES DE AHORA. ALGO HABRA QUE HACER PARA RECUPERARLOS. LA TAREA PRINCIPAL LE CORRESPONDE A LOS PADRES Y MAESTROS Y A NUESTRAS ORGANIZACIONES JUVENILES UN ARTEMISEÑO DE SIEMPRE

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