Desafinando en Cuba
2:30 pm. - 20/03/2017 1 comentario | | |

Desafinando en Cuba

¿Por qué las direcciones de Cultura terminan pensando exactamente igual que las direcciones de Comercio y Gastronomía? ¿Por qué expresiones como el canto lírico, la ópera, la música sinfónica, los coros… nunca son siquiera una mediana prioridad de las instituciones culturales? ¿Por qué el Instituto Cubano de la Música y el Ministerio de Cultura no toman más partido en este asunto?
Miguel Terry Valdespino nadiemebusca@yahoo.com

Un amigo músico nombrado Angelito suele sufrir extraordinariamente cada vez que en la pantalla de su televisor asoma un intérprete desafinado. Y no son uno ni dos, ni tres —comenta asombrado— sino unos cuantos, y en ocasiones reciben elogios (inmerecidos, como es de suponer) capaces de ponerle de puntas los pelos a un gato.
El propio Angelito me contaba el rigor tan extraordinario (a veces cruzando los extremos) que llegó a imperar en Cuba a la hora de evaluar, no solo a un vocalista de cualquier género, sino también a cualquier músico.
De verdaderamente alucinante, de “arranca pescuezo” casi, puede catalogarse el modo en que muchas comisiones procedían a evaluar a los músicos en cualquier provincia.
Bastaría referirme a la evaluación de B otorgada en cierta ocasión a ese magistral intérprete, leyenda del danzón, llamado Barbarito Diez, el cual, faltando por un segundo a su indiscutible modestia, tuvo el tino de asegurar: “El día que yo sea artista B, en Cuba no hay artistas”.
Fue esta, sin dudas, una exageración, como en otros casos, pero dice mucho de hasta dónde llegó el nivel de las aguas evaluativas durante varias décadas en el pentagrama cubano.
Sin embargo, como bien aseguraba el bautense Erdwin Vichot —el mejor laudista cubano de la actualidad—, “estamos llenos de globos que alguien sube y después nadie baja”.
La alusión a los “globos” (músicos instantáneos hechos a puro marketing) hacía referencia, obviamente, a esos mismos vocalistas y músicos a los que hace referencia mi coterráneo Angelito.
Esos son incapaces de sobrepasar una elemental prueba evaluativa, pero capaces de llenar plazas y estadios, y de volver a sus casas con “un bloque de balas” en el bolsillo (léase mucho dinero), como suele asegurar un fanático de los muy tarifados reguetoneros.
Entonces, uno se pregunta ante esta triste realidad: si un vocalista es desafinado y torpe —sea reguetonero, salserito o baladista—, si un músico tiene carencias elementales de todo tipo a la hora de encarar los rigores de su oficio, ¿cómo es posible que una Empresa Musical lo tenga entre su membresía? ¿Ganar mucho dinero y aportar mucho a la empresa donde milita es el pretexto para justificarlo?
Por otra parte, si las direcciones municipales y provinciales (por desgracia, es un fenómeno nacional) existen para promover lo más auténtico del arte y la cultura cubana y universal, y no para pensar en cuánto podría engordar la caja contadora, ¿por qué les tienden tantos puentes de plata a personajes que suelen encarnar la más ramplona mediocridad?
¿Por qué las direcciones de Cultura terminan pensando exactamente igual que las direcciones de Comercio y Gastronomía? ¿Por qué expresiones como el canto lírico, la ópera, la música sinfónica, los coros… nunca son siquiera una mediana prioridad de las instituciones culturales? ¿Por qué el Instituto Cubano de la Música y el Ministerio de Cultura no toman más partido en este asunto?
El propio virtuoso del laúd lo ha dicho: “Las instituciones de cultura no están para hacer dinero; están para hacer, precisamente, cultura”. Y ahí está el detalle, como hubiera afirmado el genial Cantinflas, solo que muchos lo olvidan.
Uno de los mejores periodistas cubanos, Julio Batista, en sus conocidos comentarios radiales, solía llamar “agua albañal musical” a esos exponentes del pentagrama que suelen hacer de la vulgaridad más insolente un “gancho” para cautivar al público.
No deberían hacerlo. Pero lo hacen. Y no es lo más triste del caso. Lo más triste es que nuestras propias instituciones culturales, en cualquier provincia, tengan para ellos todos los caminos abiertos, mientras muchas veces no los tienen igual para otras manifestaciones, que sí ensalzan la valía extraordinaria de la cultura cubana.
En este asunto debería pensarse bien pronto. Resolverlo o mejorarlo no depende de recursos, sino de una lógica elemental y del deseo de que la cultura, con nuestra música incluida en sitio cimero, continúe siendo el símbolo más identificativo de Cuba.
 

4:45 pm. - 09/05/2014 1 comentario | |

COMENTARIOS DE LA NOTICIA

reinier
- 03/22/2017 - 16:36
1
excelente escrito, amigo terry,realmente es vergonzoso que siendo un pais tan rico y de talla mundial en temas culturales, sobre todo música,estemos cayendo tan bajo, y peor aun que la entidad, en este caso Cultura, encargada de preservar el legado y mantener en la cumbre del olimpo tan envidiable tesoro, se convierta en el catalizador principal de estos descalabros, es inamisible amigo!!! no se hasta donde va a llegar la chapuseria y el mal gusto, al ritmo que vamos talvez tengamos que ponerles Direcciones Municipales y provinciales de INCULTURA.

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