Las dos caras del Cubita
9:30 pm. - 22/03/2018 0 comentarios | | |

Las dos caras del Cubita

PARA EMPEZAR, EL PEDIDO NO TENÍA NADA QUE VER CON NUESTRAS EXPECTATIVAS: EL CHOCOLATE EN POLVO Y EL LICOR DE CACAO FUERON SUSTITUIDOS —CREO YO— POR UN POCO DE RON, EL CUAL CONVIRTIÓ NUESTRA ESPERADA TACITA DE DELICIA MÁS BIEN EN UNA BEBIDA PARA SACAR A UN ALCOHÓLICO DE LA RESACA, Y PARA QUÉ HABLAR DE LA CANTIDAD
Osniel Velasco Hernández osnielvelazco10@gmail.com

Compartir un buen café con un grupo de amigos, y la correspondiente conversación asociada a este acto, puede considerarse como uno de esos pequeños placeres de la vida, de esos invaluables para quienes lo saben disfrutar.
Ahora, cuando la infusión y la compañía se complementan con un ambiente agradable, acogedor y con una música de fondo acorde a la ocasión, la experiencia resulta mucho más gustosa. ¡Y qué mejor lugar para maximizar el encanto de estos momentos que el Café Cubita!
Desde la entrada puedes degustar el resultado de años de tradición e inventiva en materia cafetera. En ese momento sabes que, por el ya mencionado ambiente y la esperada calidad de la bebida, te va a salir un poco cara la visita, aunque el momento y las personas lo ameritan.
El ubicado en nuestro bulevar de la cabecera provincial no es el único de estos recintos donde he compartido una de esas tazas, desbordantes del más llamativo aroma del grano tostado, pues hace un mes pude visitar una instalación casi idéntica en el balneario de Varadero.
Rodeado de amigos y compañeros de trabajo, descubrí ese rinconcito, un verdadero paraíso del sabor en la playa azul. Lo visitamos en par de ocasiones, y la experiencia valió cada uno de los centavos —mucho más— “derretidos” en aquellas tardes.
Ya había frecuentado el Café artemiseño más de una vez, y la diferencia con el de Varadero era notable, no en el ambiente ni en el trato amable de su personal, sino en la calidad —y cantidad también— de las ofertas del patio; incluso uno pudiese pensar en precios más elevados en las ofertas de aquellos lares turísticos, pero no: eran idénticos.
Luego, volví al nuestro en busca de nuevas comparaciones, y salí aún más decepcionado. No fui el único: una de mis acompañantes también vivió ambas experiencias… y le ocurrió lo mismo.
Para empezar, el pedido no tenía nada que ver con nuestras expectativas: el chocolate en polvo y el licor de cacao fueron sustituidos —creo yo— por un poco de ron, el cual convirtió nuestra esperada tacita de delicia más bien en una bebida para sacar a un alcohólico de la resaca, y para qué hablar de la cantidad.
Desde el tamaño del recipiente, el contraste se hacía notar y ¡para colmo! no estaba ni mediado; no obstante, quizás ya acostumbrados a este tipo de situaciones —cada vez más cotidianas—, ni siquiera protestamos; por tanto, quiero subsanar mi error con estas líneas.
Quizá porque tuve la oportunidad de comparar dos tazas bien distintas del Cubita, me sentí timado en mi propia tierra. Me pareció que al ambiente agradable, el fascinante olor y el trato amigable le faltaban los imprescindibles complementos de la calidad y la conciencia.
A pesar de todo esto, seguramente vuelva pronto por allí, pues disfruto demasiado de esos momentos bien compartidos, pero lo haré con una varilla más alta, y expectativas más exigentes; en definitiva, pago —y nada barato— porque el sabor de esa taza sea memorable en todos los sentidos.

4:45 pm. - 09/05/2014 0 comentarios | |

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